Europa quema a diario 19 millones de botellas de aceite de girasol y de colza como combustible para automóviles

Ucrania abarca el 40% de las exportaciones mundiales de aceite de girasol y es el mayor proveedor de aceite de colza para Europa

Foto: Agencias

Europa quema cada día más de 17.000 toneladas de aceite de girasol y de colza como combustible —el equivalente a 19 millones de botellas—, según señala un nuevo estudio de Transport & Environment apoyado por ECODES dentro de la campaña #FoodNotFuel. Es una de las causas del incremento de los precios de estos productos y de su escasez en los supermercados tras la invasión rusa de Ucrania. Por ello, ambas entidades realizan un llamamiento a los gobiernos para que den prioridad a los alimentos frente a los combustibles y para que acaben de inmediato con el consumo de biocombustibles producidos a partir de cultivos alimentarios.

En este sentido, Lucía Rúa, responsable de proyectos de ECODES, señala que "en la actualidad, el 18% de la producción mundial de aceite vegetal se destina al biodiésel, aunque casi toda esta producción es apta para consumo humano. En los últimos años, Europa ha dedicado a la combustión en coches y camiones el 58% del aceite de colza y el 9% del aceite de girasol que se consumen en la región. Pero en tiempos de escasez es imprescindible primar los alimentos sobre los combustibles".

Ucrania abarca el 40% de las exportaciones mundiales de aceite de girasol y es el mayor proveedor de aceite de colza para Europa. Las existencias de aceites vegetales están bajo una enorme presión por la imposibilidad de sacar mercancías de Ucrania y, en consecuencia, los precios se han multiplicado hasta por 2,5 en comparación con otros años. En Alemania, por ejemplo, los aceites de cocina se encuentran entre las seis categorías de alimentos que han experimentado un mayor incremento de precio.

La inflación de los precios de los alimentos está empujando a millones de personas en todo el mundo a la pobreza. T&E y ECODES ya informaron de que Europa consume a diario 10.000 toneladas de trigo como combustible para alimentar a los automóviles, lo que aumenta la presión sobre países como Egipto, altamente dependiente de las importaciones. La situación ha empeorado en las últimas semanas, ya que los gobiernos de todo el mundo están imponiendo restricciones a las exportaciones de ciertos cultivos alimentarios esenciales, como los aceites.

Hace poco, Indonesia prohibió temporalmente las exportaciones de aceite de palma a fin de estabilizar los precios en el mercado local, mientras que Europa dedica considerables cantidades de aceite de palma (el 50% de la palma consumida en Europa) y de aceite de soja (el 32%) a la combustión de coches y camiones.

Los gobiernos europeos han utilizado leyes de combustibles "verdes" para impulsar artificialmente la demanda de los biocombustibles procedentes de cultivos. Eso significa que disponen de las herramientas necesarias para revertir la situación. La legislación debería suprimir las ayudas para los biocombustibles de cultivos alimentarios de forma inmediata y contribuir a impedir una catástrofe alimentaria mundial creciente", prosigue Rúa.

Hoy por hoy, la Unión Europea promueve los biocombustibles de cultivos alimentarios mediante la legislación comunitaria sobre combustibles verdes —la Directiva de Energías Renovables (RED, por sus siglas en inglés)—, una postura que ECODES rechaza frontalmente.

El tope actual para los biocombustibles procedentes de cultivos está fijado en los niveles de 2020, con un máximo del 7%. Aunque está previsto suprimir las ayudas a los biocombustibles producidos a partir de aceite de palma en 2030, ECODES junto con Transport and Environmnet y otras ONG Europeas, han hecho un llamamiento a los legisladores para que dejen de apoyar todos los biocombustibles de cultivos alimentarios de manera inmediata.

Los líderes del G7 se reúnen hasta este miércoles en Alemania para debatir, entre otras cosas, la seguridad alimentaria mundial. Es probable que varios países europeos se muestren a favor de algún tipo de restricción a los biocombustibles derivados de cultivos alimentarios, en contra de la postura de Estados Unidos, que está presionando para aumentar la producción de biocombustibles. "Confiamos en que Europa tome el camino adecuado y, en un momento como el actual, ponga la seguridad alimentaria de sus ciudadanos por encima de cualquier otro tipo de interés", concluye Rúa.

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