“Han faltado a su palabra”: vecinas y vecinos se plantan ante el muro del Huerva

Tras el rechazo de sus alegaciones, buena parte del vecindario afectado por la futura pasarela sobre el Huerva denuncia que el Ayuntamiento de Zaragoza ha incumplido los compromisos adquiridos con el barrio. Denuncian opacidad, decisiones unilaterales y un proyecto que consideran innecesario, costoso y perjudicial para sus viviendas.

Recreación del muro y sus dimensiones

Quienes viven en las inmediaciones de las calles La Luz, Viva España y Río Huerva han dicho basta. Tras semanas de reuniones, alegaciones formales y promesas incumplidas por parte del Ayuntamiento de Zaragoza, han difundido un comunicado en el que expresan su “profundo malestar y rechazo” ante la decisión del consistorio de mantener la pasarela proyectada, una infraestructura incluida en la segunda fase del plan de renaturalización de La Uerba, en aragonés, el Huerva, en castellano.

En el centro de la protesta está el incumplimiento, por parte del concejal de Urbanismo Víctor Serrano y de la presidenta de la Junta de Distrito Universidad, Paloma Espinosa, de la palabra dada en dos reuniones distintas con el vecindario. En una de ellas, Serrano y el equipo técnico se comprometieron a estudiar el cambio de ubicación de la pasarela para que la rampa de acceso no afectara directamente al portal nº 36 de la calle La Luz. Además, prometieron convocar una nueva reunión para explicar las posibilidades técnicas de esa reubicación. Espinosa también trasladó ese compromiso en el pleno de la Junta de Distrito Universidad celebrado el pasado 12 de junio. Ninguna de esas dos cosas ha sucedido.

Vista actual de la calle sin el muro proyectado

El Ayuntamiento de la capital ha respondido públicamente planteando como solución “bajar la altura o acortar la pasarela”, pero el vecindario insiste en que eso no resuelve el problema. Técnicamente, la estructura solo podría rebajarse 50 centímetros debido a las limitaciones marcadas por la Confederación Hidrográfica del Ebro, lo cual no evita ni el muro, ni la pérdida de vistas, ni la proximidad a las viviendas.

Desde el grupo vecinal recuerdan que estas alternativas ya fueron rechazadas en la reunión con Urbanismo. Cambiar el hormigón por metal, decorar el muro con plantas o acortar la estructura no resuelve el conflicto de fondo: que la pasarela ha sido diseñada sin tener en cuenta a quienes viven allí.

A este malestar se suma una preocupación que no han dejado de repetir: el riesgo de que la rampa actúe como un dique en caso de lluvias torrenciales. Tal y como está diseñada, bloquearía el paso natural del agua hacia el río, generando un embalsamiento que podría filtrarse en los garajes y portales del entorno. “Sería una catástrofe para nosotras”, advierte Paz, recordando que ya han vivido situaciones límite durante episodios de tormenta y que este muro de hormigón podría agravar de forma importante el impacto de futuras riadas.

Envista desde la ribera de La Uerba

Paz, una de las vecinas que participa en esta movilización, recuerda que aunque sean varias mujeres quienes están liderando la protesta, no son solo “ellas ni su edificio”. En sus palabras: “Somos una gran parte del barrio. Evidentemente somos quienes más directamente sufriremos el impacto, pero no somos las únicas. Cuando salimos a recoger firmas para las alegaciones, la mayoría del vecindario no sabía ni que iba a construirse una pasarela ahí. Y firmaban escandalizadas”.

Denuncian además que el propio concejal intenta desacreditarlas diciendo que la oposición viene solo de un bloque, cuando las firmas recogidas y el malestar expresado en el distrito apuntan a un rechazo más amplio. El barrio no ha sido informado ni tenido en cuenta.

El vecindario también desmonta otro de los argumentos esgrimidos por el Ayuntamiento de Zaragoza: la supuesta vinculación de la pasarela con los fondos europeos. Aclaran que no forma parte de los objetivos obligatorios del proyecto, ni mejora la movilidad —como se ha querido justificar— al haber cruces del río a menos de 150 y 350 metros respectivamente. “Nos parece un gasto innecesario que podría destinarse a necesidades reales del barrio”.

Por último, lanzan una advertencia: eliminar la pasarela no compromete los fondos europeos, ya que no está vinculada a ninguno de los objetivos obligatorios del proyecto. “Nos parece un gasto innecesario que podría destinarse a necesidades reales del barrio”. Lo que sí podría poner en riesgo esa financiación, insisten, es no respetar los procesos participativos: “Europa no va a permitir que no se respeten los procesos participativos. Eso es lo que puede poner en riesgo los fondos europeos”. Lejos de oponerse al conjunto del proyecto de La Uerba, el vecindario defiende una transformación del entorno que sea real, respetuosa y consensuada. Pero, como afirman en su comunicado, “no puede hacerse a costa de perjudicar a quienes vivimos aquí”.

Desde sus ventanas, desde los portales que pisan cada día, desde la certeza de saber lo que es habitar al lado del río, estas vecinas y vecinos no reclaman ni promesas, ni pasarelas, ni discursos técnicos: reclaman escucha, transparencia y respeto. Porque no hay regeneración posible si quienes viven los márgenes son ignoradas.

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