Herejes

Cartel en la puerta de un conocido establecimiento hostelero, en pleno "Tubo" de Zaragoza, sobre una bandera nacional, por supuesto: "En esta taberna no se permite la entrada de separatistas, traidores y antiespañoles, este es un bar para personas". Más o menos este es el texto y, tras mi perplejidad porque este mensaje de odio siga exhibido públicamente contraviniendo la legalidad vigente, (supongo que no es un “cuartelillo” de verdad, pues aún sería más preocupante) me he tratado de explicar a mí mismo las razones para un resentimiento tan extraordinario. Así que he recordado que los americanos no mataban a …

Enrique Gómez, presidente de ARMHA. Foto: Iker G. Izagirre (AraInfo)

Cartel en la puerta de un conocido establecimiento hostelero, en pleno "Tubo" de Zaragoza, sobre una bandera nacional, por supuesto: "En esta taberna no se permite la entrada de separatistas, traidores y antiespañoles, este es un bar para personas". Más o menos este es el texto y, tras mi perplejidad porque este mensaje de odio siga exhibido públicamente contraviniendo la legalidad vigente, (supongo que no es un “cuartelillo” de verdad, pues aún sería más preocupante) me he tratado de explicar a mí mismo las razones para un resentimiento tan extraordinario.

Así que he recordado que los americanos no mataban a personas japonesas en la Segunda Guerra Mundial, acababan con "monos amarillos".

Asimismo, los japoneses tenían un absoluto desprecio por los pueblos conquistados a los que usaban como sacos de entrenamiento con las bayonetas, prostituyeron a miles de mujeres para entretenimiento de su ejército y produjeron masacres sin cuento por toda Asia, con el pleno conocimiento de los mandos imperiales, por supuesto.

Los nazis consideraban superior, según su ideario, a la "raza aria", por tanto sojuzgar a las otras “razas” para su expansión y colonización territorial era, para ellos, un "derecho natural" a otras directamente había, según su enfermizo programa, que eliminarlos físicamente lo que intentarían con un ímpetu qué, incluso, desvió muchos recursos que podrían haberse usado para la guerra, tal era su obsesión en este asunto.

Hay algo en común de este cartel, indicado inicialmente, y los ejemplos que inmediatamente después he expuesto: la deshumanización del diferente, del "enemigo", de "el otro".

Todas las religiones crean herejes para asentarse, elementos dañinos que impedirían el desarrollo de una sociedad ideal que, cumpliendo los preceptos marcados, llegaría a conseguirse.

La imposición de la ideología dominante, por ejemplo, en el Estado soviético, también adquirió tintes de una verdadera, cruel y extensa Inquisición, allí los herejes eran "contrarrevolucionarios" ya fueran estos reales o imaginarios.

En nuestro país, aparte del ejemplo puesto inicialmente, cabe recordar ese chat de antiguos militares, en el que un alto cargo retirado, indicaba que en este país "había que fusilar a veintiséis millones de hijos de puta"; pero lo peor es que una diputada de Vox, desde la tribuna del Congreso de los Diputados, corroboró esas palabras afirmando que la gente que esto afirmaba era "su gente".

Franco declaró a preguntas de un reportero que a cuántas personas habría que matar para que el Movimiento Nacional triunfara y afirmó "las que hagan falta".

Y este es un discurso fascista internacional.

El dirigente del partido Arena y coronel salvadoreño Roberto D'Abuisson, poco antes del asesinato de Oscar Arnulfo Romero y de los jesuitas españoles, mantenía que había que matar a "dos millones de malos salvadoreños", el país,  por aquel entonces, tenía unos dos millones y medio de habitantes.

Este, aparentemente, absurdo discurso es porque, para estos individuos, el bien superior es la "Patria", las personas son prescindibles si esa entelequia, en la que creen ciegamente, es "Salvada".

Lo peor es que este tipo de consideraciones que, con la democratización del país, creíamos superadas, están hoy, de nuevo, de plena actualidad.

Estas personas son también racistas.

No quieren que vengan refugiados que no sean rubios.

