Extendamos la Huelga de Cádiz por toda España

Ir a la huelga no es una decisión fácil ni agradable para ningún trabajador. Una huelga supone pérdida de dinero, tensiones con los compañeros, con la familia, posibles represalias laborales o incluso policiales y penales. Si la actitud de la plantilla en huelga es firme y decidida, como es en el caso de Cádiz, a todas las anteriores desventajas debes añadirle que te acusarán de violento, responsable único y caprichoso de las afecciones que pueda tener la huelga. En una semana, los huelguistas de Cádiz han sido acusados de provocar la suspensión de intervenciones quirúrgicas e incluso de que una …

gobierno París

Ir a la huelga no es una decisión fácil ni agradable para ningún trabajador. Una huelga supone pérdida de dinero, tensiones con los compañeros, con la familia, posibles represalias laborales o incluso policiales y penales.

Si la actitud de la plantilla en huelga es firme y decidida, como es en el caso de Cádiz, a todas las anteriores desventajas debes añadirle que te acusarán de violento, responsable único y caprichoso de las afecciones que pueda tener la huelga. En una semana, los huelguistas de Cádiz han sido acusados de provocar la suspensión de intervenciones quirúrgicas e incluso de que una mujer tuviera que dar a luz en una ambulancia.

Pero ocurre que el IPC está por encima del 5% y la FEMCA, patronal del metal en Cádiz, apenas ofrece poco más de un 1% de subida salarial. Y como la provincia de Cádiz es una de las de mayor paro en España, ese es el único sueldo que entra en muchas casas. Ocurre que los precios están disparados y los trabajadores tiene que hacer cuentas desde primeros de mes, y con la propuesta de la patronal de pérdida de un 4% de poder adquisitivo, muchos tendrían que seguir privándose de algunos gastos que no son caprichos precisamente.

Ocurre que la patronal amenaza con que si no firman habrá empresas que cierren, como va a hacer Airbus. Ocurre que llevan mucho tiempo sometidos a la falta de futuro, a la presión, al miedo, a no pillarse la baja o las vacaciones o a fingir que el accidente laboral te lo has hecho en casa por miedo a que los despidan. Ocurre que están hasta las narices de estar sometidos a una violencia estructural y silenciada por las empresas de comunicación.

Por todo ello mi apoyo es incondicionalmente a los trabajadores del metal en la provincia de Cádiz que luchan por un convenio justo. No podemos permitir que deslegitimen la única manera de conquistar derechos de la clase trabajadora que son las huelgas y la lucha. Violencia es su precariedad, los despidos, la pérdida de poder adquisitivo y pretender que lo sufran ignorados y en silencio. La única responsable de las afecciones de la huelga es la patronal del metal y su avaricia.

No debemos olvidar que los derechos que todavía tenemos han sido conquistados en huelgas como la que en estos momentos están llevando a cabo los trabajadores del metal en la provincia de Cádiz. Quieren criminalizarlos para que rechacemos y renunciemos al único mecanismo que tenemos para conquistar y defender nuestros derechos.

Mi apoyo a estos trabajadores en huelga no es sólo por solidaridad, también por defensa propia. En esta huelga no está solo en liza el convenio del sector del metal de la provincia de Cádiz, como siempre esta lucha es una más de una cadena histórica. Su victoria o derrota situará en peor o mejor condición las futuras luchas que vendrán.

En un contexto de inflación disparada, la vinculación del salario al IPC ha sido la causa principal de la huelga de Cádiz pero también de otros muchos conflictos laborales existentes o que aparecerán próximamente. A lo largo de la historia, la alta inflación siempre se ha vinculado a a periodos de huelgas y luchas, así que es previsible el incremento de la conflictividad laboral.

Una vez expresado nuestro apoyo sin fisuras a la huelga de Cádiz, la otra tarea de la izquierda es tratar de extender la huelga del metal en Cádiz a todos los sectores y a toda España. De lo contrario, el coste de la inflación lo pagaremos la clase trabajadora mientras el capital incrementa su tasa de beneficio al poder vender más caro pero sin ver incrementado sus costes laborales.

Cada huelga se materializa en una reivindicación concreta, en este caso un convenio justo, pero por su naturaleza va más allá. Cada huelga recuerda a los empresarios que no son ellos los que generan la riqueza, recuerda a los capitalistas que no son ellos los dueños. Cada huelga recuerda a los obreros que su situación no es tan desesperada que no están solos, que tienen por ese instante el poder. Cada huelga sitúa un horizonte infinito en la cabeza de los trabajadores, por eso las criminalizan y las temen tanto.

Las huelgas exigen sacrificio, a veces se pierden, pero todas son una oportunidad para explorar ese horizonte infinito que eleva la reivindicación concreta al plano político. Las barricadas cortan calles pero abren caminos, necesitamos audacia para transitarlos, será ya el propio caminar quien enseñará que no hay posibilidad de una vida digna dentro de este régimen. La primera tarea para ello es extender el conflicto, que toda España sea como la bahía de Cádiz. Los motivos sobran, la inflación está disparada y cada día cuesta más vivir pues los sueldos no suben como los precios. Como a lo largo de toda la historia, la clase trabajadora no tenemos otro camino que la movilización. Para conquistar derechos y para que no nos arrebaten los que en anteriores huelgas se conquistaron.

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