¿Ignorancia, seguidismo, dogmatismo?

04 octubre, 2024. 06:51

Hace unos días, un cualificado representante del PSOE aragonés, tachó de indecentes a quienes defendemos que la guerra en Ucrania, guerra entre la OTAN, bajo la batuta de Estados Unidos, y la Federación Rusa, tiene causas mucho más profundas que las sesgadas y aireadas, uniformemente, por los medios occidentales, que trata la noticia mucho más como propaganda de guerra que como información. "La UE, y todas las personas decentes del mundo, vimos en la invasión de Ucrania un acto imperialista y asesino, por lo que las ayudas a ese conflicto están justificadas, así como las sanciones a Rusia".

Tratado así de simple la cuestión hay que suponer que se obvian las razones sociales, políticas, geoestratégicas y económicas del asunto. Se ignora el aplastamiento militar, con 13.000 muertos civiles, en el Dombás por el gobierno (por cierto, producto de un golpe de estado) de Kiev. Se omiten las incursiones de este mismo gobierno por los laberintos nazis de las brigadas Azov y otras de la misma calaña. Se obvian los acuerdos de Minsk 1 y Minsk 2 pasados por la entrepierna e incumplidos por el mismo gobierno de Kiev. Se dejan de lado las razones económicas de los lobbies americanos (gas y armamentos) cifradas en más de medio BILLÓN de dólares al año, para forzar la entrada en el conflicto. Se olvida el acuerdo de Estambul, marzo de 2022, solo un mes más tarde de la invasión, entre la Federación Rusa y Ucrania, tumbado por presión directa de los Estados Unidos. Se pasan por la entrepierna los acuerdos geoestratégicos entre los Estados Unidos de Bush y el gobierno ruso de Yeltsin donde se limitaban a 16 los países que conformarían una OTAN (el último, España, curiosamente), organización militar carente de motivaciones, una vez disuelto el Pacto de Varsovia. La idea de que Ucrania fuera el país número 31 (quince más que en aquellas promesas) de la OTAN avivó el conflicto con misiles nucleares a cinco minutos del Kremlin (recuérdese la crisis de los misiles en Cuba en 1962). Igualmente, se obvian los oscuros y tenebrosos manejos del hijo de Biden −corruptelas a lo grande− entre él, su padre, presidente de los Estados Unidos, Zelensky y la administración ucraniana.

Si nos pasamos por la entrepierna, conscientemente, todo lo anterior, solo me queda el enunciado del artículo para explicar el asunto.

Pero se desdeña mucho más. La continua y sesgada información en el mundo occidental sobre el conflicto*, sobre su marcha, sobre su escalada progresiva bajo la marioneta de Zelensky y con los muertos ucranianos, que parece conducirnos a una conflagración mundial de alcance y magnitud desconocida, seguramente irreversible. También, el apoyo a las tesis rusas, con más fuerza o más discreción, de muchos de los grandes países que marcan, y marcarán cada vez más, tendencia en el mundo: China, India, Brasil, México, Sudáfrica, Irán, Viet-Nam, Arabia Saudí, casi todos los países centroafricanos y un largo etcétera de países latinoamericanos y asiáticos. En realidad, la mayor parte del mundo salvo la OTAN europea y, evidentemente, Estados Unidos con Japón, Corea del Sur, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Es decir, lo que se llama, de manera eufemística, mundo occidental. Lo prueba el fracaso de la esperpéntica “reunión por la paz” que Estados Unidos y Zelensky intentaron hace unos meses.

En realidad, los conflictos existentes en el mundo, su práctica totalidad, están mecidos, instigados o apoyados por la misma mano: Estados Unidos y por su instrumento militar, la OTAN. Eso nos debería señalar el camino de la verdad. Por encima de esa cincuentena de conflictos actuales, las dos más preocupantes para la supervivencia mundial están instigadas, apoyadas hasta sus últimas consecuencias, por el mismo país que suma 250 guerras en sus 300 años escasos de existencia: la que, en Ucrania, enfrenta a la OTAN contra Rusia y la de Israel contra el mundo árabe y, en especial, contra Palestina en Gaza. En las dos, la mano que mece la cuna de la guerra es la misma: Estados Unidos de América.

Repito, a los demócratas de todo el mundo, sean a no socialdemócratas, conservadores o de ideología progresista, este detalle nos debería orientar sobre nuestra posición en estas dos guerras. Las dos orientadas por parecidos y ocultos objetivos que convergen en los económicos.

Porque, con los mismos y simplistas razonamientos, supongo que al articulista le habrá faltado tiempo para pedir, demandar, exigir sanciones para Israel, apertura en el TPI como criminal de guerra a Netanyahu y Cía., rotura de relaciones con el estado sionista genocida, suspensión de las ventas a Israel de España y del resto de las naciones occidentales, de material de guerra. No he leído nada de esto. ¿Será, seguidismo, dogmatismo, ignorancia o porque no le ha dado tiempo?

No me ha dolido el que, a quienes abogamos por un acuerdo racional en una Mesa de Paz antes que continuar, sin freno ni marcha atrás, la escalada bélica, se nos tache de indecentes. La verdad es que, bajo semejantes argumentos beligerantes y guerreros, muy en su papel puesto que el escritor es militar, tamaña descalificación en su escrito es un elogio. Si con esa lógica bélica, atlantista, seguidora de la praxis norteamericana −galgos o podencos, demócratas o republicanos que tanto da, todos se nutren de las mismas dádivas por lobbies sionistas y los de determinados consorcios empresariales−, se nos llama indecentes, la verdadera indecencia está manifiesta en el escrito.

Lo que duele es que personas que se califican de demócratas, que puede que lo sean, que, para más inri, están en la órbita socialista (aunque eso, desde hace varias décadas, no significa su equivalencia en progresismo) asuman, con orejeras, las descalificaciones y mentiras de una OTAN que, una vez, los demócratas progresistas españoles repudiamos en la práctica. OTAN que ha sido, y es, una fábrica de conflictos, una organización que busca las guerras, sean en Europa (Yugoeslavia), en África (una docena al menos), en Oriente Medio (Israel, si no tuviera el apoyo explícito −con los lloros hipócritas correspondientes al alimón− de la OTAN, Bruselas y de Estados Unidos nunca hubiera acometido las atrocidades, masacres y genocidio a lo largo de 12 meses que lo equiparan con el régimen nazi de Adolf Hitler.

Y vuelvo al título. ¿Será por seguidismo, por obedecimiento a los líderes sin discusión, por dogmatismo o, por ignorancia? Descarto, desde luego, el pasotismo.


* Hoy mismo, sin ir más lejos, la sesgada información sobre el ataque con misiles efectuado por Irán a Israel en la noche del 2 de octubre, las diferencias tan notables entre los tremendos daños que repercutieron en dos aeropuertos militares −destrucción de pistas y de varios F-35− que avanzan todos los informadores en las redes, y la paupérrima información, hablando poco más que de salpicaduras de polvo, es una prueba más de las informaciones tendenciosas −su verdadero nombre son informaciones falsas− que rebosan los ¿informativos? occidentales.

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