Despreciando, muy en su línea, cualquier norma de derecho internacional, el estado sionista de Israel, claramente filonazi, atacó a Irán el pasado viernes, bajo cobertura logística y la inteligencia estadounidense y del Reino Unido, distintos objetivos sensibles causando centenares de víctimas civiles entre muertos y heridos. Una nueva línea roja fue cruzada por el gobierno sionista de un presidente que tiene como retrato de cabecera a un tal Adolf Hitler: el ataque deliberado a las instalaciones nucleares iraníes con su potencial bélico, sin importarle nada las posibles consecuencias radiactivas hacia la población. Despreciando cualquier dictamen del derecho internacional, incluso las advertencias de la ONU.
Es evidente que, Netanyahu, su gobierno y actuaciones nazis de los últimos años, necesitan una ampliación del conflicto, la escalada bélica para sobrevivir políticamente, además de hacerlo sin pasar, temprano o tarde, por la cárcel de un nuevo Núremberg. Le importa poco su pueblo, mucho menos el iraní, y, nada, que esta escalada pueda conducir al mundo a una tercera guerra mundial. Es eso lo que busca.
Estos son los hechos. Nada sorpresivos, por otra parte, en la actuación continuada de un estado judío que, ha ido abandonando su condición de víctima del Holocausto para actuar, en una especie de noria Brechtiana, de verdugo genocida de otro nuevo en el que las víctimas son los palestinos. Durante setenta y siete años, el estado judío, cada vez más entregado al sionismo (ideología que relaciona el pueblo “elegido” y su potencial económico con doctrinas nazis sin paliativos), se ha ido construyendo bajo el dictado del látigo y de la fuerza. Su presencia en la región semítica (así son, además de los judíos, los palestinos, libaneses o buena parte de sirios) robando tierras, matando civiles, extorsionando a pueblos, se ha ido asentando bajo la filosofía del poder omnímodo de su potencial bélico.
Hasta llegar a los extremos actuales, que no son peores, sino más ampliados, de los que, a lo largo de siete décadas, ha construido en la región: ocupación territorial, bombardeo sistemático, asesinatos selectivos y múltiples o el actual genocidio planificado de los genuinos propietarios de una tierra robada desde 1945 (bajo el mandato británico de Palestina), pasando por su independencia en 1948, hasta el flagrante desvalijamiento de terrenos en los últimos años en Cisjordania.
Y todo esto se ha podido ejecutar bajo tres premisas fundamentales: La explotación calculada y victimista por parte del sionismo internacional de una realidad: el Holocausto nazi.
La necesidad por parte de Estados Unidos, luego de toda la OTAN, de disponer de un enclave geoestratégico en Oriente Medio que ayudaría a controlar el potencial económico de la región: Israel. Si para ello, este estado tenía que matar, bombardear, robar, apoderarse de territorios nuevos o ejercer de matón en la región, la bendición estaba dada por todo el mundo llamado occidental: Estados Unidos, los países de la OTAN, el Vaticano… Bendición y bula para cualquier tipo de horror que cometiera. No hace falta ir a los parámetros genocidas actuales, recuérdese Sabra y Chatila, las invasiones del Líbano, la apropiación de parte de Siria, la explotación y robo descarado del agua en la zona, el muro cercando Gaza, la vulneración a todas las resoluciones de la ONU sobre la zona y el desprecio a la Corte Penal Internacional.
Un proceso con el que se ha convertido en el estado militar por excelencia. El gallito nuclear al que se le permite todo bajo la narrativa moral prefabricada de su necesidad a “defenderse”. Un rearme militar de tal calibre, que le permite asesinar, indiscriminadamente (periodistas, médicos, políticos, científicos, maestros, niños, mujeres), para convertirse en el estado número 51 de los EEUU. O, ¡quién sabe si los USA son, actualmente, la franquicia del estado sionista de Israel a causa del inmenso peso económico del “lobby” sionista!
Y, ahora, esta guerra contra Irán provocada por Israel en un intento de arrastrar a ella, y bajo la bandera de la estrella gamada, a Europa y a los Estados Unidos.
Cuando, en un escenario geoestratégico muy distinto, forzado por la OTAN y por el estado filo-fascista de Kiev (nacido, no lo olvidemos, la Historia está ahí, de un golpe de estado), la Federación rusa invadió Ucrania, la Europa de Bruselas, la organización ofensiva OTAN, Estados Unidos, el llamado Occidente al completo, se apresuró a condenar, a sancionar a todos los niveles (militar, económico, diplomático, judicial) a Rusia. Y continuar, en tierras ucranianas, una guerra entre la OTAN al completo, liderada por Estados Unidos, contra la federación rusa. Comenzaba un experimento bélico de la OTAN y USA para debilitar a Rusia y, de paso, a China, experimento de generales desocupados con muertos ucranianos y rusos. Por esta vez, en la enésima guerra de los Estados Unidos, no habría ataúdes bajo la bandera de las barras y estrellas. ¡Formidable!
