Este sábado Zaragoza acoge la “Fiesta Solidaria” con la lucha de la plantilla de HP

03 julio, 2013. 12:15

FiestaSolidariaHPLa sección sindical de CGT en HP hace pública su invitación a todos y todas las trabajadoras del grupo HP en la ciudad de Zaragoza, y a toda la ciudadanía aragonesa que quiera sumarse, a la “Fiesta Solidaria” que han organizado para este sábado, 6 de julio de 2013, en el Solar del Conejo -Coso 182, Vico de la Madalena-, a partir de las 18.00 horas. La recaudación de este acto se destinará a ayudar económicamente a los trabajadores y trabajadoras, y a las familias más perjudicadas por la huelga indefinida en HP.

El programa de la “Fiesta Solidaria” -con alguno de los actos por confirmar- es el siguiente:

  • 18.00 horas: Juegos y actividades infantiles para las familias
  • 20.00 horas: Comida, bebida, música, sorteos y buen ambiente
  • 22.00 horas: Concierto de rock
  • 23.00 horas: DJ Ziggi
  • 00.00 horas: DJ Jorge

“Nos gustaría que os animéis y os paséis a dar una vuelta, porque de vez en cuando conviene hacer un alto en el ajetreo del trabajo cotidiano y dejar espacios para el ocio y cultivar la amistad”, señalan las organizadoras, que también quieren explicar su experiencia y cómo se ha vivido esta importante lucha laboral que ha despertado a un sector -el de las TICs- que en ocasiones parecía dormido, pero como ellas mismas afirman, "cuando las informáticas se enfadan, las torres más altas caen". La que sigue es la crónica de lo vivido narrada por las propias trabajadoras.

Antecedentes

La huelga de HP, la más importante dentro del sector de las TIC,  acabó tras siete días de lucha continuada. Y al llegar al final, tras todos esos días en los que se llegó a hacer temblar a un gigante, nos queda el sabor agridulce de habernos sentido cerca de conseguirlo todo, y tener que conformarnos con una victoria parcial.

Para poner algunos antecedentes a la historia del conflicto, desde hace tres años se lleva manteniendo un pulso continuado con una empresa que parece haber convertido en dogma de Fe el no ceder en lo más mínimo a ninguna de las reivindicaciones de sus trabajadores. Las secciones sindicales de CGT y de CSI de la empresa han tenido que luchar no sólo contra la indiferencia de la multinacional, sino contra un sindicalismo anestesiado y burocrático, personificado en CCOO y UGT, más preocupado en sentarse en una mesa con la multinacional a “negociar” que a parar una sangría de despidos. De momento el conflicto se había saldado con 260 despidos de trabajadores y trabajadoras de HP, 50 de ellos en el mes previo a la huelga, y rumores de que la cifra acabaría ascendiendo a los 300 con el fin de deslocalizar en Filipinas para mantener el margen de beneficios. Ante este panorama, la preocupación de la plantilla iba en aumento, así como la sensación ineludible de que “había que hacer algo” para parar el ataque.

El 23 de mayo la empresa anunció que iba a hacer efectivo un nuevo hijo de la reforma laboral: el Artículo 41, una Modificación Sustancial de las Condiciones de Trabajo, con tan sólo 15 días de preaviso, y justificada por una supuesta reducción de beneficios que el mismo Enrique Solbes, vicepresidente de HP, desmintió tan sólo dos meses antes en la revista Expansión. Un 10% de reducción de sueldo, un 15% de saldo de jornada irregular, 1800 horas anuales (el máximo permitido por la ley) y el único compromiso por parte de la empresa de que continuarían despidiendo “todo lo que fuera necesario”.

Allanando el camino

Una acción tan prepotente, confiada e irresponsable sólo es comprensible en un sector como el de las TIC, hasta hace relativamente poco escasamente movilizado. Por otra parte, el escaso tiempo de reacción que permite la ley (15 días) junto con el relativo fracaso que había tenido la anterior huelga en la empresa (convocada únicamente por CGT y CSI, pero saboteada por CCOO y UGT), daban poco margen al sindicato para animar a la plantilla a hacer una nueva huelga, necesariamente mucho más contundente que todas las anteriores.

Además, la experiencia anterior había enseñado que la plantilla se sentía poco cómoda cuando percibía división sindical. Por tanto, CGT y CSI se veían obligados a mantener una poco confortable apariencia de unidad con CCOO y UGT, a fin de asegurar que la movilización fuera lo mayor posible. La pregunta no era si esa unidad aparente iba a romperse, sino cuál era el momento exacto en que iba a hacerlo.

