Historia de un buen divorcio (político)

Es que no me lo puedo creer, ¿cómo nos han hecho esto?”. Ésta podría ser una frase de una hija o hijo de una pareja en plena separación o bien del electorado defraudado en 2019 por no haber alcanzado acuerdos políticos en muchas instituciones. Esa incredulidad de ver que lo que pudo unirse y crear cosas maravillosas se desvanece es, sin duda, una amarga decepción. De repente elegir entre mamá y papá. De repente gente extraña en casa, en los ayuntamientos. Un jarro de agua fría. Todo mal. Aún a riesgo de meter la pata, porque no se puede generalizar …

Es que no me lo puedo creer, ¿cómo nos han hecho esto?”. Ésta podría ser una frase de una hija o hijo de una pareja en plena separación o bien del electorado defraudado en 2019 por no haber alcanzado acuerdos políticos en muchas instituciones. Esa incredulidad de ver que lo que pudo unirse y crear cosas maravillosas se desvanece es, sin duda, una amarga decepción. De repente elegir entre mamá y papá. De repente gente extraña en casa, en los ayuntamientos. Un jarro de agua fría. Todo mal.

Aún a riesgo de meter la pata, porque no se puede generalizar y este paralelismo es un poco inconsciente, me tiro a la piscina: yo lo que quiero para el espacio político a la izquierda del PSOE es un acuerdo de convivencia como el de los buenos divorcios. Me explicaré:

Todos hemos vivido de cerca rupturas de pareja que son puro dolor. Se abre el suelo bajo los pies y la caída libre los distancia y hiere. Sin embargo, también habremos conocido ejemplos muy buenos de convivencia tras esa ruptura. Ex parejas que se esfuerzan por vivir en la misma calle (¡o incluso en la misma comunidad de vecinos!) para que sus hijas e hijos tengan que desplazarse lo menos posible y alterar al mínimo sus vidas. Otras que son capaces de transformar el desamor en afecto y amistad cordial. Algunas que incluso son capaces de, con el tiempo, irse de vacaciones juntas o no perderse ni una de las fiestas familiares. Hablar bien del otro en presencia de los descendientes. ESE es el verdadero triunfo. Y no aguantar una relación por inercia, por coacción o por el qué dirán. Vaya por delante mi máxima admiración.

El enamoramiento político de 2014 y 2015 generó la rápida convivencia de numerosas organizaciones políticas y personas procedentes de diversos movimientos sociales. Noviazgos que se van a vivir juntos a los cuatro meses de darse el primer beso. A estas alturas de la vida, ya hemos aprendido que el amor es: parte delirio químico, parte mecanismo de supervivencia de la especie, parte razón y elección consciente. Ese enamoramiento prohibido, como el de los benjamines de los Capuleto y los Montesco, se produjo en unas circunstancias tremendamente adversas. El resto de familias o de poderes fácticos no estaban muy de acuerdo en que eso sucediera y, por qué no decirlo, Julieta y Romeo (o las organizaciones políticas del espacio progresista) eran adolescentes poco experimentados y MUY intensitos.

En 2019 se produjo en algunos lugares como Aragón o Zaragoza esa ruptura política que supuso un duro golpe para gran parte de la sociedad. Pero a veces las parejas tienen que separarse para no desfallecer, para poder seguir adelante como individuos ¿no? Quién se iba a imaginar que en estos tres años de legislatura iba a ponerse la cosa tan, pero que tan fea: Covid19, crisis ecológica y de recursos y una amenaza tan negra como el alzamiento de la derecha más antidemocrática en los años 20 del siglo XX.

Es el momento de establecer un pacto de convivencia para estar a la altura de las circunstancias, de la historia pero también de la coyuntura. La cuestión ya no es si se rompió o no, ni quién tuvo la culpa. La cuestión es cómo reorganizamos la vida después de ella para conseguir el objetivo común. En Andalucía lo han conseguido. Lo importante no es lo difícil que ha sido llegar hasta allí. Lo fundamental es el camino que emprendan a partir de ahora y cuánta fuerza consigan para defender los intereses de la clase trabajadora. Cuánto arrojo reúnan para enfrentarse a los palos en la rueda de las oligarquías (sí, no sólo hay oligarcas en Rusia). Cuánto tesón tengan para mejorar la calidad de vida y los servicios públicos de su comunidad y cuánta templanza tengan para trabajar juntos entre organizaciones tan diversas. Convengamos que el reto no es nada fácil. Pero nos va la vida en ello.

El “programa, programa, programa” con la mirada puesta en las trabajadoras y trabajadores son los hijos e hijas de esa ex pareja. Se abre una nueva etapa para quienes anhelan la justicia social y la redistribución de la riqueza. Ahora la cuestión es el grado de madurez de las exparejas, las organizaciones, para alcanzar acuerdos, que son pequeñas victorias. Desde alimentar los mismos movimientos sociales, defender mociones o iniciativas en común impulsadas a partir de grupos diferentes hasta lograr coaliciones o convivir en gobiernos. Entre esas acciones políticas hay toda una escala de éxitos posibles. Si se pudo... Se podrá.

PD1: En lo personal, a veces el mal divorcio es inevitable porque no hay manera de razonar con la otra parte. Hay que cortar todos los puentes porque no queda otra opción. Sin embargo, creo que en lo político no es así. En las organizaciones colectivas debe pesar más la razón que la emoción. Disculpas si este artículo ha resultado un poco paternalista. Comprendo perfectamente que ésta es una reducción de los hechos tanto política como afectiva bastante atrevida. Pero hay que tratar de comprender y hacer comprender ese componente emocional en política.

PD2: A los hijos de las parejas que se separan y a los electorados defraudados también hay que pedirles que pongan un poco de su parte para mejorar el clima. Incluso estaría bien arrimar el hombro y ponerse a trabajar para construir una nueva relación de concordia. Volved a los movimientos sociales, que son los abuelos y la fuente de toda la fuerza.

PD3: Un abrazo a todos esos amigos y amigas, conocidos y conocidas, a los que admiro profundamente por cómo han sabido manejar sus rupturas y convertirlas en relaciones cordiales y adultas. También a las que han sabido cortar por lo sano porque era lo mejor para ellas y para sus peques.

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