Las jornadas jornadas “Feminismos para construir un futuro” nacen como un espacio de reflexión política, debate y alianzas en un contexto marcado por el avance reaccionario y el retroceso de derechos. Desde AraInfo | Diario Libre d’Aragón charramos con tres de sus organizadoras, Bertha, Julia y Esther, sobre por qué ahora, qué feminismos consideran necesarios y qué esperan que se lleve la gente que participe.
¿Por qué consideráis que estas jornadas ahora, coincidiendo con el avance de la ultraderecha y el retroceso de derechos, son necesarias?
Bueno, llevábamos varios meses dándole vueltas, porque el avance de la ultraderecha no es una cosa que surge ahora, sino que es el contexto de los últimos años. Formamos parte del Paraguas Feminista y queríamos aportar un espacio de reflexión feminista amplio, que pueda activar a los feminismos de la ciudad.
También porque somos colectivos afines políticamente, que tenemos una base de reflexión de un feminismo que es antirracista, que está por los derechos de todas las mujeres y personas, de las disidencias más excluidas y que cree en ampliar esos márgenes incluso del imaginario más feminista mainstream. En enero nos parecía una buena fecha porque queremos que sea el punto de partida para poder empezar a construir juntas, no solo el 8M como fecha, sino como una apuesta feminista de la ciudad. Ahora, en enero, creíamos que era el buen momento para arrancar como un proceso más movimentista, no solo pensando en la fecha concreta.
Creemos que ha habido un encapsulamiento del feminismo en los últimos meses o incluso años recientes, en márgenes cada vez más estrechos. Esto es lógico, porque ha habido una crisis de una ola de los movimientos sociales y al feminismo también le ha afectado. Aunque sigue teniendo un enorme poder de convocatoria y vemos que los 8M siguen siendo masivos, no es el movimiento ultraparticipado que era hace seis o siete años. Romper ese encapsulamiento y poner encima de la mesa que el feminismo es una cosa más amplia, que no es una cuestión estrictamente identitaria, sino que tiene un proyecto político mucho más transversal, importante y necesario para un montón de cuestiones, es algo que hemos intentado reflejar en el programa.
Las jornadas abordan trabajo sexual, antirracismo, anticolonialismo o cuidados. ¿Qué lugar ocupa la interseccionalidad en la propuesta política del encuentro?
Creemos que hay un sistema mucho más grande que el patriarcado que oprime a los cuerpos diversos. Eso incluye un sistema racista, colonial y profundamente capitalista. Estando en el Estado español, nos parece obligatoria una reflexión sobre lo que implica la colonialidad en la construcción del sistema económico, de las vidas.
Precisamente por eso planteábamos estas jornadas, porque creemos que no se puede hablar de derechos ni de construir una alternativa sin evidenciar cómo funcionan esos sistemas, cómo se interrelacionan y cómo operan en la vida real, en la vida cotidiana de las personas. No se puede hacer una reflexión del feminismo sin hacer estos análisis.
Si no, se vuelve impotente, porque no está abordando el trasfondo de muchas de las problemáticas que afectan a los cuerpos y a las vivencias de las personas, que llamamos patriarcado, pero que en realidad está inserto en una cuestión mucho más amplia.
En la vida real no se dan ni las opresiones ni las luchas tan separadas. Para entender la realidad tienes que cruzar cuestiones de clase con cuestiones de raza, en el momento superracista que vivimos, con cuestiones de género. Si no, tampoco la puedes comprender.
Además, los feminismos migrantes, los feminismos del sur global, están haciendo aportaciones muy valiosas. Al pensar los temas de las mesas iban surgiendo de forma natural, y nos hemos encontrado con ponentes de muchos lugares geográficos, étnicos y políticos, muy vinculadas a esos aportes y a salirnos del marco eurocentrado.

¿Qué retos creéis que tienen hoy los feminismos en el contexto político actual?
Tiene que ver con cuáles son los retos del momento actual. No es tanto el auge de la extrema derecha como algo reciente, sino cuál es el panorama político y social en el que nos encontramos y qué respuestas tenemos que buscar.
Un feminismo que permanezca ciego a ciertas cuestiones es un feminismo inútil para el momento político actual. Inútil para dar una respuesta y una propuesta de vida buena y deseable, no solo a las mujeres que sufren determinadas opresiones, sino al conjunto de nosotras.
Ahí se plantea una apuesta por una política de alianzas y por entender que la propuesta que tiene que surgir desde los feminismos debe ser capaz de relacionarse con la realidad que existe.
Habláis de “sostener la vida como horizonte de lucha” ¿Qué críticas al sistema atraviesan esta idea?
