El profesor de la Universidad de Zaragoza, Ignacio Messina, junto a Jon Las Heras, profesor de la Universidad del País Vasco, ambos especialistas en relaciones laborales, vienen trabajando desde hace algunos años una línea de investigación sobre sindicalismo de contrapoder, y recientemente han escrito el libro: “Caminando hacia el contrapoder. La historia de la Organización Sindical de Trabajadores de Aragón”, y en AraInfo hemos tenido la oportunidad de charrar con Messina, para que nos de luz sobre aspectos de nuestra historia poco tratados por la academia.
¿Cómo surge el libro y qué motivos impulsan el proyecto?
El libro surge de una primera constatación: la historia reciente del sindicalismo aragonés, y en particular del sindicalismo aragonesista, era prácticamente desconocida. Como señala Antonio Peiró en el prólogo, Aragón cuenta con una producción muy sólida en historia política, económica o social, pero el mundo del trabajo y el papel del sindicalismo han recibido mucha menos atención. Nos pareció una ausencia significativa y, al mismo tiempo, una oportunidad para aportar algo que faltaba. De hecho, resulta algo curioso que dos investigadores no formados en el sistema educativo aragonés hayan intentado dar sentido a una parte importante de la vida e historia cotidiana de los y las aragonesas.
El segundo motivo tiene que ver con la singularidad del caso que analizamos. OSTA es una organización relativamente joven, pero su recorrido permite observar cómo se construye —en un contexto concreto— un modelo sindical propio, con identidad diferenciada y estrategias que no responden al patrón dominante de las grandes centrales estatales. Nos interesaba comprender ese proceso: sus debates internos, sus tensiones, sus aprendizajes, sus límites y sus posibilidades.
En ese sentido, ‘Caminando hacia el contrapoder’ no pretende idealizar la experiencia de OSTA, sino ofrecer herramientas para pensar cómo se organizan las resistencias en el ámbito laboral y qué dificultades supone construir un sindicato con vocación transformadora en un territorio como Aragón.
¿Qué dificultades encontraste a la hora de desarrollar el libro?
La primera dificultad que nos encontramos fue la metodológica, ya que casi no había trabajos previos sobre el sindicalismo aragonesista, lo cual nos obligó a construir el marco de referencia prácticamente desde cero. A esto se sumaba la necesidad de apoyarnos en memorias vivas, por lo que la generosidad de las militantes tanto de OSTA, como también de otros sindicatos, fue decisiva. Sin ese tiempo compartido, sin esas voces, este libro sencillamente no existiría.
Metodológicamente, el proyecto también ha implicado un esfuerzo considerable: realizamos numerosas entrevistas en profundidad, revisamos archivos del sindicato, actas, materiales de formación, prensa, y ponencias congresuales. Esa combinación de memoria oral y escrita nos ha permitido reconstruir procesos que nunca habían sido analizados sistemáticamente antes.
Otra complejidad importante ha sido la de cómo narrar la vida interna del sindicato. Las tensiones, los conflictos, las crisis y las decisiones difíciles forman parte del recorrido de cualquier organización, y nuestro reto ha sido el de tratarlas con rigor y cuidado. Muchos testimonios estaban atravesados por afectos intensos donde emergen frustraciones, entusiasmos, heridas abiertas o reconciliaciones posteriores, y creemos fundamental no quedarnos en la anécdota, sino intentar identificar qué nos podían enseñar esas experiencias, y qué podía aportar al proceso colectivo de aprendizaje.
En el fondo, el desafío pues ha sido convertir materia prima cargada de emociones y disputas en un relato que nos ayude a preservar críticamente nuestra memoria histórica. No hemos buscado caer en la nostalgia, y mucho menos realizar ningún ajuste de cuentas, sino contribuir a comprender cómo una organización, surgida al margen del sindicalismo estatal, ha sido capaz de ensayar otras formas de acción, disputar sentido y abrir su camino propio en un terreno adverso.

¿Cuáles son los principales descubrimientos o aprendizajes que deja esta investigación?
La enseñanza más relevante del libro es comprender mejor cómo se transforma un sindicato desde dentro: cómo construye su identidad, cómo redefine sus estrategias y cómo encuentra un lugar propio en un contexto marcado por la crisis estructural del sindicalismo. En el caso de OSTA, lo sorprendente no es sólo su capacidad de resistir, sino de crecer en afiliación y representación ante un escenario tan complejo. Ese crecimiento no se explica por inercia o por suerte, sino como resultado de una apuesta deliberada, un “caminar hacia el contrapoder” que entiende el sindicalismo como una forma de lucha y confrontación, que es capaz de articular reivindicaciones laborales junto con las de otros movimientos sociales, como son el feminista o el aragonesista. Este proceso y la apuesta por estas estrategias, aunque de forma paulatina y no lineal, han convertido al sindicato en un espacio capaz de disputar los discursos sobre economía y política aragonesas, y no sólo sobre las condiciones de trabajo.
Además, un aprendizaje clave ha sido el ver cómo la identidad sindical se configura dialécticamente. Expresado en un equilibrio inestable que refleja legado e innovación, rupturas y tensiones, donde parece que lo viejo no termina de morir y lo nuevo no llega a consolidarse. Y es precisamente ahí, donde OSTA encontró nuevas formas de actuar: combinando confrontación y diálogo, heredando lo aprendido y a la vez innovando. Esas contradicciones, lejos de ser un problema, han sido el motor de la creación organizativa.
