Cada uno tiene sus preferencias.
El té al café, el yoga al fútbol o los autodefinidos a la prensa… Aunque quizá usted escogería exactamente lo contrario.
Esas diferencias son las que nos hacen irrepetibles y, por ello, valiosos; las que enriquecen al conjunto de la sociedad y propician el desarrollo de la humanidad, entendida como el ente que conformamos todos los individuos de nuestra especie, pero también como la facultad de interacción empática y compasiva con los demás.
Debemos globalizar el respeto a la diversidad y normalizar la aceptación de cada persona tal y como se expresa en todos los ámbitos y en cada momento vital.
La libertad ideológica, el derecho inalienable a una vida digna y autónoma como individuo social y el saber que estos derechos deben coexistir con los mismos derechos para los demás, constituyen la columna vertebral de los ordenamientos jurídicos democráticos y de los derechos humanos.
La autodeterminación como persona y la capacidad de autogestión de la propia vida a partir de un cierto grado de madurez, no se adquieren por el hecho de alcanzar una cierta edad, requieren también un proceso de reflexión individual continuada en el tiempo.
Así, vamos creciendo y adquiriendo autonomía, eligiendo opciones vitales, diseñando nuestra vida. Como dice el sabio Zygmunt Bauman, nuestra vida es nuestra obra de arte.
Antes o después, todo el mundo reflexiona sobre la muerte en general y sobre la propia en particular. ¿Qué nos deparará el momento final de esta vida que conocemos? Deseamos una buena muerte, tranquila y en compañía de seres amados, pero sobre todo anhelamos no perder el control y sucumbir al miedo, no sufrir y partir en paz.
La LORE (Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia), en vigor desde junio de 2021, protege un derecho fundamental: el de poder vivir la vida que uno desea hasta el final. Hay personas que no quieren oír hablar de recibir cuidados paliativos porque no soportan la idea de perder cierto grado de autonomía, esto les supone una tremenda carga mental e, incluso, sufrimiento espiritual. Por ello fue aprobada una ley que ahonda en la democracia protegiendo los derechos de estos ciudadanos tan vulnerables en situación de enfermedad terminal o de grave sufrimiento físico y/o mental.
Todos tenemos en común el desear una buena muerte.