Sostener la vida como horizonte de lucha tiene que ver con muchas cosas, pero especialmente con la economía de los cuidados, con la reproducción social, con el trabajo y el cuidado. El capitalismo funciona sobre los hombros de muchas mujeres, que trabajan gratis o con trabajos infrapagados cuidando de la sociedad. Y cuando esos trabajos son pagados, están desvalorizados.
El cuidado mantiene la economía. Sin el cuidado de la vida, la vida no funciona, ni a nivel de personas, ni del entorno, ni del cuidado comunitario o institucional. Poner todo esto sobre la mesa es fundamental.
Yo creo que ha habido una idealización de los cuidados tal y como existen en la sociedad actual, incluso desde el feminismo. Discursos de “vivan nuestras abuelas porque cuidaban”. La mesa, por ejemplo, lo que hace es desromantizar eso y visibilizar que realmente es un trabajo y que hay que organizarlo socialmente.
Las personas organizadas en estos sectores tienen propuestas muy potentes sobre modelos alternativos de organización de los cuidados: reparto social de los cuidados, reconocimiento, creación de cooperativas de trabajadoras del hogar contratadas por lo público, garantías de empleo y de derechos. Hay propuestas muy interesantes para empezar a pensar a partir de ellas.
En esa mesa participa también Regularización Ya!. ¿Por qué era importante incluir esa mirada?
Porque esa mesa también hace un análisis no solo de la feminización del trabajo, sino de la racialización del trabajo. De cómo está organizada la sociedad en base a qué cuerpos les tocan qué trabajos y en qué condiciones.
Tiene que ver con una mirada racista de cómo se organiza la sociedad, incluso con la deshumanización y animalización de las personas. Por eso invitamos tanto a trabajadoras del hogar como a una compañera de Regularización Ya!, que es un movimiento potente que está poniendo esta reflexión en la mesa.

¿Qué papel juegan los movimientos sociales y los colectivos de base frente a feminismos más institucionalizados?
Creemos que estos colectivos están haciendo una reflexión mucho más profunda e interesante sobre los cruces de opresión y sobre las alternativas de resistencia y de construcción de vida.
Los colectivos racializados de mujeres trabajadoras, personas trans, trabajadoras sexuales están ayudando a expandir la mirada del feminismo. Hay un feminismo más institucional que se queda en una lógica muy reducida de cómo oprime a un sujeto mujer muy concreto. Los colectivos de base están haciendo una mirada más amplia tanto de las opresiones como de las alternativas.
¿Qué diálogo y alianzas queréis propiciar con estas jornadas?
El programa es bastante claro. La idea es pensar con los sectores y con la gente que sí está ofreciendo miradas útiles y que suponen un avance en derechos para todas.
También nos parecía muy importante generar un espacio atractivo para personas que han participado en espacios feministas en los últimos diez años pero que ahora participan menos o se desactivaron después de la pandemia. Que puedan venir, les apetezca y salgan con ganas de volver a activarse, de volver a organizarse en asambleas y espacios colectivos.
Uno de los objetivos centrales es removilizar, no solo de cara al 8 de marzo, sino con continuidad.
¿Cómo se sostiene la esperanza sin caer en un discurso vacío?
La esperanza no se sostiene, se construye. Cuando tienes una esperanza que no está construida sobre nada, es casi una fe. Pero cuando hay una construcción colectiva, quien ha participado en una experiencia colectiva potente lo entiende.
El propio proceso de lucha y de construcción genera esperanza y confianza en las propias fuerzas. Hay un descubrimiento de las propias fuerzas cuando estamos juntas. No es una suma, es una multiplicación. Se construye algo nuevo, y de ahí nace la esperanza.
Removilizar la esperanza tiene que ver con volver a ponernos en común y crear una construcción colectiva que la haga posible.
¿Qué os gustaría que se llevara la gente que participe en las jornadas?
Nos gustaría que se llevaran muchas cosas. Por ejemplo, un libro que vamos a presentar: "Trabajo sexual con derechos", del sindicato OTRAS, editado por Traficantes de Sueños. Es una propuesta de proyecto de ley para la despenalización del trabajo sexual y su inclusión en el derecho laboral y la seguridad social, desde los derechos humanos y la justicia social.
También que se lleven el ejemplo de colectivos que ya están haciendo cosas: el sindicato OTRAS, Regularización Ya!, que ha llevado una ILP al Parlamento con más de 700.000 firmas, o Alkarama, mujeres feministas palestinas de la diáspora que denuncian, resisten y construyen alternativas.
Queremos romper con una mirada compasiva. La compasión no es política. Lo que necesitamos es política, participación activa, alianzas activas, reconocernos como sujetas políticas.
Y que lo que se genere en las jornadas no se quede en casa, sino que vaya a colectivos, organizaciones, manifestaciones y luchas concretas.
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