Aunque probablemente en un primer momento CCOO pretendía resolver el conflicto con una huelga de 24 horas y una mesa de negociación para vender un acuerdo de “mal menor”, esencialmente una reducción algo menos drástica de condiciones laborales, la indignación de la plantilla era tan patente que se vieron obligados a hacer la misma propuesta que CGT y CSI, una huelga indefinida.

Desde el primer momento la “unión sindical” no dejaba de dar problemas. El día en que se quería votar la huelga indefinida, CCOO impuso como condición que la papeleta tuviera tres elecciones: No a la huelga, comenzar la huelga inmediatamente el día convocado (30 de mayo, opción preferida por CGT y CSI puesto que permitía más margen antes del inicio del Artículo 41) o comenzar la huelga el 3 de junio después de sentarse en la mesa de negociaciones con la empresa (opción elegida por CCOO y UGT).

La opción del jueves fue elegida mayoritariamente en Barcelona y Uviéu, pero en Zaragoza el discurso del “clavo ardiendo” de CCOO inclinó la balanza a favor del lunes siguiente. Asimismo, hubo una muy dudosa votación en Madrid (lugar en el que tan sólo está presente CCOO) donde se comunicó en diversas ocasiones un número diferente de votos, haciendo sospechar que había habido fraude en la contabilización de los mismos.

En cualquier caso, el resultado final arrojó un resultado distinto para una de las empresas de HP afectadas (HP Outsourcing) que para la otra (HP C & A), lo cual hubiera podido permitir que cada una de ellas iniciara la huelga indefinida en un día distinto. CCOO, sin consultar nada al resto de los sindicatos, envió un comunicado en el que calculaba la media de las dos compañías y anunciaba que la huelga se iniciaría el lunes. No contentos con eso, comenzaron en ese comunicado a allanar el camino para una futura negociación en la que no se cruzaran unas supuestas “líneas rojas” que suponían en definitiva el típico acuerdo de “mal menor” marca de la casa.

Ante esa decisión unilateral, CGT y CSI decidieron no romper la unidad sindical para que la huelga fuera masiva, advirtiendo en otro comunicado a la plantilla, eso sí, para que estuvieran atentos a los movimientos del resto de formaciones sindicales, y recordándoles que CCOO no había convocado la huelga y no tenía por tanto la capacidad de desconvocarla.

Los primeros cuatro días

La noche del 2 de junio se inició la primera jornada con un dato esperanzador: Paros en torno al 95% en los turnos de noche. Por la mañana, piquetes de trescientas personas en las puertas de los centros, la esperanzadora imagen de una plantilla que no sólo apoya masivamente la huelga sino que participa activamente en su organización. Salas vacías en Barcelona, Zaragoza y Uviéu, barricadas de neumáticos ardiendo para impedir el paso de los coches en Uviéu. Con un seguimiento general en torno al 90%, la fuerza con que empezó la huelga superó cualquier expectativa.

A fin de minimizar la posibilidad de futuras traiciones por parte de CCOO, se pactó tras la votación que tan sólo los trabajadores tendrían la capacidad de desconvocar la huelga, durante una asamblea diaria que se convocaría en cada uno de los centros.

Por su parte, la empresa jugó la baza de esperar a que la huelga indefinida se desinflara por sí sola, imaginando probablemente que a lo sumo al tercer día los trabajadores regresarían a sus mesas de trabajo. Sin embargo, las asambleas diarias y las acciones frente a edificios de clientes (protestas ante las sedes de La Caixa, Gas Natural, Banco Sabadell, RACC…) hicieron a la plantilla sentirse implicada en el proceso en todo momento. El nivel de radicalización de las posturas de la plantilla era sorprendente para un colectivo que usualmente había sido poco proclive a la lucha; en aquel momento los trabajadores estaban dispuestos a hacer un pulso a toda una multinacional, con el objetivo no de minimizar el impacto del artículo 41, sino de eliminarlo por completo. Una plantilla deseosa de demostrar su poder y ganarse el respeto de la empresa.

Si bien los dos primeros días ya habían llegado reclamaciones de empresas como Renfe o Carrefour, hacia el tercer día comenzaron a llegar las quejas de los primeros grandes bancos: Banco Santander, BBVA o La Caixa. La gran banca preparaba demandas millonarias a HP, debido a que las deficiencias del servicio habían llegado a provocar interrupciones en los cajeros automáticos. Por primera vez, el miedo parecía cambiar de bando.

El punto clave del proceso se decidió entre la tarde del segundo día y la mañana del tercero. La tarde del segundo día se pidió la intervención directa del secretario de acción sindical de CGT, Ángel Luis. Recursos Humanos de HP es un muro de contención que no realiza ningún análisis de fuerzas ni tiene capacidad de decisión. Su única función parece ser servir de barrera a las reivindicaciones de los trabajadores al precio que sea, incluyendo daños relevantes para la propia empresa. Ángel Luis tenía que saltarse el cerco de RRHH y hablar directamente con Enrique Solbes (vicepresidente de HP, quién toma decisiones) con el mensaje de la retirada del 41 y, en todo caso, abrir una mesa de negociación sin la presión de los 15 días.

