Violencias machistas: "Julio no es una excepción"

La Coordinadora de Organizaciones Feministas de Zaragoza reclama reforzar la prevención y la detección temprana de la violencia machista y sostiene que "la mejor política pública será siempre aquella que consiga que una mujer siga viva".

31 julio, 2026. 09:57
Imagen de archivo de una protesta contra los asesinatos machistas en Zaragoza

La Coordinadora de Organizaciones Feministas de Zaragoza recuerda que "cada verano volvemos a enfrentarnos a la misma realidad": se suceden los asesinatos machistas, aumentan las concentraciones de repulsa, se multiplican las declaraciones institucionales y la sociedad vuelve a preguntarse qué está fallando. "La condena es imprescindible. El dolor también. Pero ninguno de los dos salva vidas", advierte. "Igual que los incendios se apagan en invierno, el maltrato se evita con educación en igualdad desde la infancia".

A 30 de julio de 2026, el número oficial de mujeres asesinadas por violencia de género a nivel estatal asciende a 32 en lo que va de año, 1.373 desde que comenzaron los registros oficiales en 2003. Además, tres menores han sido asesinados por violencia de genero vicaria en 2026, 68 en total desde 2013. Pero, señala la Coordinadora, "la violencia contra las mujeres va más allá de esa estadística". Desde 2010, Geofeminicidio ha documentado 1.735 mujeres asesinadas por hombres en el Estado español en distintos contextos de violencia feminicida.

"Son cifras que nos interpelan como sociedad y que obligan a preguntarnos si estamos haciendo todo lo que está en nuestra mano para evitar que se repitan", sostiene la organización feminista. "El negacionismo se perfila como la violencia machista mas potente y la sociedad, anestesiada, reacciona cada vez menos".

La Coordinadora recuerda que "el Pacto de Estado contra la Violencia de Género marcó un antes y un después". A su juicio, supuso "uno de los mayores consensos democráticos de los últimos años" y permitió "ampliar derechos, reforzar recursos, mejorar la coordinación institucional, reconocer nuevas formas de violencia y asumir que la violencia machista constituye una grave vulneración de los derechos humanos que exige una respuesta de Estado". "Ese consenso debe preservarse. Precisamente por ello, también debe ser evaluado con honestidad", apunta.

"La mejor manera de defender el Pacto no es afirmar que todo funciona. La mejor manera de defenderlo es preguntarnos qué medidas están salvando vidas y cuáles necesitan reforzarse", afirma. "Ninguna política pública puede darse por concluida cuando su objetivo es proteger la vida de las personas". En este sentido, advierte: "No puede ser que el Pacto, que tanto costo, solo ‘mida’ estadísticas como si fuera un protocolo para el funcionariado".

El incremento de asesinatos durante el verano, continúa la Coordinadora, "tampoco puede interpretarse como una casualidad". "No es el verano el que provoca la violencia machista. La violencia tiene una única causa: el agresor y su voluntad de dominar y controlar a la víctima". Pero durante los meses estivales cambian las rutinas, aumentan las posibilidades de que las mujeres pasen más tiempo con sus familias o con sus amigas, planteen una separación, un divorcio o intenten reorganizar sus vidas.

"Para muchos maltratadores, esa pérdida de control supone una amenaza a su poder y puede desencadenar una escalada de la violencia", explica. "Lo sabemos desde hace años. Por eso los periodos vacacionales deben considerarse momentos de especial riesgo para las mujeres que sufren violencia machista".

Uno de los grandes aciertos del Pacto, señala la Coordinadora, fue "reconocer que la protección no podía depender exclusivamente de la denuncia". "Se entendió que muchas mujeres no denuncian porque tienen miedo, porque dependen económicamente del agresor, porque existen hijos e hijas en común o porque saben que el momento de la ruptura puede ser el más peligroso". Por ello, "se habilitaron nuevas formas de acreditar la condición de víctima y se reforzó el papel de los servicios sociales, sanitarios y especializados".

"Sin embargo, la experiencia demuestra que ese cambio normativo todavía no se ha traducido en un cambio del funcionamiento del sistema", sostiene. "Seguimos dependiendo en exceso de que la mujer consiga entrar en él, cuando debería ser el sistema el que llegara antes a la mujer".

Los propios datos oficiales muestran que la mayoría de las mujeres asesinadas este año no había presentado denuncia. "Ese dato se está utilizando para cuestionar a las víctimas", denuncia la organización. "Y debería llevarnos a preguntarnos si las instituciones fueron capaces de detectar el riesgo y actuar antes de que fuera demasiado tarde".

La Coordinadora señala que "sabemos cuáles son muchos de los factores de riesgo". "Sabemos que la separación incrementa el peligro, que las amenazas de muerte, el control coercitivo, el aislamiento, los quebrantamientos de medidas judiciales o determinadas conductas obsesivas del agresor exigen una vigilancia reforzada". Por ello, plantea una cuestión: "La cuestión es si estamos utilizando todo ese conocimiento para prevenir el asesinato y nos tememos que no".

Entre las medidas que considera imprescindibles, reclama "reforzar la detección temprana desde los servicios sanitarios, sociales, educativos y comunitarios; mejorar la coordinación entre administraciones; revisar de manera inmediata los casos en los que existan antecedentes de violencia y se hayan desactivado medidas de seguimiento; garantizar siempre que cualquier quebrantamiento de una orden de protección conlleve una nueva valoración del riesgo; asegurar alternativas habitacionales y autonomía económica para que ninguna mujer permanezca junto a su agresor por falta de recursos; y establecer evaluaciones independientes de cada feminicidio que permitan aprender de los errores y corregir las deficiencias del sistema".

"No se trata de buscar culpables después de cada asesinato, el culpable es el maltratador. Se trata de aprender antes del siguiente", subraya. "Porque cada feminicidio debería ser también una oportunidad para mejorar la respuesta institucional y evitar que otra mujer pierda la vida, pero tenemos serias dudas, no basta con minutos de silencio y condenas vacías".

"Por las 32 mujeres asesinadas este año ya no podemos hacer nada. Llegamos tarde". Pero, añade, "por las miles de mujeres que hoy siguen sufriendo violencia machista sí debemos actuar como sociedad". La Coordinadora considera que existe "la responsabilidad colectiva de ofrecerles caminos seguros para salir de la violencia, de protegerlas antes de que las maten y de construir un sistema que llegue antes que el agresor".

"El feminismo lleva décadas diciéndolo: la violencia machista no es inevitable. Si no es inevitable, tampoco pueden serlo los feminicidios", concluye. "Disponemos de mejores leyes, más recursos y un conocimiento mucho mayor que hace veinte años. Ahora el reto es convertir todo ese conocimiento en una protección realmente eficaz".

"Porque la mejor política pública contra la violencia machista será siempre aquella que consiga que una mujer siga viva", concluyen.

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