Cada vez más. Cada vez con más riesgo de incendio. Estados Unidos, detrás los imperios armamentísticos que marcan el paso del político de turno, bien sea Trump o Biden, avanza sus peones en el fango ucraniano en un intento de debilitar a la Federación rusa, de paso a China y, carambola a tres bandas, a los países multipolares acudidos a instancias de los dos gigantes: Brasil, India, Indonesia, Sudáfrica, Egipto, México, Arabia Saudí o Irán. Unos mirando a Eurasia claramente, otros con la mirada puesta, todavía, entre dos aguas.
Hace mucho tiempo que el conflicto en suelo ucraniano no es sino la guerra entre dos bloques, la OTAN, liderada y azuzada desde lejos por los USA, y la Federación Rusa, con las espaldas cubiertas por China. Una guerra geoestratégica, con derivadas económicas por el trust armamentístico americano. Lid que la OTAN no puede ganar salvo que fuerce una guerra nuclear. Entonces, por primera vez en la historia, la contienda no tendría ganadores. La perdería el género humano.
Hace mucho tiempo que, a pesar de todos los embustes dichos y reflejados en la prensa, en los medios, nos intentan vender la idea de que es Rusia el malo de la película y, en cambio, los del único bloque ofensivo militar existente, la Organización del Tratado del Atlántico Norte, los buenos.
Todo vale para ello. La destrucción de un depósito de armas camuflado en Jarkov como centro comercial, los bombardeos de falsa bandera en la central de Zapohiriya, la destrucción de los gaseoductos Nord Stream por la inteligencia inglesa como si fuera un tiro en el pie ruso, los atentados terroristas en Moscú con oscuras ramificaciones de la inteligencia ucraniana… Todo vale si, además, se hace campaña exhaustiva para arrojar a la opinión pública de que el malo no es otro que Putin. Da lo mismo que, al cabo de tiempo, la verdad ponga en su sitio a las mentiras de inicio. La opinión pública es un mastodonte que cuesta hacerle cambiar de sentido.
Porque aquí, no hay buenos ni malos. Putin puede ser tan nefasto como Biden. Los dos tienen detrás tramas oscuras de poder apoyándolos o retirándoles el apoyo. Los dos saben que es un pulso en el horizonte de un cambio de rumbo, de un cambio de imperio. Y, a estas alturas de la película, hay que ser muy ignorante, torpe o con malas artes para seguir defendiendo que el conflicto en Ucrania comenzara en 2022. Comenzó mucho antes, con la disolución del Pacto de Varsovia, pero no de la OTAN. Con el compromiso de George Bush ante Gorbachov y Yeltsin de no aumentar los países de la OTAN (16 en esa fecha) incumplido al incrementarse con catorce países más en cinco ampliaciones sucesivas (hasta 2022) y pese a las reiteradas protestas de la Federación rusa. Prosiguió con el intento de exterminio de los ruso-hablantes del Donbass desde 2014. Con la no aplicación de los acuerdos de Minsk por parte del gobierno de Ucrania nacido de un golpe de estado. Esas y no otras fueron las raíces del conflicto. Al margen de la acción de fuerza, censurable igualmente, de la Federación rusa al invadir Ucrania.
De las cuestiones básicas que adelanté, hace dos años, en el libro “Ucrania, una guerra falseada”, creo que solo erré en una de ellas. Pensaba en ese momento, julio de 2022 −una vez que el negocio de la reconstrucción ucraniana superara los beneficios que todas las empresas de armamentos amasasen hasta los primeros meses de 2023, superiores a seiscientos mil millones de dólares−, las tramas oscuras que manejan a las marionetas políticas forzarían a la tregua. Por un lado, habrían ganado el armamento destruido y, por el otro, se meterían al bolsillo otro billón destinado a la reconstrucción de lo destruido. En este tema me equivoqué. Los oligopolios americanos de armamento apuestan por seguir con las ganancias en bombas, misiles, tanques y aviones. Al fin y al cabo, mientras más se va destruyendo, más beneficios habrá en el capítulo de reconstrucción. Y, como, finalmente, serán los mismos, o parecidos, los que se repartan todo el negocio…, pues tan amigos todos.
Pero, claro, la carne de cañón con la que OTAN contaba, los muertos ucranianos con un valor en bolsa mucho menor que los muertos americanos o europeos, se les está agotando. Ucrania ha bajado su demografía a la mitad que tenía antes de 2022. Además, la guerra, entre muertos y heridos, se habrá llevado a un millón de ucranianos. Y, luego, está la devaluación de un conflicto cada vez más denostado, envilecido, depreciado, maldito en la realidad del país. Devaluación que arrastra a la deserción, a ignorar −cuando no, directamente, a la peineta− las movilizaciones militares de Zelensky por los refugiados que viven en otros países. Y esta realidad no es la mejor urdimbre para hacer frente a una guerra.
Esto, unido a la corrupción de la cúpula política y militar, algo que, por mucho que se tapa, es “vox pópuli”, a las purgas y golpes de estado internos, a la prohibición estricta de cualquier derecho o libertad o la propia negativa de Zelensky a realizar elecciones, lleva a la consunción del país, al estado fallido sin más. Mucho menos a poder continuar el conflicto.
Les falta la carne de cañón ideada por Occidente, por la OTAN, por los Estados Unidos, en resumen, escasean soldados ucranianos.
Los europeos podrán enviarles armamento, obuses, tanques, aviones… Pero les faltan seres de carne y hueso para dispararlos, para conducirlos, para matar y morir.