La miseria neocolonial, que las antiguas potencias han dejado en África, es algo que no comprenden, ni quieren hacerlo. África es rica pero está explotada por grandes empresas multinacionales, en connivencia con élites corruptas locales, que esquilman ese potencial sin dejar a sus legítimos propietarios, los habitantes de esos países, ningún valor añadido.

De ahí, también, el mayor sufrimiento asimismo de las consecuencias del cambio climático, que también niegan.

Y, también, las habituales "pequeñas" guerras olvidadas, que no son tan pequeñas, desde luego, para quienes las sufren.

Por supuesto, la opulencia occidental se consigue con la miseria de estos pueblos. Pero ellos desprecian a los inmigrantes, que además están cubriendo necesidades imperiosas en nuestra envejecida sociedad.

Su color y sus costumbres les son odiosos para el racista.

Las mujeres, en su deseo de superar el patriarcado imperante secularmente en nuestra sociedad, también son "feminazis" despreciables que sacan los pies del tiesto (o sea el lugar asignado para ellas por estos intolerantes que estarían encantados con la vuelta al ideal de la Sección Femenina).

También son objeto de sus iras: políticos de izquierdas, sindicalistas en general, homosexuales (a quién se le ocurre exhibirse y no permanecer en el armario) y, por supuesto, las víctimas del franquismo, que para estas gentes simplemente no existen.

Como dijo un diputado de Vox, Ortega Smith, "camisa vieja", en España se fusiló mucho pero "por amor".

Estas víctimas están señaladas en el cartel al que aludía al principio, son los "antiespañoles" pues así llamaban los asesinos del Movimiento a los que ejecutaban.

Las leyes de "concordia" anulan los pocos derechos que, después de más de 85 años, se habían logrado por parte de esas, insisto, para ellos inexistentes, víctimas del franquismo. Blanqueamiento del franquismo. El discurso del "todos hicieron cosas malas" de nuevo está entre nosotros, obviando que los restos de los muertos del llamado Movimiento Nacional ya fueron recuperados, hace decenios, al amparo de una ley ¡de 1940!

Hoy, además, los fascistas son ultraneoliberales. La Justicia Social (que aparecía en los idearios fascistas de los años 30) les resulta un robo, entonces tenían que convencer a un proletariado que era medianamente consciente de su realidad social, hoy no. Ahora, desde su absoluta intolerancia hacia todo lo que huela a "progresismo", quieren cobrarse el botín de haber ganado la guerra fría y este no es otro que acabar con él muy incompleto aún Estado del Bienestar. Quieren un mundo patriótico al máximo pero también absolutamente insolidario.

Una patria que se convertiría en una jungla.

Por otro lado, actitudes que creíamos, ingenuamente, superadas, vuelven por sus fueros: símbolos fascistas, desfiles amparados por el gobierno Meloni (ese que el PP quiere blanquear), manifestaciones en Ferraz con banderas y cantos franquistas (apoyadas también por este partido) y así mil ejemplos más.

No nos equivoquemos, aunque no vayan de uniforme al Congreso y ahora deban conformarse con pequeñas victorias en su "guerra cultural" contra la progresía, en cuanto toquen más poder, que no los quepa duda de que acabarán con todas las conquistas sociales que puedan.

Ese es su verdadero programa.

Una " patria" buena para las élites que puedan permitírsela, los demás firmes y cara al sol a recibir órdenes y migajas.

La tendencia de este extremismo en Europa es preocupante, también en Estados Unidos, sobre todo porque están convenciendo a un porcentaje muy importante de la población y consiguiendo afianzarse apoyándose en la derecha tradicional de orígenes democristianos.

Hay que ser conscientes del problema, no hay que dejar ninguna agresión sin respuesta.

Repotenciemos la democracia, hagámosla participativa, para volver a ilusionar a la gente con ésta.

El resentimiento, la falta de soluciones para la vida cotidiana es lo que están aprovechando para crecer estos nuevos fascismos que, por supuesto, no creen en los procesos participativos, solo los utilizan para lograr sus oscuros fines.

Nos jugamos el futuro, y no solo el de la democracia.

Veamos el ejemplo de Francia votando, en vez de a la República y sus valores, a la Francia de Vichy, refrendándola 85 años después. Los nazis siguen ocupándolos.

Las conquistas sociales no son inamovibles: no lo olvidemos.

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