La batalla del SMI y los límites del capitalismo español

A un año de existencia del gobierno de coalición en España se comienzan a agolpar los asuntos en disputa: pensiones, desahucios, reforma laboral, cortes de suministros o el salario mínimo. Siempre el mismo patrón: el PSOE y especialmente determinados ministros suyos, del lado del poder económico y Unidas Podemos del lado de la mayoría social. Así ha sido también en la historia más reciente en lo que concierne al SMI. La subida desde los 735€ a los 950€ actuales aplicada estos dos últimos años, es gracias a la presión de Unidas Podemos, sin la cual el PSOE no hubiera alcanzado …

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A un año de existencia del gobierno de coalición en España se comienzan a agolpar los asuntos en disputa: pensiones, desahucios, reforma laboral, cortes de suministros o el salario mínimo. Siempre el mismo patrón: el PSOE y especialmente determinados ministros suyos, del lado del poder económico y Unidas Podemos del lado de la mayoría social.

Así ha sido también en la historia más reciente en lo que concierne al SMI. La subida desde los 735€ a los 950€ actuales aplicada estos dos últimos años, es gracias a la presión de Unidas Podemos, sin la cual el PSOE no hubiera alcanzado estas cifras de incremento. Pero mientras el mayor aumento de 165€ se logró a finales de 2018 desde la presión en el trámite parlamentario y en una posición de “socio de moción de censura”, la subida de 50 euros, significativamente menor, se alcanzó formando parte del gobierno. Algo que contrasta con aquella afirmación de “siendo gobierno lograremos mucho más”. Siendo gobierno lograremos que el PSOE tome medidas más valientes, dijimos en la última campaña electoral de UP y la posterior negociación de investidura y gobierno. Hoy comprobamos como siendo un socio de investidura logramos una subida de 165€ del SMI en un año y, sin embargo, en dos años sentados en el consejo de ministros y a pesar de la gran labor, no se va a alcanzar a subirlo ni la mitad que un año de socio de investidura.

Pero más allá de las cuestiones tácticas, cuando la presión de UP como socio de investidura logró una subida de 165€, sin consenso con la patronal, por cierto, desde el poder económico y sus instituciones como el Banco de España se lanzó la amenaza de que aumentaría el paro. El gobernador del Banco de España Pablo Hernández de Cos, llegó a situar la cifra en 150.000 parados más. Un argumento que el tiempo demostró falso y que no tenía más intención que ocultar su negativa a que los 2.000 millones de euros más en masa salarial que iba a provocar la subida del 22% del SMI, corrieran a cargo de sus beneficios empresariales. La entonces Ministra de Trabajo del PSOE Magdalena Valerio, los calificó como “los profetas de la catástrofe” y el tiempo le ha dado la razón.

Hoy es el PSOE el que juega ese papel de profeta de la catástrofe para defender la congelación del SMI, con la intención de que UP renuncie a una subida este año en la senda de la progresión que permita alcanzar ese 60% del salario medio en 2023. Porque si se comenzó en 900€ y hay que alcanzar los 1200€ en 4 años y en la mitad de legislatura solo se aumenta hasta los 970€ en el mejor de los casos, a nadie se le escapa que lo más probable es que se incumpla el acuerdo. Más aún cuando la crisis económica, razón para congelarlo o aumentarlo mínimamente este año, perdurará el resto de legislatura.

El PSOE utiliza la crisis económica provocada por la Covid como excusa para que UP renuncie a la parte social, su parte, del acuerdo de coalición progresista. Ocurrió con la reforma fiscal en los PGE que quedó en un retoque tan leve que apenas dio para un titular que disimulara la renuncia y lo está intentando en el SMI o la reforma laboral.

La clave es que, tras las últimas subidas logradas, el aumento del SMI está alcanzando unos niveles que friccionan con el modelo de inserción del capitalismo español en el mercado mundial, basado en unos sectores concretos y fundamentalmente en una gran mano de obra con unos costes salariales bajos. El actual SMI de 950€ cubre a unos 2 millones de trabajadores, concentrados en determinados sectores como la agricultura o los servicios, comercio y hostelería, pero además en determinadas regiones del sur como Andalucía, Extremadura, Murcia o Canarias, donde precisamente el turismo y la agricultura son sectores predominantes.