Lo que queremos decir es que nuestra investigación muestra que el contrapoder no es un objetivo retórico, sino un proceso en construcción continua, hecho de decisiones, aprendizajes y debates colectivos. Y que incluso un sindicato con pocos años de historia y nacido en los márgenes puede abrir caminos alternativos dentro de un mapa sindical aparentemente cerrado y estático. Esto abre horizontes: el caso de OSTA no es solo un asunto aragonés, sino un ejemplo de cómo organizaciones sindicales pueden construir legitimidad social desde la (auto)crítica, la confrontación, la proximidad y la apuesta por estructuras participativas.
¿Pero entonces, qué significa “Caminando hacia el contrapoder”?
Cuando hablamos de “Caminando hacia el contrapoder”, lo primero es entender que el contrapoder no es un destino, sino un proceso. Caminar implica moverse, esforzarse y construir colectivamente. También implica caerse y tener que aprender algo nuevo. No se trata solo de oponerse al poder establecido, sino de crear alternativas concretas desde la práctica sindical, desde la organización popular y desde el territorio. Si tuviéramos que resumirlo en una frase, diríamos que es “la historia de cómo la dignidad se consigue a través de la pelea y organización”.
Este enfoque conecta a OSTA con otras experiencias como ELA en Euskal Herria o la CIG en Galiza, que también trabajan en clave de contrapoder, pero cada una desde su propia historia y composición sociolaboral. Obviamente, no existe un modelo homogéneo, ni es deseable: en el caso aragonés, el contrapoder se construye desde Aragón y para Aragón, pero dialogando con luchas más amplias como son la feminista y la lucha de clases a escala mundial.
Si buscamos darle una definición más precisa, aun sabiendo que es difícil, diríamos que “Caminar hacia el contrapoder” significa apostar por un sindicalismo de confrontación, que no se limita a defender derechos ya conquistados, sino que se atreve a imaginar y construir otras formas de vida y de trabajo. Es un sindicalismo que rechaza la paz social y el diálogo vacío, que se distancia de la negociación colectiva estatal y que centra su fuerza en los centros de trabajo, apostando por convenios propios y cercanos a las y los trabajadores. Y, sobre todo, se nos presenta como un sindicalismo que entiende que la revitalización y las mejores de las condiciones de trabajo de todas solo pueden venir a través de la participación, la movilización y la huelga. Por eso herramientas como las cajas de resistencia son fundamentales: permiten sostener el conflicto y convertirlo en una posibilidad real de transformación.
Por todo esto, el libro no es el cierre de una historia, es una foto de un camino abierto, donde se nos invita a seguir organizándonos y a pensar colectivamente cómo construir más y mejor el poder desde abajo, desde los espacios de trabajo y en alianza con otras luchas.
¿Por qué es relevante estudiar el proceso organizativo de un sindicato como OSTA hoy?
Porque estudiar a OSTA es, en realidad, estudiar cómo se transforma y se reconstruye el sindicalismo en un momento de desafección social, precariedad y crisis de representación. OSTA permite observar cómo una organización mediana, delimitada territorialmente y en crecimiento es capaz de ofrecer respuestas distintas a los problemas de la clase trabajadora. En un contexto donde los grandes sindicatos han asumido buena parte del marco de la concertación y del lenguaje neoliberal, OSTA muestra que la alternativa no pasa por retirarse del conflicto, sino por fortalecer la vida interna, democratizar la organización y situar la acción allí donde realmente se disputa el poder de una manera inmediata: en los centros de trabajo.
Por eso el caso aragonés no puede leerse simplemente como una expresión local, sino como una experiencia organizativa que ofrece claves útiles para otros contextos. OSTA muestra que es viable articular un modelo sindical que combine confrontación y propuesta, identidad y apertura, territorio y clase. En ese sentido, estudiar su trayectoria permite explorar cómo se transforma una organización en diálogo con su base social y cómo el sindicalismo puede recuperar un papel central en la defensa de intereses colectivos más amplios. Todo ello entendido como un proceso inacabado, en evolución, atravesado por tensiones y contradicciones, pero orientado por un objetivo común: reforzar la capacidad organizativa de las trabajadoras y trabajadores.
El libro se ha publicado también en aragonés ¿Por qué era importante para vosotros incorporar el idioma aragonés a este proyecto y qué lugar creéis que ocupan las lenguas propias en las luchas sindicales y sociales?
Para nosotros, que el libro se haya editado en aragonés tiene un sentido que va más allá del gesto simbólico. Siendo una investigación sobre un sindicato aragonesista, lo coherente sería que la obra pudiera circular en ambas lenguas, normalizando su uso y situándolas en un plano de igualdad. La edición en aragonés es un primer paso en esa dirección, y refleja algo que la propia historia de OSTA muestra: que las lenguas propias forman parte de las condiciones materiales y culturales de un territorio, y que su presencia o ausencia también expresa relaciones de poder.
En nuestra experiencia, este debate no es exclusivo de Aragón. En el caso vasco, por ejemplo, la recuperación social y política del euskera tras décadas de invisibilización y persecución no se explica sin el papel de movimientos sociales, instituciones culturales y también sindicatos que entendieron la lengua como un eje estructural de democratización y cohesión social. Esa comparación ayuda a pensar el aragonés no solo en términos identitarios, sino como parte de un proceso más amplio de reconstrucción comunitaria.
En este marco, la edición en aragonés sitúa el libro dentro de un proceso colectivo de revitalización lingüística en el que diferentes actores sociales participan desde sus propios ámbitos. La colaboración con la Asociación Nogará, imprescindible para hacer posible esta versión, muestra cómo la pervivencia de una lengua requiere infraestructuras sociales que la sostengan y la proyecten. Para nosotros, incorporar el aragonés al proyecto no es solo una cuestión formal: es reconocer que las lenguas propias también configuran el terreno en el que se construyen identidades, vínculos y formas de organización social en Aragón.





