Frente al consumismo inconsciente, un día sin compras

El Día sin compras promueve desde sus orígenes, hace ya 24 años, un consumo responsable y consciente ante la cultura de despilfarro, endeudamiento y consumismo a la que incita el “viernes negro” y su agresividad publicitaria

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Foto: Puerto Venecia

Mientras los anuncios de televisión y los escaparates de las grandes cadenas comerciales bombardean con ofertas de "viernes negro" (Black Friday), una jornada internacional cuestiona el actual modelo de producción y consumo y apunta hacia un sistema que no nos hace felices ni está destinado a satisfacer necesidades.

La huelga simbólica de compradores se celebra cada año desde hace más de dos décadas, coincidiendo con una de las jornadas más consumistas en Norteamérica, el llamado "viernes negro". Es el día posterior al Día de Acción de Gracias, en el que se lanzan ofertas para incentivar las compras y disparar la campaña navideña.

Cadenas comerciales en el Estado español se apuntan a las promociones especiales. Les ayuda el mensaje oficial, empeñado en hacer creer a la ciudadanía que la recuperación llegará a través de la incentivación del consumo. Crecer y comprar, como si los recursos fueran ilimitados.

El Día sin compras critica, por el contrario, un modelo de producción y consumo a la medida de las grandes empresas y de sus objetivos de maximización de beneficios, en el que la mayor parte de los productos se fabrican en lugares y por personas que no podrán disfrutar de ellos. Miles de kilómetros de injusticia social con grandes impactos medioambientales llegan en forma de oferta en viernes negro.

En este sentido, y ya desde una perspectiva localista, cabe recordar que la tristemente importada costumbre de gastarse los cuartos sin necesidad en esta marcada fecha, beneficia siempre a las grandes cadenas y centros comerciales, que son capaces de movilizar a un mayor número de consumidores y consumidoras con mejores y más publicitadas ofertas, en detrimento de un comercio de cercanía y local cada vez más perjudicado.

En Aragón, y más concretamente en Zaragoza sabemos bien de esto. Mientras las rotondas cercanas a Puerto Venecia sufrirán el asedio de miles de coches, corriendo el peligro de quedar varados sin alcanzar su ansiada oferta, muchos negocios se ven con el agua al cuello. Otros hace tiempo que bajaron la persiana.

Zaragoza ya hace días que perdió la cordura en este aspecto. La superficie de grandes centros comerciales prácticamente se triplicó en la ciudad entre 2005 y 2011. De hecho es ya casi un 80% superior a la media estatal: 628 metros cuadrados de gran superficie comercial por cada 1.000 habitantes, siendo la ciudad con mayor concentración del Estado. Cuando sea construido mega outlet Torre Village, cada zaragozano y zaragozana podrá disfrutar casi de un metro cuadrado de gran superficie comercial.

La llamada a no comprar por un día es una manera de plantear un cambio de sistema, que no explote el planeta sino que esté en paz con él. La sostenibilidad socioambiental, el reparto equitativo de la riqueza, la solidaridad y las relaciones comunitarias de cercanía son principios que deberían marcar la salida de la crisis. La jornada busca que las personas consumidoras se planteen hasta qué punto necesitan y desean lo que compran.

Pero mucho más importante que el Día sin compras es el resto del año: 364 días de consumo consciente. Alternativas de consumo como los mercados sociales que han surgido en diferentes ciudades apuntan en esa dirección.

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