Jerry Lee Lewis: “Nunca saldremos vivos de aquí”

"Nadie sale vivo de este mundo", cantaba Hank Williams, uno de los referentes de Jerry Lee Lewis. Él sabía que no iba a librarse, la parca llevaba ya tiempo guiñándole un ojo seductora hasta que, finalmente, se lo ha llevado con ella.

Jerry Lee Lewis
Jerry Lee Lewis | Foto: Credicard Hall

Cuenta la leyenda, una de muchas, que siendo apenas un crío practicó tanto en el destartalado piano que le regalaron sus padres que las teclas blancas acabaron confundiéndose con las negras". Así, más o menos, narraba Luis Lapuente en su biografía publicada en 1992 la infancia del, hasta ahora, último de los pioneros del rock and roll en pie. Habré leído ese libro una veintena de veces y escuchado la música de su protagonista más de un millar. Sus canciones me han acompañado desde que yo tenía 10 u 11 años, 44 ahora. Forman parte de mi ADN.

Apodado "El Asesino" probablemente (más leyendas) por sus fieras maneras de tratar aquel instrumento que se convertiría en una prolongación de sí mismo, Jerry Lee Lewis vivió como le dio la gana hasta el final. Un final que admitía temer porque no conocía la respuesta para esa pregunta que tanto le inquietaba: ¿Iría al infierno o al cielo? "The Killer" creció en una familia paupérrima que abrazaba fuertemente la fe para sobrellevar el hambre y afrontar golpes tan duros como el ingreso en prisión de Elmo, el progenitor, o la muerte del hermano pequeño de Jerry, atropellado por un conductor borracho. Él intentó seguir los pasos del señor. Lo intentó seriamente, pero cuando cantaba en el coro de la iglesia de Ferriday, Louisiana, su voz se alzaba gritona por encima de la del resto de los niños. Su lugar no estaba allí y una parte de él lo lamentaría siempre.

"Toco el piano como Chet Atkins la guitarra". Con esta contundente afirmación se presentó en el estudio de grabación de Sun Records, en Memphis. Si allí habían descubierto a Elvis, también allí tenían que descubrir a Jerry Lee Lewis. La receta para conseguir su primer gran éxito fue mezclar el sonido hillbilly con el boogie woogie y añadirle el lado más picante del blues. Así surgió su adaptación de "Whole lotta shakin' goin' on", un tema popularizado por Big Maybelle. "Este disco ha vendido un millón de copias en todo el mundo", solía afirmar el "Asesino", aumentando por supuesto esa cifra cuando le venía en gana. Desde luego fue el single que más copias despachó de todos los publicados por Sun, discográfica que Jerry Lee abandonaría en 1963 incapaz de entender el ataque de la prensa y la reacción de la sociedad ante su matrimonio con su prima de 13 años (sin haberse divorciado de su anterior esposa, la segunda). Lo que más le quemaba por dentro era haber tenido que pedir perdón públicamente, esperando salvar así su carrera. No sirvió de nada, le dieron la espalda y él, que había tocado ante miles de personas, se tragó su orgullo actuando en modestas salas, "honky tonks" y tugurios varios. No le quedaba otra... o tal vez sí.

"Cuando subes al escenario tienes que ser el mejor". Esta frase que pronunció Pepe Risi, fundador de la banda madrileña Burning, poco antes de fallecer, es apropiada para definir el carácter de Jerry Lee Lewis a quien autoestima y amor propio no le faltaban en absoluto. En EEUU e Inglaterra le habían olvidado pero en Europa le adoraba la joven generación de "rockers" surgida en los años 60. Su disco registrado en el Star Club de Hamburgo en 1964 no sólo es una prueba sonora de cómo se las gastaba "The Killer" sobre las tablas, es además el mejor disco de rock and roll y punk en directo. Sí, punk. Jerry sacaría su rabia y frustración en conciertos incendiarios hasta que encontró por fin el modo de volver al lugar que estaba convencido que merecía ocupar: echó la vista atrás, regresó a sus raíces y se mostró ante la audiencia como un artista country. Uno de los grandes.

Desde 1968 y prácticamente hasta el final de sus días "El Asesino" grabaría cientos de canciones cuyas historias parecían narrar la suya propia: relatos de noches de alcohol, pastillas y de corazones rotos. Para hacerlas suyas (más aún) no dudaba en incluir su nombre o su apodo en ellas. Su estrella volvió a brillar pero su cuerpo y su cabeza empezaron a fallarle. En una ocasión, borracho como una cuba, agarró una pistola y creyó disparar a una lata de refresco, recibiendo la bala el bajista de su banda. No mucho después, de nuevo bebido y puesto hasta las cejas, se plantó otra vez armado en las puertas de Graceland, la mansión de Elvis. Más adelante, una hemorragia gástrica casi se lo llevó al otro barrio. No era todavía su momento. "The Killer" en la década de los 80 era un superviviente de su generación y lo fue hasta que dio su último suspiro el 28 de octubre de 2022. Antes vio caer a viejos amigos y colegas de profesión: Johnny Cash, Chuck Berry, Little Richard... "Nadie sale vivo de este mundo", cantaba Hank Williams, uno de los referentes de Jerry Lee Lewis. Él sabía que no iba a librarse, la parca llevaba ya tiempo guiñándole un ojo seductora hasta que, finalmente, se lo ha llevado con ella. ¿Al cielo o al infierno? Sólo el viejo "Asesino" lo sabe pero, le guste o no su nueva residencia, seguro que está satisfecho porque, si no el primero en llegar, sí fue el último en marcharse.

"Yo soy el que soy, no el que quieren que sea". The last man standing.

vinilo de jerry lee lewis
Foto: Félix "Duende"

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