Imperialismo y resistencia en la guerra contra Estado Islámico

"En estos últimos meses, una coalición internacional liderada por EEUU ha iniciado una intervención militar para combatir a Estado Islámico (EI) en Irak y Siria, en lo que supone un nuevo episodio de la 'guerra contra el terror' islamista que se inició en 2001 contra Al Qaeda en Afganistán. Analizamos el surgimiento de EI, los diferentes movimientos de resistencia y los efectos de esta nueva guerra", apunta la autora.

Patriot deployment to TurkeyEn estos últimos meses, una coalición internacional liderada por EEUU ha iniciado una intervención militar para combatir a Estado Islámico (EI) en Irak y Siria, en lo que supone un nuevo episodio de la “guerra contra el terror” islamista que se inició en 2001 contra Al Qaeda en Afganistán. Analizamos el surgimiento de EI, los diferentes movimientos de resistencia y los efectos de esta nueva guerra.

A diferencia de aquella, esta nueva “cruzada” contra el terrorismo cuenta con el apoyo no solo de sus aliados occidentales habituales, sino que en esta ocasión también participan varios países de Oriente Medio y de la Liga Árabe, e incluso las nuevas potencias imperialistas emergentes de Rusia y China. EEUU busca con ello mantener la poca credibilidad que le queda tras el fracaso de la guerra de 2003, así como su dominio imperialista en la zona. Además, Irán intenta mantener su papel protagonista como gran potencia hegemónica en Irak y Siria, mientras que otros países vecinos como Arabia Saudí o Qatar tratan de evitar que este tipo de movimientos se extiendan y puedan llegar a desestabilizar sus regímenes autoritarios.

Lo cierto es que lejos de conseguir frenar el avance de Estado Islámico o incluso de llegar a destruirlo –como defiende Obama–, esta nueva incursión bélica supondrá un reforzamiento de este tipo de grupos yihadistas, además de los efectos devastadores que conllevará sobre la población civil, como ocurre en todas las guerras. Precisamente estos grupos suelen aprovechar este tipo de situaciones para ganar influencia y reclutar, mostrándose a sí mismos como los auténticos combatientes que están liderando la lucha contra el imperialismo y ofreciendo –según ellos– una “salida digna” a parte de la población musulmana suní, que está sufriendo la represión por parte de gobiernos autoritarios o por guerras civiles sectarias.

De hecho, ya se pueden comprobar las consecuencias que está teniendo esta guerra en el avance de Estado Islámico, con el anuncio a principios de noviembre de la adhesión a esta organización por parte de la principal organización yihadista en Egipto, Ansar Beit al Maqdis [1].

El fracaso de la guerra de Irak y la aparición de Estado Islámico

Estado Islámico en sí mismo es producto del fracaso de la guerra de Irak de 2003 y también indirectamente de la invasión de Afganistán en 2001, así como del avance de las diferentes fuerzas reaccionarias en la región tras las revoluciones que comenzaron con la primavera árabe a finales de 2010.

Esta organización en concreto se desarrolló a partir de un movimiento salafista yihadista que fundó Abu Musab al-Zarqaui, tras huir de la invasión de Afganistán en 2002. Una vez allí, en 2003 formó un grupo islamista que se adhirió a Al Qaeda un año más tarde, siendo al-Zarqaui el líder de la filial de dicha organización en Irak. Tras su muerte en 2006, debido a un ataque estadounidense, este movimiento cambió su nombre a “Estado Islámico en Irak” (ISI), momento en el que comenzó a debilitarse debido a enfrentamientos con clanes suníes apoyados por Estados Unidos.

Después de varios años de enfrentamientos, a principios de 2014, el entonces denominado “Estado Islámico de Irak y el Levante” (ISIL) consiguió hacerse con el control de la ciudad iraquí de Fallujah, a raíz del malestar causado por el violento desalojo de un campamento pacífico que tenía lugar en esa ciudad por parte del ejército iraquí [2]. Tras ese episodio, en el que murieron al menos once personas, ISIL supo aprovechar la situación ofreciendo su “protección” armada a la población, de mayoría suní, que estaba siendo masacrada por el Gobierno chií.

La guerra sectaria promovida por el gobierno de el-Maliki y el antiguo ocupante estadounidense, así como la represión de la revolución iraquí, favorecieron el fortalecimiento y la extensión de ISIL en Irak, hasta tal punto que su llegada a ciertas ciudades llegó a ser celebrada por parte de la población musulmana suní en algunas de estas zonas.

Siria: la cuestión kurda y la resistencia

Después de que comenzara la revolución siria contra el régimen de Bashar al Asad, Estado Islámico en Irak apoyó la creación de una célula del movimiento en ese país, conocida como el Frente al-Nusra. En abril de 2013, el entonces líder del movimiento de ISI, Abu Bakr al-Baghdadi, anunció una coalición con el Frente al Nusra en Siria, dando lugar a lo que se conoce como “Estado Islámico de Irak y el Levante”(ISIL), y meses más tarde a ISIS.