Y en ese juego está el enredo del fuego, de la quemadura con la que quieren involucrar al mundo. No basta con enviar armamento, no basta con enviar inteligencia, no basta con enviar los llamados “instructores”, no basta con enviar mercenarios de falsa bandera. Es insuficiente. Lo que se necesita es llevar la guerra al corazón mismo de Rusia autorizando bombardeos ofensivos con material europeo o americano o enviar levas multitudinarias de soldados polacos, checos, lituanos, ¡franceses macronianos!, sustituyendo a las mermadas falanges ucranianas. Para las retorcidas mentes militares de la OTAN solo se trataría de cambiar la carne de cañón.
Y ese es el límite que Rusia nunca podrá admitir sin contemplar la puesta en servicio de toda, repito, toda, su potencia militar. Incluyendo su capacidad táctica nuclear. Y no será por las veces que Putin lo está advirtiendo. Pero la OTAN, Estados Unidos, el títere europeo, continúan con ese disparate irracional como es el avance de peones, cruzar líneas rojas, poco a poco.
No solo enviando más y más armamento, de mayor alcance, autorizando bombardeos en el interior de la Federación, sino avanzando en la idea de enviar, clara y sin tapujos, soldados de otras latitudes, bien mediante soldadas mercenarias, bien mediante levas forzadas. Y eso −y no es un farol− nos lleva a una escalada bélica que pasaría por el empleo de bombas nucleares tácticas de uno a diez kilotones. Una vez abierta la nueva caja de Pandora ¿quién la cierra?
Por ahí va la idea de nuevos y alarmantes gastos para la industria militar en Europa. Por ahí va la idea, más o menos parloteada en parlamentos o en charlas de taberna por parte de los que se hacen pasar por representantes nuestros, de volver al reemplazo forzoso en el ejército. Por ahí va la idea de balcanizar Europa a las órdenes, y a la sombra, de quien se juega su papel de gendarme, de emperador a la baja: Estados Unidos.
Un tornillo más en esa construcción, importante por lo que nos toca, es la concesión de mil cien millones de euros −cerca de un uno por cien de nuestro PIB− en armamento por parte del gobierno de Pedro Sánchez, con el aplauso de VOX y del Partido Popular, a un gobierno, el de Zelensky, que tiene mucho de nazi y poco de demócrata. Por supuesto, sin luz ni taquígrafos, sin pasar por el Congreso, con un rey heredero del franquismo dando su bendición <<hasta lo que haga falta>> y embarullado el regalo con aguinaldos indeterminados hasta los 5.000 millones de euros hasta 2027. La guinda de la hipocresía más escandalosa, cínica y refinada la ha puesto el presidente de nuestro gobierno cuando ha dicho que este regalo de armamentos contribuiría a la creación de empleo en España.
Europa es la gran perdedora desde hace años. Desde que es una simple marioneta de los Estados Unidos y de las empresas que, realmente, gobiernan el país de las barras y estrellas. Mucho más con los conflictos militares y con este en particular. Inflación, frenazo como motor económico, avance de la extrema derecha que, en realidad, es el avance del nuevo nazismo, pérdida de derechos y libertades de manera continuada y progresiva… Eso es lo que nos ha venido, lo que nos vendrá por el abrazo del oso con que los Estados Unidos desgarra a Europa.
Las soluciones son simples pero impensables, al menos hoy: la formación de una Europa independiente, de un verdadero polo de ese nuevo mundo que irrumpe rápido. La supresión del nefasto abrazo del oso americano, el abandono de la OTAN, la formación de una fuerza militar independiente europea e independiente. La aparición en el horizonte, siquiera a medio plazo, de una Europa inclusiva hacia la Federación rusa. El fortalecimiento de la Europa del bienestar, de la igualdad, de la justicia social, de las libertades, del progreso cultural.
Soluciones que servirían de potentes diluvios, cortafuegos que terminarían, no solo con los dos de relevancia especial como son los de Ucrania y Gaza, sino que irían finiquitando con los conflictos enquistados: Sáhara, Congo, Chad, Siria, Etiopía, Somalia…, así hasta más de treinta.
Para las personas, que las habrá y muchas, con dudas sobre las continuadas falsedades en este conflicto por parte de los medios que, en este caso, no son informativos sino propaganda de guerra, creo que les ayudaría comprobar algo tan transparente como aparente: No es otra cosa más que asistir a la unión de la extrema derecha del Partido Popular y al fascismo de VOX en estos temas, agregarse desaforadamente a los anhelos atlantistas del PSOE, apoyar descaradamente a Zelensky así como sumarse a la retórica de la OTAN insistiendo en que los malos, malísimos, son Putin y los rusos.
La manera más simple de saber en dónde está la verdad en estos casos es preguntarse lo siguiente: Si, en estos momentos, la extrema derecha y el fascismo más intransigente hacen piña (junto a los partidos atlantistas), furibundos, contra la Federación rusa y a favor de Zelensky, es que esa verdad es muy falsa. Al menos para las gentes que pretendemos la paz, para quienes decimos “no a las guerras”, para las fuerzas de progreso, para quienes defendemos principios tan necesarios como “igualdad, justicia y libertad”, o insistimos en que Ucrania está dirigida, hoy, por nazis peleles de los USA y que los motivos del conflicto no se parecen a los que nos intentan “colar”.
Repito para semejantes personas de buena fe y que contrastan poco: si la actual extrema derecha del PP, junto a los nuevos fascistas de VOX, hacen piña y ensalzan como amigos a tipos como Zelensky (en este caso, PSOE incluido), significa esto, a nivel de raciocinio básico, blanco y en botella, que Zelensky y todo lo que representa, OTAN incluida, son enemigos al completo de la libertad, de la verdad, del progreso, de la igualdad.





