Cuando la inteligencia artificial entra al aula: Kampal, la spin-off aragonesa que analiza el clima escolar

Detectar dinámicas de acoso escolar, aislamiento social o segregación por género sin añadir más carga a la comunidad educativa y sin invadir la privacidad del alumnado. Esa es la propuesta de Kampal Schools, herramienta nacida en el BIFI de la Universidad de Zaragoza que pone la inteligencia artificial al servicio del bienestar colectivo en las aulas y que lleva años demostrando que la ciencia puede mejorar la convivencia, si se aplica con criterios éticos y pedagógicos.

16 julio, 2025. 10:52
Imagen: Kampal School

La educación del siglo XXI no puede permitirse mirar hacia otro lado ante los conflictos que atraviesan las aulas. Bullying, exclusión, grupos cerrados, liderazgo negativo, brechas de género... Problemas que no siempre son fáciles de detectar a simple vista, y que suelen aparecer cuando ya han hecho daño. Frente a esto, Kampal Schools propone una herramienta tecnológica —nacida en el Instituto de Biocomputación y Física de Sistemas Complejos (BIFI) como spin off de la Universidad de Zaragoza— que permite al profesorado tomar decisiones pedagógicas basadas en datos, identificar dinámicas problemáticas y actuar con rapidez sin necesidad de aplicar largos cuestionarios ni recoger información personal.

Esta plataforma, desarrollada de manera inicial junto a la Universidad Carlos III de Madrid es uno de los productos de Kampal Data Solutions SL, una empresa aragonesa nacida en 2014 desde el entorno universitario, que ha sabido trasladar el conocimiento generado en el campo de la física y el análisis de redes complejas a realidades tan humanas como una clase de 2º de ESO. Hoy trabajan con más de 40 centros educativos de los diversos territorios del Estado español, aplicando la inteligencia colectiva al aprendizaje diario, en colaboración con administraciones públicas y fundaciones.

El proyecto, además, no se limita a identificar problemas: propone soluciones prácticas. Por ejemplo, un algoritmo de optimización social ayuda a reorganizar grupos de forma más justa y cohesionada, teniendo en cuenta no solo los resultados académicos, sino también las relaciones entre iguales. Esto permite que cada estudiante aporte su mejor versión en un entorno más saludable y participativo. Kampal no vende milagros ni discursos vacíos de innovación: lo suyo es hacer visible lo invisible y facilitar herramientas para intervenir a tiempo.

En esta entrevista, Kampal nos responde sobre su origen, sus objetivos, sus límites y su visión de futuro. Una apuesta aragonesa por la educación basada en evidencias y centrada en las personas.

¿Cómo y por qué decidieron fundar Kampal?

Kampal nació en el entorno universitario, cuando un grupo de investigadores vio que las herramientas que utilizaban para entender fenómenos complejos podían tener un impacto mucho mayor si se aplicaban a problemas reales. La motivación fue clara: acercar el conocimiento científico a instituciones, administraciones, empresas y centros educativos que necesitaban tomar decisiones basadas en datos, de forma rápida, comprensible y útil.

¿Cómo ha evolucionado su proyecto desde 2014 hasta ahora?

El proyecto comenzó enfocado en el análisis de redes de colaboración científica y, con el tiempo, fue ampliando su alcance. Hoy trabajamos con centros educativos, administraciones públicas y empresas, desarrollando soluciones personalizadas basadas en inteligencia artificial y análisis avanzado. Hemos pasado de trabajar con entornos puramente académicos a colaborar con gobiernos, fundaciones y centros escolares, aplicando la misma rigurosidad científica a contextos sociales y educativos muy diversos.

¿En qué consiste Kampal Schools y qué la hace diferente de otras plataformas educativas?

Kampal Schools es una herramienta que analiza las relaciones sociales dentro del aula. Lo que la hace diferente es que no necesita encuestas largas ni datos personales para funcionar. En apenas dos sesiones, permite detectar aislamiento, conflictos o dinámicas de grupo problemáticas. Está pensada para ayudar al profesorado sin añadirle carga de trabajo, y ofrece resultados visuales, comprensibles y accionables desde el primer momento.

¿Qué tipo de datos reconocen, cómo se garantiza la privacidad del alumnado o del profesorado y cómo reaccionan estos profesores?

Se recogen únicamente relaciones entre estudiantes (quién colabora con quién, por ejemplo), sin datos sensibles. Toda la información se trata de forma anónima y cumpliendo las normativas de protección de datos. Los docentes valoran especialmente que no tengan que hacer esfuerzos adicionales: no tienen que introducir información, ni formar al alumnado, ni dedicar tiempo extra. Y cuando ven los resultados, la reacción habitual es de sorpresa y utilidad: muchas veces se detectan cosas que no eran visibles a simple vista.

¿Qué tipo de dinámicas problemáticas puede detectar su herramienta?

Permite identificar alumnos aislados, liderazgos negativos, grupos cerrados con poca cohesión, y también relaciones que pueden derivar en acoso o conflicto. A su vez, ayuda a ver qué alumnos actúan como puentes, quiénes están integrados y quiénes no. Todo esto permite intervenir con mucha más precisión.

¿Podéis compartir algún ejemplo real (anonimizado) de mejora de convivencia escolar tras usar vuestra plataforma?

En una experiencia reciente en varios centros escolares, se detectaron casos de aislamiento social que no habían sido advertidos por el equipo docente. A partir de ahí, se reorganizaron grupos y se realizaron intervenciones que, en poco tiempo, cambiaron por completo la dinámica del aula. Fue una intervención rápida, concreta y sin necesidad de cargar más al profesorado.

¿Qué detectáis en cuanto a posibles desigualdades de género en el aula? ¿Hay patrones?

Sí, al analizar las redes de relaciones es habitual ver diferencias. Por ejemplo, en algunos casos las niñas tienen menos visibilidad en las dinámicas del grupo, o los grupos están muy segregados por género. La herramienta permite visualizar estos patrones que, sin un análisis relacional, pasarían desapercibidos.

¿Vuestra herramienta ayuda también a reducir esas desigualdades o sesgos invisibles?

Sí, precisamente porque hace visibles esas desigualdades. Al mostrar cómo se distribuyen las relaciones, el centro puede actuar: modificar grupos, promover dinámicas más inclusivas o evaluar el impacto de sus intervenciones. El objetivo no es solo detectar, sino generar mejoras reales.

¿Con cuántos centros educativos trabajan actualmente?

Hemos trabajado ya con más de 40 centros educativos, principalmente en programas impulsados por administraciones públicas. La herramienta está en plena expansión y se está empezando a aplicar también en centros privados y fundaciones.

¿Qué tipo de alianzas buscáis ahora: centros, administraciones, instituciones?

Estamos abiertos a colaborar con centros educativos que quieran mejorar el clima escolar, con administraciones que busquen soluciones de bienestar medible y con instituciones que apuesten por una educación más inclusiva y basada en datos reales. También buscan proyectos piloto en los que puedan demostrar el impacto social de sus soluciones.

¿Cómo imagináis la educación dentro de diez años y qué papel queréis tener ahí?

Imaginamos una educación más humana, pero también más informada: donde las decisiones no se tomen por intuición, sino con evidencias claras. Una educación donde la tecnología no sustituya al profesorado, sino que lo apoye y le permita centrarse en lo más importante: el bienestar del alumnado. El papel de Kampal es ser ese aliado que proporciona claridad, contexto y herramientas para tomar mejores decisiones sin complicaciones.

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