Si Ramón Sender viviera hoy, no tardaría en reconocer a quienes llevan parecidos y escondidos correajes negros que los “camisas azules” de su época. Han ido creciendo, envalentonados, en torno a todos los Vitos y Santiagos de turno.
Este viernes, 6 de noviembre, a las 19:00 horas en el Teatro de la Estación de Zaragoza, calle Domingo Figueras 10, una representación que reunirá diversas artes escénicas y el esfuerzo altruista de un buen puñado de artistas aragoneses dará forma al homenaje, en su 125º aniversario, de nuestro mejor novelista del siglo XX, dignísimo heredero de Galdós y de Blasco Ibáñez, aragonés por más señas, Ramón J. Sender.
Quizá sea el hecho de no ser profeta en su tierra y, sobre todo, la manera de contemplar la cultura por los dirigentes del Partido Popular, en versión DGA o en la del Ayuntamiento, cultureta de charanga, luces de neón, flores en macetas y poco más, el ninguneo más absoluto de su recuerdo en este aniversario.
También influirá —cuando la derecha se echa al monte ultra es habitual— que Sender representa lo mejor de una España republicana, laica, de izquierdas, social y humanamente irreprochable y, por lo tanto, quieren esconder ese símbolo debajo de su vieja y gris alfombra.
Es la consecuencia del pacato sentido de la cultura que estos gestores tienen cuando se echan en brazos de quienes odian la cultura de progreso, como ocurre aquí en las dos instituciones. Su metamorfosis es completa y muy pareja a la franquista.
Con pocos medios, con ningún apoyo de los medios informativos de “peso”, con la marginación por parte de quienes se hacen llamar “nuestras instituciones” que solo pretenden ser de parte y no de todos, solo con el esfuerzo desinteresado de dos docenas de personas integradas en la cultura de esta tierra, abriremos una función que pretende recordar la figura, el ejemplo y el legado de una de nuestras grandes figuras que no deben olvidarse.
Gracias a la cesión, igualmente altruista, del Teatro de la Estación. Gracias a todos los actores y actrices que representan esa “Última batalla de Pepe Garcés”, a los artistas que han creado un proyecto con IA para la ocasión, a poetas y artistas de la música que ceden su saber poético y musical para que la función tenga más realce.
Si Ramón Sender viviera hoy, no tardaría en reconocer a quienes llevan parecidos y escondidos correajes negros que los “camisas azules” de su época. Han ido creciendo, envalentonados, en torno a todos los Vitos y Santiagos de turno. Advertiría, igual que en su “Réquiem por un campesino español”, que los hijos putativos de aquellos generales que dieron un golpe militar para subvertir el orden legal establecido caminan hoy sin esconderse, seguros de su fuerza, fanfarroneando bajo el amparo que les dan esos poderosos que son, siempre, fuertes con los débiles y merengues ante otros más corpulentos que ellos.
Será entrada libre hasta llenar el aforo. Esperemos que sea así, que el teatro esté lleno y que se disfrute ese día.





