Hastío

Llevaba meses sin escribir por hastío y me voy a explicar. Crees que por informar, contrastando la información, servirá para aleccionar, para enseñar, para distinguir la verdad de la mentira, para dar un humanismo tan necesario en la vida. Pero luego te das cuenta de que esto no sirve de nada. En el poder político, si es que existe, porque no neguemos que los políticos hace décadas están subordinados a un poder económico que les teledirige, se impone la línea más extrema (véase Trump, Milei, Orban, Putin, Le Pen y todos los hijos obedientes que conforman los grupos de extrema …

El “Yo” es sagrado: la pedofilia en al Iglesia

Llevaba meses sin escribir por hastío y me voy a explicar. Crees que por informar, contrastando la información, servirá para aleccionar, para enseñar, para distinguir la verdad de la mentira, para dar un humanismo tan necesario en la vida. Pero luego te das cuenta de que esto no sirve de nada.

En el poder político, si es que existe, porque no neguemos que los políticos hace décadas están subordinados a un poder económico que les teledirige, se impone la línea más extrema (véase Trump, Milei, Orban, Putin, Le Pen y todos los hijos obedientes que conforman los grupos de extrema derecha al que los gobiernos de varios países, supuestamente democráticos, se avienen para conformar gobierno; de eso sabemos en Aragón ahora). Y la pregunta que surge es qué mecanismo sociológico se produce en la sociedad para votar estas opciones.

Al igual que un machista surge de un miedo visceral a la mujer, por motivos variados que implican desde inseguridad o dudas sexuales, inferioridad intelectual o económica y, sobre todo, miedo de perder el control y poder sobre la mitad de la población, la misma idea ronda en los votantes de grupos políticos extremos. Perder el poder de vivir mejor que sus padres (a Vox le votan preferentemente jóvenes hombres), perder la sensación de triunfo social, perder el control de una vida que se esperaba brillante, triunfadora donde el materialismo, no el básico para vivir bien, sino el extremo te daba ¿estatus?

Hoy en día, nadie quiere ser obrero, pero lo son. El concepto “clase media” fue un trampantojo verbal que engañaba a la psique porque, en esencia, los trabajadores siguen siendo obreros con cada vez los derechos más limitados (que se lo digan a los argentinos) y con un encarecimiento de la vida que nada tiene que ver con unos sueldos estancados a lo largo de las décadas; añadamos a esto unos servicios públicos más infrafinanciados en el que cada vez nuestra distribución social se asemejará más a la de la Edad Media.

Yo, en los últimos meses tenía hastío de escribir por estar cansada de ver a la irracionalidad vencer y me imagino que buena parte de la sociedad vota opciones extremas por el mismo hastío de ver sus vidas empobrecidas sin darse cuenta de que atacan al enemigo incorrecto y alaban, cual becerro de oro, al que quiere someterlo a un servilismo vital e intelectual. Y, como siempre, las que más perderemos, y ya perdemos, serán las mujeres donde decir que eras feminista, como me ocurría a mí hace más de veinte años, servía para adjudicarte todos los epítetos que una sociedad patriarcal te suele dar.

¡Bienvenido Mister Trump y compañía! Se debería titular este período oscuro de unos tiempos donde todos terminaremos encerrados en una cabina de teléfono como le pasaba a José Luis López Vázquez y rememorando otra gran película de él, Atraco a las tres, diremos aquello de un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo ¿o no?

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