El aumento del paro se demostró una excusa y sigue siendo una excusa. Se niegan porque la subida del SMI supone un trasvase claro y directo de las rentas del capital a las rentas del trabajo, de hecho, la mayoría de los sectores más afectados, son sectores cuya actividad económica no se puede deslocalizar y por tanto la subida del SMI no implicaría la destrucción de empleo en los términos planteados por Calviño y la patronal. Es más, el incremento de la renta de los miles de trabajadores beneficiados, aumentaría su consumo lo que a su vez generaría más empleo. Por tanto, no sólo es falso que la subida del SMI destruye empleo, sino que además lo podría crear, y esta certeza no se ve cambiada por la coyuntura económica de crisis.

La subida hasta los 900 euros fue más fácilmente asumida por el PSOE porque por debajo de esa cantidad el porcentaje de trabajadores afectados era pequeño. Sin embargo, una vez alcanzados los 950 euros, cada subida que haya, por pequeña que sea, afectará a miles o cientos de miles de trabajadores, de ahí su resistencia a cumplir con el acuerdo de Gobierno. Elevarlo al 60% del salario medio alcanzando los 1200€, es un nivel que no se va a asumir desde estos sectores económicos tan amablemente, que además son determinantes en el capitalismo español.

Hay que recordar que la Carta Social Europea fija esa cifra del 60% del salario medio, porque es donde se sitúa la pobreza relativa, con el objetivo y lo dice literalmente que “los trabajadores y sus familias tengan un nivel de vida decoroso”. Dicho en otros términos, que no haya trabajadores pobres, que si trabajas a tiempo completo al menos puedas escapar de la pobreza. Esto es algo propio del capitalismo contemporáneo y que apenas existía en las décadas doradas del Estado del Bienestar, donde los pobres eran casi exclusivamente los excluidos, pero nunca quienes tenían un empleo a jornada completa. Este cambio da una idea del nivel de empobrecimiento que está suponiendo la aplicación de políticas neoliberales para la clase trabajadora.

El problema es que la capacidad competitiva del capitalismo español se basa sobre la intensificación de las condiciones de explotación de la clase trabajadora, hay que decirlo con toda franqueza, en que varios millones de trabajadores en España sean pobres. El capitalismo español no quiere ceder ni uno de sus privilegios, ni está tampoco dispuesto a cambiar de modelo, lo diga la Carta Social Europea o un programa de gobierno salido de la voluntad popular. Y en esta pugna el PSOE, como siempre, actúa como representante del poder económico mientras que UP trata de defender los intereses de la mayoría social.

En el Gobierno de España nos adentramos en la habitual fase de infidelidad del PSOE, en la que incumple los acuerdos sociales por su lealtad a los poderes económicos, siempre con alguna escusa y en este caso con una consistente como la crisis económica, aunque falsa como todas las escusas. Los aparatos mediáticos se han puesto a funcionar para que nuestra lógica resistencia al incumplimiento de la parte social del acuerdo de gobierno, se presente como líos internos y presiones provocadas por UP que desestabilizan el gobierno. Anteayer Montero decía en los pasillos del congreso que Iglesias era un cabezón y ayer, uno de los principales ideólogos del régimen Iñaki Gabilondo, hablaba de “desorden” del que UP somos los únicos responsables. Una situación nos advierten, que puede hacer caer el gobierno y traer a la derecha, algo que debería caer sobre nuestra conciencia como responsables del desorden original.

Nada se afea al PSOE por incumplir los acuerdos, la presión solo se dirige a UP con la clara intención de que renunciemos a lo pactado. Esta fase de infidelidad del PSOE es un punto de inflexión, que puede ser de no retorno si se renuncia a la parte social del programa asumiendo e incluso replicando sus escusas, lo que daría por muerto el acuerdo progresista de gobierno y nos situaría en un nuevo marco, diseñado de manera unilateral por el PSOE y el poder económico. Esto hay que exponerlo con total franqueza, porque el problema no es que no logres hacer lo que prometiste, más aún cuando lo has peleado hasta el final como se está haciendo, el problema es que no sepas explicar las verdaderas razones que te lo han impedido y asumas como propias las escusas del otro. Como ha hecho el PSOE con la subida del SMI, que hoy es un profeta de la catástrofe.

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