Las últimas horas han transcurrido como una montaña rusa para las esperanzas de los dos millones de personas que habitan la Franja de Gaza. Desde el aire, el ejército israelí lanzó octavillas invitando a la población asentada en Rafah a desplazarse hacia otras zonas, eufemísticamente seguras. Este tipo de estrategia, ya usada con antelación por Israel, invitaba a pensar que la temida invasión de está última localidad gazatí, que alberga a más de un millón de personas, era inminente. Es oportuno recordar que la inmensa mayoría de esta población ha sido, con antelación, desplazada a la fuerza de otras localidades.

Este mismo lunes, Hamás anunciaba su disposición a un alto el fuego en las condiciones planteadas por los negociadores egipcios y cataríes. La propuesta, de la que no se conocen todos los detalles, planteaba según las informaciones un proceso de desescalada en varias fases, que incluirían el intercambio de prisioneros y el final de las operaciones militares, así como el final del asedio, como horizonte final. El anuncio de Hamás fue celebrado de forma espontánea por grupos de personas en distintas localidades de la franja, pero sobre todo en la calles de Rafah, donde su población ya conocía la inminencia del ataque israelí.
Poco duraría la alegría. Israel anunciaba que no aceptaba la propuesta y proclamaba que no suscribiría ningún acuerdo que supusiera el final de lo que el estado sionista denomina "guerra". En paralelo a este rechazo, el Gabinete de Guerra israelí daba luz verde al ataque sobre Rafah donde comenzaron a caer las bombas de gran tonelaje sobre infraestructura civil. Por tierra blindados israelíes tomaban posiciones, entre ellas el icónico Paso de Rafah que une la franja con Egipto. En este lugar cargado de simbolismo, tanques israelís destrozaron letreros y banderas pasando por encima de ellos. Con posterioridad soldados de la ocupación colonial izaron la bandera israelí en un gesto de consumo interno, que especialistas en la zona han calificado como una escenificación para tratar de vender "la victoria israelí". También se han reportado bombardeos en otras zonas de la franja, como en el campo de personas refugiadas de Al-Nuseirat en la zona central. Todo mientras la ONU advertía que "una invasión terrestre en Rafah sería intolerable por sus devastadoras consecuencias humanitarias".
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— Muhammad Smiry 🇵🇸 (@MuhammadSmiry) May 7, 2024
Las próximas horas serán clave para comprender el alcance y consecuencias de esta vuelta de tuerca en el castigo colectivo que desde hace seis meses el Estado israelí practica hacia la población civil palestina. "Con Israel bloqueando la entrada de ayuda, combustible y bienes a través de los pasos de Rafah y Kerem Shalom, los esfuerzos humanitarios para salvar vidas serán todavía más difíciles", denuncia Oxfam Intermón, que tiene presencia en la franja desde hace décadas, en un comunicado.
"Durante más de seis meses, de forma sistemática y deliberada, Israel ha atacado a civiles y personal humanitario, incluyendo ataques en zonas claramente marcadas como ‘zonas seguras’ y ‘rutas de evacuación’, dice Franc Cortada, director general de Oxfam Intermón. "Cualquier afirmación que haga ahora de que los civiles serán evacuados de forma segura ha perdido credibilidad". Como ejemplo, la ONG explica que el área de Al Mawasi –un área calificada de zona humanitaria segura- a la que se ha pedido a la gente que vaya, ya ha sido atacada dos veces.
Este castigo de brutales consecuencias sobre la población civil, parece que no traerá victoria alguna a Israel, que declaró como objetivo "borrar del mapa" a Hamás y al conjunto de las facciones de la resistencia palestina en Gaza. Tampoco parece que la estrategia del gobierno israelí pueda tener un impacto positivo sobre la situación de las personas capturadas por las milicias palestinas el 7 de octubre, como atestiguan las protestas de gran parte de sus familiares. Más allá de la propaganda, los "objetivos de guerra" de Israel, a tenor de su actuación y las consecuencias de la misma, parecen ser la limpieza étnica así como el exterminio mediante la violencia, la hambruna y la enfermedad de la población palestina en Gaza.
Según el informe difundido por el Ministerio de Salud de Gaza este domingo, ya son más de 37.500 las personas asesinadas por el ejército israelí. Se calcula en más de 78.000 las personas que han resultado heridas, y el conjunto de la población vive con inseguridad alimentaria, así como restricción de suministros y necesidades básicas.
"Los líderes de la UE, al igual que el resto de los líderes mundiales, deben dejar de titubear. Deben detener el comercio de armas, suspender el acuerdo de asociación UE-Israel y presionar aún más para lograr un alto el fuego inmediato", defiende Cortada en sintonía con el movimiento de solidaridad con Palestina que tiene dimensiones mundiales.
Más información del genocidio en Palestina en este especial.





