Uno de los cinco personajes elegidos, a nivel internacional como peores presidentes de la historia del planeta, es José María Aznar. Quizás por haber mentido, y ser el único dirigente que no se ha disculpado por ello, con el bulo de las armas de destrucción masiva, como excusa para la participación hispana en la invasión de Irak, con consecuencias terribles para ese país (que aún se están sufriendo) y que aquí pagamos con el peor atentado de nuestra historia. Éste le sirvió para su otra gran mentira sobre la autoría del mismo. Le ayudaba, entonces, un gabinete lleno de (posteriormente) imputados por diversos delitos relacionados con la corrupción. O, también quizás, por haber acercado más presos del Movimiento de Liberación Vasco (Aznar dixit). O quizás por haber pactado con los independentistas cuando le fue necesario. También quizás por haber indultado a cientos de corruptos y a algún que otro contraterrorista y también, a los así considerados, de Terra Lliure. Éste historial, en realidad daría para varios libros.
Pues bien, en tanto que “estratega” principal del PP, va y se permite el lujo de afirmar que el presidente del Gobierno en funciones (ahora ya en activo) es un peligro para la "democracia constituyente" (como si hubiera otra) y llama a los poderes públicos (y al pueblo) a defender España, suponemos que, como se hizo antaño, también para "salvar la República".
Otros le han seguido, como el señor X, al que más le valdría estar callado, pues si lo de los del CDR fue terrorismo, no sé como calificaríamos (un juez que no fuera de los del lawfare, claro) los delitos cometidos por su gobierno en la guerra sucia contra ETA (de hecho ya se juzgaron y condenaron como tales).
Nuestro ínclito Aznar toca el silbato y los caducados jueces del Consejo General del Poder Judicial (conservadores, por supuesto) que, si tuvieran vergüenza ya habrían dimitido hace años, hacen un pleno inédito para condenar una ley (que no habían leído todavía) perpetuando el mayor crimen que un juez democrático podría realizar: inmiscuirse ilegítimamente en las funciones de los otros poderes del Estado: Condenar una ley antes de conocerla.
A su vez, para que quede claro que han entendido el mensaje, las fuerzas de orden público desempolvan un informe de hace años para facilitar la labor de quienes quieren usar sus atribuciones para desestabilizar y obstruir los movimientos legítimos de otros poderes del Estado y sus negociaciones.
Los que estaban en el "monte" bajaron, (siguiendo los consejos de, entre otros, esta beligerante derecha), al llano, por fin, para hacer política. En democracia cualquier idea defendida pacíficamente ha de ser aceptada aunque no te guste, eso les dijeron, sin embargo, los representantes de esos ideales son, para ellos, ilegítimos a pesar de que hayan sido aceptados por el ordenamiento jurídico que dicen respetar absolutamente. Ergo, por tanto, cualquier negociación con éstas gentes, es también “ilegitima” (menos cuando el pacto es con ellos, claro). Es preocupante.
Están enviando, desde extrañas sociedades utilitarias (lo que ahora llaman “sociedad civil”), cartas a militares y fuerzas de orden público pidiendo auxilio en nombre de la sociedad española agonizante.
La derecha judicial (la mayoría) está ya en ello. Veremos si hay más posicionamientos, aparte de los mediáticos y empresariales que puedan ser más peligrosos.
Cuando se desprecia el propio ordenamiento constitucional, secuestrando al poder judicial, cualquier cosa se puede esperar.
Las negociaciones políticas siempre han llevado aparejadas ventajas económicas y de otros tipos para quienes en ellas participan, se trata de eso, todos lo han hecho y lo hacen, es normal y legítimo, para eso sirven, entre otras cosas, los votos de los ciudadanos.
El problema no es ese, el problema es la descalificación continua a sabiendas de que se usa como arma política, el problema es la crispación con la desinformación interesada constante por parte de los medios afines a la oposición (la mayoría, incluso ahora, parte de los públicos). El problema es la injerencia de un poder judicial, totalmente politizado y controlado por la derecha, lo que deslegitima al propio estamento judicial, en el que ya casi nadie cree.
Y es que, al final, volvemos a la víscera, a la filosofía de barra de bar, a la intolerancia, a la negación del contrario, a la deslegitimación de las propias estructuras estatales en un ambiente guerracivilista, alimentando el incendio social de manera irresponsable, quienes saben que, por mucho que hablen en el nombre de esa inmensa mayoría españoles hartos, esa misma muchedumbre a la que invocan no les ha votado a ellos.
No pueden aguantar el pensar que van a estar cuatro años más sin disfrutar de los sillones del poder que con tanta ansia ya se habían repartido antes del 23J, pero han de darse cuenta de que la alternativa es el caos. Derribar un ordenamiento político que nos ha servido, mal que bien, todos estos años es mucho más fácil que construirlo y sería mucho más difícil volverlo a reconstruir.
Hay voces en la derecha menos extrema que ven que por este camino van a llegar a ser fagocitados por los profesionales de la extrema derecha y que ellos se pueden llegar a convertir en un partido irrelevante que ya no tiene más que ofrecer que lo que sus aliados por el extremo pregonan diariamente.
Solo les queda un camino: aceptar su derrota parlamentaria, hacer oposición democrática, respetando las otras ideas (cosa que no se está haciendo a nivel local y autonómico), presentar cuantos recursos crean convenientes (previstos en el ordenamiento jurídico), dejar de hacer filibusterismo institucional y renovar el poder judicial, permitir que la normalidad democrática se vuelva a instalar en España; todo lo demás, es decir lo que están insensatamente provocando ahora, es una pataleta que no beneficia a nadie y puede llegar a cargarse el propio sistema democrático y a los partidos que lo sustentan, ellos incluidos.
Tras el hipotético triunfo de éste caos que están provocando lo que viniera después no lo podemos saber, pero apostaría a que no contarían demasiado, en un "nuevo orden", con la "derechita cobarde" para sus nuevos caminos imperiales. Esperemos no tener que verlo.
Recuerden, ya se habló de "ilegitimidad" de un régimen democrático en nuestro país, con ello se justificó el comienzo de la tragedia continuada más terrible y duradera de nuestra historia, fue en 1936.
No juguemos más con fuego, siempre se sale quemado o, al menos, mal parado.

