Altavoz

Garoña ni de coña

| 9 febrero, 2017 12.02

Es bien sabido que los humanos somos la única especie capaz de repetir errores una y otra vez y continuar por el mismo camino sin aprender de ellos.

Que las centrales nucleares son un peligro para la población, allá donde se ubican, creo que es algo de consenso que no admite muchas dudas. Solo hace falta recordar los gravísimos y perniciosos efectos que los accidentes de Chernóbil o Fukushima tuvieron para el medio ambiente, los habitantes y la economía de las regiones allá donde se asentaban.

De la misma manera, apoyar este tipo de energías altamente contaminantes, peligrosas para cualquier tipo de vida y con residuos de muy larga vida -hablamos de radiactividad-, es una sinrazón que solo se puede entender en esta economía de casino en la que habitamos y en la que lo que de verdad importa es eso tan conocido de “toma el dinero y corre” y que sean otros los que asuman las consecuencias.

Reabrir Garoña no es una decisión del Consejo de Seguridad Nacional (CSN), ellos se escudan en que solo emiten el informe favorable a su reapertura. Pero ese informe sí que fue propicio a alargar su vida por que una mayoría de sus miembros, salvo el voto contrario de la ex ministra de Medio Ambiente Cristina Narbona, así lo decidieron. Un informe que tiene un peso enorme a la hora de tomar la decisión, peso que viene avalado y empujado por el cártel de las eléctricas, sus tenaces lobbies y la prensa amiga que nunca ha dejado de apoyarlos.

Es evidente que sin ese informe favorable no sería posible reabrir la puerta a la prolongación del parque nuclear español hasta los 60 años y de darse el caso de que el Gobierno decidiera no autorizar su funcionamiento, sería la base perfecta para una posible querella de Nuclenor, empresa propietaria de la central de Santa María de Garoña y de la que son titulares Endesa e Iberdrola.

Desde que se cerró la central, creo que nadie es ajeno a los motivos de este cierre, ha pesado sobre los habitantes de la zona y de toda la cuenca del Ebro la espada de Damocles que nos advertía que su reapertura era posible. Esa amenaza parece que está mucho más cerca ahora que el CSN ha emitido su informe.

Enumerar los motivos por los que muchas nos negamos a su nueva puesta en funcionamiento y que son nuevamente denunciados por Ecologistas en Acción en su último comunicado pasan por:

Las malísimas condiciones de seguridad de la central, informes elaborados por los técnicos del propio CSN, que imponen un gran número de reparaciones.

El funcionamiento de la central supone un riesgo inaceptable al estar en la cabecera del río Ebro, por lo que un escape radiactivo sería catastrófico aguas abajo del río.

La radiactividad no conoce fronteras y los vientos dominantes empujarían la contaminación hacia el norte. Podría afectar al País Vasco, a Cantabria y quizá a Asturias.

Resulta materialmente imposible que los miembros del pleno hayan podido conocer y comprender en profundidad el contenido de los más de 160 informes que se han sometido a su consideración en una semana. No basta la opinión favorable de la dirección general, sino que los consejeros han de tener su propio criterio.

Una autorización no debería ser condicionada. Si la central no está en condiciones, no se debe autorizar su puesta en marcha. El CSN puede señalar las reparaciones necesarias y proceder a una nueva inspección para, en su caso, informar favorablemente.

Razones que ponen los pelos de punta, y que demuestran que peso tienen la salud, la seguridad de los ciudadanos o la defensa del medio ambiente en esa balanza en la que el contrapeso lo ponen las poderosas empresas eléctricas y los poderes políticos a su servicio.

La central de Garoña que inició su andadura en 1970 debería estar ya en proceso de desmantelamiento tras su cierre en 2012 según se dijo por motivos económicos.  Abrirla ahora requiere una inversión por parte de Nuclenor de más de 170 m/€, pero no nos engañemos el informe lo que avala es su reapertura, lo de invertir en su seguridad no es un paso previo, así que podría darse la paradoja de que primero se reabriera Garoña y que solo más tarde se emprendieran esas mejoras.

Garoña, su entorno y con ellos todos los habitantes de la cuenca del rio Ebro, entre los que se encuentran la red de ciudades afectadas: Bilbao, Vitoria, Burgos, Logroño, Pamplona y  Zaragoza entre otras deben de reclamar de forma conjunta la paralización de esa reapertura.

De ninguna manera el Gobierno puede tomar la decisión sobre si permite o no la reapertura de la central sin escuchar a las comunidades afectadas y a las organizaciones que defienden el medio ambiente. De hacerlo estaría sentando un peligroso precedente, ya que no sólo se avala que Garoña opere más allá de esos ya agotados 40 años de vida útil, sino que desligaría la revisión integral de seguridad de la central, que se realiza cada diez años, del aval para operar.

Como decía un peligrosísimo precedente, no nos va en ello solo el enriquecimiento de unos pocos, si se produce un accidente nuclear con fuga al río, éste afectaría a numerosos ecosistemas, huertas, industrias y poblaciones y como no se pondrían en grave peligro las vidas de los habitantes de las comunidades de Castilla y León, La Rioja, Navarra, Aragón y Cataluña, lo que es lo mismo que de toda la cuenca del Ebro.

Por eso se hace necesaria la presentación inmediata y urgente de una nueva moción contra la reapertura de Garoña en todos los Ayuntamientos afectados. El de Zaragoza ya lleva presentadas y aprobadas tres, la última en marzo pasado por Zaragoza en Común. No cabe otra opción, desde la cordura y el respeto a la vida no nos queda más expresar nuestro NO a la reapertura de la central nuclear de Garoña.

#GaroñaNiDeCoña

9 febrero, 2017

Autor/Autora

Feminista, ecologista, de izquierdas (@MaribelMtnez)


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