El 29 de junio de 2014, coincidiendo con el primer día de ramadán –mes sagrado para la población musulmana–, ISIS anunció la proclamación de un califato, pasando a llamarse Estado Islámico, siendo el mismo al-Baghdadi el califa. Desde ese momento, y a diferencia de otras organizaciones como Al Qaeda, EI ha estado funcionando como un estado en las ciudades que estaban bajo su control, con recursos militares y económicos propios, financiándose principalmente a través de la venta de petróleo a Turquía y Siria procedente de pozos petrolíferos que están bajo su control, así como de saqueos, secuestros, del cobro de impuestos, etc. Incluso han llegado a emitir un pasaporte propio [3] y están planteando tener una moneda propia [4], basada en la que existió durante uno de los califatos que gobernó el imperio islámico durante el siglo VII.

En realidad estos grupos yihadistas no han sido la única fuerza que ha combatido contra el régimen de al-Asad desde que comenzó la revolución siria. De hecho, una parte de la “oposición” contra ese régimen es la misma que ahora lidera la lucha contra EI en Siria, como son el Ejército Libre Sirio o las milicias kurdas conocidas como Unidades de Protección Popular (YPG), organización armada del Partido de la Unión Democrática (PYD), entre otros.

En efecto, son las imágenes de las milicianas del YPG –que están formadas mayoritariamente por mujeres– las que más se han difundido en los medios de comunicación como símbolo de la resistencia siria en la ciudad de mayoría kurda de Kobane [5], durante los últimos meses. No en vano, este grupo tiene interés especial en luchar contra el avance de EI en Siria, no sólo por una mera cuestión de supervivencia y de control de los recursos, sino también por el retroceso que supondría para su lucha cualquier avance de EI en la zona. A pesar de las contradicciones que existen en las tres regiones autónomas que liberaron durante la revolución en el norte de Siria (gobernadas por el PYD kurdo) [6], han supuesto un avance con respecto al régimen de al-Asad en cuanto a algunas mejoras democráticas y de derechos de las mujeres.

No a la guerra en Irak y Siria

Desde la izquierda revolucionaria es importante mostrar nuestra solidaridad con el pueblo kurdo en su lucha por la autodeterminación, así como nuestro apoyo a aquellas organizaciones y movimientos de base que luchan contra estos movimientos yihadistas y por acabar con los regímenes corruptos y autoritarios en el norte de África y en Oriente Medio, y que están actualmente amenazados por el avance de la contrarrevolución.

También es necesario oponerse a todo tipo de intervención imperialista y volver a poner el acento en el “no a la guerra”. La única solución auténtica a la amenaza que suponen las distintas fuerzas reaccionarias en la región –ya sea en forma de terrorismo yihadista, de régimen autoritario, o cualquier otra– no vendrá de una guerra, sino de ese tipo de movimientos amplios, de la mayoría trabajadora organizada desde abajo, esa misma que consiguió en 2011 derrumbar los regímenes totalitarios y corruptos de Ben Ali en Túnez y de Mubarak en Egipto.

Tamara Ruiz, es militante de En lluita | Artículo publicado en la revista anticapitalista La hiedra | Para AraInfo

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Notas:

1 Este grupo está intentando recabar apoyos actualmente entre las más de 1.000 familias beduinas que han sido desalojadas de sus casas por parte del Gobierno militar egipcio, en su intento de cortar la entrada de armamento desde la frontera con Palestina: “El principal grupo yihadista egipcio jura lealtad al Estado Islámico” El País (on-line), 10/11/2014. http://bit.ly/1vyWQ8e.
2 Tras casi un año de protestas en Fallujah, el ejército y la policía iraquíes desalojaron violentamente un campamento de protesta: “Irak se sume en una nueva crisis tras desalojo violento de acampadas suníes” elconfidencial.com (on-line), 30/12/2013. http://bit.ly/1wCEi2T. Este episodio recuerda a otro que ocurrió unos meses antes en otra ciudad iraquí, en el que el ejército de el-Maliki reprimió violentamente un campamento pacífico, matando a 60 manifestantes y dejando heridas a otras 300 personas. Esos campamentos fueron dos de las muchas protestas que se dieron durante la revolución iraquí, en la que –al igual que en Túnez, Egipto y otros países–, se reclamaba la caída del régimen corrupto, justicia y dignidad: “La masacre de Al-Hawiya”, redaccionpopular.com (on-line), 24/4/2013. http://bit.ly/1uOMksn.
3 “El Estado Islámico emite un pasaporte oficial del Califato”, europapress.es (on-line), 05/07/2014. http://bit.ly/1r8SWwn.
4 “¿Qué busca Estado Islámico al acuñar su propia moneda?” BBC Mundo (on-line), 14/11/2014 http://bbc.in/1qNF9AT.
5 “Guerreras contra la yihad” diariosur.es (on-line), 05/11/2014. http://bit.ly/1xN6rt8.
6 Las autoridades locales en algunas de esas ciudades también han reprimido a activistas revolucionarios kurdos: “Kobane, la cuestión kurda y la revolución siria, un destino común”, rebelion.org (on-line), 15/10/2014. http://bit.ly/1xN6u8a.

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