Francia: después de la tormenta, llega el naufragio

Finalmente el gobierno de Hollande ha aprobado la ley del trabajo a golpe de decreto. El país vecino celebrará elecciones la próxima primavera con un futuro muy incierto a la vista. ¿Qué sucederá con el Frente Nacional? ¿Conseguirán la Nuit Debout y los sindicatos crear una propuesta alternativa? Éstas son algunas de las preguntas que tratamos de respondernos en este artículo.

Manifestación contra la reforma laboral francesa el pasado mes de abril. Foto: Jules78120.

La tormenta

El pasado mes de julio el gobierno socialista de Françoise Hollande con Manuel Valls a la cabeza, aprobó la controvertida ley laboral que ha conseguido poner en pie de guerra a gran parte de la sociedad francesa.

La llamada ley Khomri que implica una fuerte reducción de la capacidad de resistencia de la clase obrera y que acaba con un hito de las conquistas sociales en Francia, la jornada laboral de 35 horas, salió aprobada el pasado mes de mayo en la Asamblea Nacional por la vía impositiva gracias al artículo 49.3. Mediante esta disposición el ejecutivo socialista evitaba una votación en un parlamento en el que no tiene mayoría y en el que algunos de los propios representantes socialistas no apoyaban el nuevo marco legal laboral. La ley Khomri pasó entonces al Senado donde la oposición en sus múltiples formas ha realizado más de mil enmiendas, para volver a la Asamblea Nacional más tarde y ser aprobada nuevamente gracias al artículo 49.3.

Mientras eso transcurría, las manifestaciones del movimiento de la Nuit Debout y los sindicatos franceses mayoritarios se sucedían en las calles, con las estadísticas confirmando la escasa popularidad de la reforma laboral. Más de un 70 por ciento de los ciudadanos franceses están en contra de una ley que no dista demasiado de la redactada por el Partido Popular en el año 2012.

Ante la protesta social el gobierno decidió actuar empleando la fuerza y amparándose en el estado de emergencia declarado por él mismo para responder a los atentados yihadistas ocurridos en el país durante los últimos tiempos. Eso a efectos prácticos supone  por ejemplo, un fuerte despliegue de policías y militares en las calles de las principales ciudades de Francia o la ordenación desde el gobierno de registros domiciliarios. La última vez que el estado de emergencia fue declarado en Francia (aunque no en la totalidad del territorio) fue en el año 2005 cuando se produjeron fuertes disturbios en las banlieures.

¿Se puede aprobar una ley en contra de la cual están 7 de cada 10 francesas  ? En las democracias neoliberales quienes gobiernan únicamente deben rendir cuentas con los ciudadanos cuando hay citas electorales. Veremos pues, como responde el pueblo francés en los comicios presidenciales del país fechados para el 23 de abril (primera vuelta) y para el 7 de mayo (segunda vuelta). De momento, un Partido Socialista en sus horas más bajas  ha convocado elecciones primarias entre los días 22 y 29 de enero.

Hollande podría en esa fecha intentar convertirse de nuevo en candidato electo, sin embargo, el actual presidente francés no contará en esta ocasión con la patina de la que gozaba cuando fue elegido máximo dirigente del país. Por aquel entonces se le veía desde Europa como la esperanza para poner freno a las políticas de austeridad dictadas desde Bruselas y Berlín. Él, junto con Renzi en Italia, Hollande ha sido el artífice del desmoronamiento de las izquierdas socialdemócratas en el Viejo Continente y uno de los mayores responsables de la humillación infringida sobre la soberanía de Grecia.

Es probable que en un futuro, cuando le pregunten a Angela Merkel cuál fue su mayor logro político en Europa, parafraseando a Margaret Thatcher, diga: Françoise Hollande.

El naufragio

Europa ha perdido un referente político de izquierdas que como ya han hecho otros tantos partidos del entorno y su misma ideología en las últimas décadas, ha virado de la tesis socialdemócratas hacia el socioliberalismo. Para el PSF, a efectos prácticos, eso significa perder su sustrato de votantes proletarios para convertirse en un partido de la clase media liberal (algo que sucederá en España cuando el PSOE pierda el gran sur). Una estrategia beneficiosa en tiempos de bonanza económica pero muy limitante en períodos de crisis.

La otra cara de esta derivada política tomada por Hollande (que ya tomaron Schröder en Alemania y Blair en Gran Bretaña), no es otra que el crecimiento del Frente Nacional de Marine Le Pen. En Francia cada vez es más constatable una mayor simpatía de una clase obrera sin referentes hegemónicos hacia el partido ultraderechista y xenófobo. Más cuando el Frente Nacional ha asumido las bases de la protesta contra la reforma laboral e incluso ha intentado llevar a cabo acercamientos al movimiento Nuit Debout que han resultado infructíferos.

Obviamente el naufragio de Francia no puede explicarse sin tener en cuenta el choque abierto entre los franceses musulmanes y los no musulmanes; éste siempre bien atizado por la retórica fascista de Le Pen. Se trata de un problema sociológico que aunque algunos tratan de enfcar como un choque cultural, tiene sus raíces en la exclusión que vive una minoría en las llamadas banlieures.

La amenaza está clara: la fractura de una república, en este caso la V, cuyo proyecto estaba fuertemente enraizado en las conquistas sociales de la clase obrera, pero que no ha podido extender estas conquistas a los verdaderos parias, los migrantes ni a los jóvenes. En honor a la verdad, debemos decir que el ataque al edificio social francés se inició con Sarkozy y sus intentos de desmitificar el mayo francés en favor de un estado neoliberal de tomo a lomo.

 ¿El naufragio?

La reacción por la derecha que el viraje hacia el socialiberalismo del PSF ha supuesto con el crecimiento del Frente Nacional, tiene su parangón positivo por la izquierda: la Nuit Debout y el enfrentamiento de los sindicatos mayoritarios a la Ley Khomri.

Podemos hablar de cierta esperanza de cambio en estos dos agentes que pese a tensiones aún permanecen unidos. Cabe recordar que a diferencia de España donde las agrupaciones de trabajadores en los últimos tiempos han ejercido un papel negociador con y para el poder político, en Francia los sindicatos han entrado en conflicto directo con el gobierno. Por su parte, la Nuit Debout está muy lejos de articular una propuesta partidista al modo de Podemos en España.

Además de esto, no podemos perder de vista el poco seguimiento que las luchas contra la reforma laboral están teniendo en los barrios marginales del país donde las cifras de abstención son altísimas. Francia tiene fuertes rémoras de su pasado colonial que dirimir, con tal de que los migrantes se sientan incluidos en cualquier propuesta política, sea de izquierdas, derechas o centro.

Queda poco tiempo para salvar las naves. Poco tiempo entre el presente y las elecciones presidenciales francesas. Demasiado poco tiempo para que el movimiento de indignación y cambio pueda convertirse en algo más que una propuesta contestataria. Y todo esto teniendo en cuenta que el futuro para las trabajadoras francesas se vislumbra con la nueva ley del trabajo, muy negro.

Autor/Autora

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de nuestra política de cookies, pincha el enlace para más información.

ACEPTAR
Aviso de cookies