Hoy, cuando un gobierno claramente nazi, expansionista, genocida, ataca bajo pretextos que no servirían ni siquiera siendo ciertos, mucho menos falsos, Europa, Estados Unidos, el mundo que se denomina Occidental, no condena. Y, si lo hace, es para meter a los dos contendientes en el mismo saco y amplificar los fallecidos civiles en la contestación iraní, ocultando los asesinados en los bombardeos israelíes. A pesar de la amenaza que el tándem Israel-Estados Unidos supone para la convivencia mundial, Europa calla, no sanciona, no rompe relaciones con ese estado nazi. No solo eso, parte de la Europa de Bruselas, o prima hermana de ella, ayuda al sionismo en el conflicto, descaradamente (inteligencia británica, alemana y francesa).
También la prensa, como en el conflicto de Ucrania, se pone, cínicamente, al lado de un estado genocida. Recuerda el hecho histórico de la guerra entre Pedro I y su hermanastro, Enrique de Trastámara. Bertrand Duguesclin, mercenario al servicio del Trastámara, sujetó a Pedro I para que Enrique pudiera apuñalarlo a placer mientras exclamaba “Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor”. Evidentemente, esta prensa que desinforma ayuda a su señor que no es otro que el financiero de los intereses norteamericanos e israelíes.
Sin embargo, hoy, la invulnerabilidad y la inmunidad israelí debida al paraguas protector del imperio, a su fuerza militar descomunal incluyendo la nuclear, se está resquebrajando. Países que aspiran a tener peso en el concierto mundial, y que lo tendrán por fuerza, por derecho o por ambas cuestiones, le están haciendo ver que aquella impunidad para todo, similar a la de nuestro “campechano”, no es universal y que sus actos pueden tener consecuencias.
Por primera vez, misiles (que no cohetes de feria) caen sobre Israel, sobre Tel Aviv de la misma manera que lo hacen sobre Teherán. Se ha roto el mito de la seguridad, de la impunidad, de la inviolabilidad. Es cierto que el régimen de Teherán no representa una democracia, cierto que tiene ribetes de dictadura, pero no más que la que tienen otros estados de la zona como Arabia Saudí, Qatar, Kuwait, Siria, Emiratos o el propio estado judío con una democracia formal aparente y una dictadura nazi en la realidad. Y, aunque sea cierta la falta de libertad en Irán, en cuestión de derecho internacional no dejan de ser exactas las tropelías israelíes, las nuevas vulneraciones de cualquier norma de derecho por parte de Netanyahu y de su gobierno sionista.
Por primera vez, otros protagonistas de la zona quieren tener voz en el sempiterno conflicto del matón nuclear judío. Voz y razones innegables. La de Pakistán se escucha, también la advertencia de China, si Israel traspasa la última línea roja, la nuclear, o la llamada entre Putin y Trump avisando a este último de las consecuencias de su paraguas protector ilimitado al estado filonazi de Israel. Interlocutores nuevos hablan al tiempo que los habitantes de ese estado colocado con fórceps en 1948, sufren una mínima parte de lo que dos millones y cuarto de gazatíes han sufrido y sufren. Nunca será solución exclamaciones del tipo de “donde las dan, las toman”, pero sí que son harto elocuentes.
Los europeos de buena fe seguimos esperando coherencia en Bruselas, seguimos esperando que el rasero sea, para todos, igual. Seguimos esperando que se cuartee el rostro de cemento armado de la mayor parte de nuestros dirigentes europeos. Seguimos esperando que Europa tenga voz propia sin que sea un Bertrand Duguesclin al servicio de los Estados Unidos y de su franquicia israelí. Y para eso, entre otras cosas, hace falta abandonar una OTAN trasnochada y al servicio, no de Europa sino de intereses espurios, abandonar el espíritu del rearme que solo quiere beneficios a costa de las armas y afianzar una desmantelada Europa del Bienestar.
Consecuencia de esta renuncia a una Europa social, está el florecimiento de tantas y tantas cruces y estrellas gamadas con distintos disfraces, con la patita de blanco, pero con el mismo rostro bestial y peludo.