Lo consiguió y mantuvieron una conversación en la que Solbes le confesó de forma abierta “sólo tengo una cosa en la cabeza; acabar con este conflicto”, y se comprometió a devolverle la llamada al aterrizar su avión. Esa llamada nunca se produjo. La ventana de acuerdo se rompió al día siguiente cuando la secretaria de Solbes le denegó todo contacto directo, remitiéndole a RRHH. Probablemente en esas horas la empresa valoró los diferentes pros y contras y apostó por el enfrentamiento directo, a pesar de los daños que pudiera causar a HP, ante el miedo a sentar un precedente de victoria de los trabajadores.

Mercadeo de derechos en la mesa de negociación

Esa presión no parecía traducirse de la misma manera en la mesa de negociación, en el bufete de abogados Garrigues en Madrid, donde tenían lugar las conversaciones entre sindicatos y empresa. CGT había aparecido con la intención de no hacer perder ni un solo derecho de los trabajadores, sin embargo la postura de UGT y CCOO (con mayor presencia en la mesa) era muy diferente; presentaban propuestas de “mal menor”, reduciendo levemente el impacto de las medidas de la empresa, disponiéndose incluso a renunciar a garantías de empleo (una de esas supuestas “líneas rojas” que anunciaran en un anterior comunicado) y, en definitiva, mercadeando con los derechos de los trabajadores. En ningún momento se llegó a poner sobre la mesa la contundencia y la fuerza de la huelga indefinida en su tercer día de lucha. La empresa, viendo como había sindicatos que le seguían el juego, se sentía fuerte y se negaba a ceder.

El último día de reunión, sin acuerdo con los sindicatos, la empresa hizo una última reducción del artículo 41, eliminando la reducción de salarios, cambiando el saldo de tiempo a disponibilidad de la empresa del 15% al 10%, y la jornada a 1780 horas en lugar de 1800 horas. CCOO y UGT se vieron obligadas a no firmar de la misma manera que CGT, puesto que durante las asambleas en los centros se había ido advirtiendo de la posibilidad de que estos sindicatos firmaran cualquier acuerdo, hubiera sido refrendado por los trabajadores o no. Eso a pesar de que la modificación de condiciones impuesta finalmente por la empresa era mejor que la que CCOO y UGT estaban intentando pactar.

Hubo una polémica en las reuniones en Madrid. Los delegados de CCOO y UGT propusieron a CGT aceptar el voto por correo, una vez se hiciera efectivo el artículo 41, para decidir si se seguía con la huelga o no basándose en que el personal alejado de los centros de trabajo pudiera participar. Se envió un comunicado conjunto en la página web de seguimiento de la huelga indefinida en la que se explicaba el procedimiento a hacer servir para el voto por correo.

En el debate posterior con la sección quedó claro que el voto por correo era una maniobra para facilitar la participación de gerentes y afines a la empresa (que, en definitiva, ni estaban haciendo la huelga ni nunca habían pretendido hacerla) a fin de hacer regresar al resto de trabajadores a sus centros. “Me da igual lo que se haya decidido en Madrid”, decía uno de los delegados. “Sería una traición para los compañeros que están haciendo huelga.”

Se decidió que en la siguiente asamblea las secciones de CGT rechazarían esa posición y llamarían a no aceptar el voto por correo.

El voto de los gerentes

El quinto día se comenzaban a sentir las secuelas del cansancio en los huelguistas. La negativa a ceder de la compañía, así como los cuatro días de sueldo perdidos, comenzaban a minar los ánimos de los trabajadores. Sin embargo, el seguimiento seguía siendo muy elevado en todos los centros.

En la asamblea de la mañana se decidió abrumadoramente en contra del voto por correo. No era una sorpresa, pues con anterioridad muchos trabajadores habían mostrado su preocupación por ese tema. Pero la empresa ya había comenzado a mover su maquinaria para poner solución al problema de la votación; la gerencia al completo fue convocada para ir a votar en contra de la huelga. Ante el abucheo, insultos y silbidos del resto de los trabajadores, los gerentes fueron desfilando uno detrás de otro para depositar su voto en las urnas.

Además, enviaron correos a los trabajadores “animándoles” a que se desplazaran a la asamblea a votar en contra de la continuación de la huelga, cosa que será denunciada. Caras de trabajadores que jamás habían pisado el suelo de una asamblea aparecieron por primera vez siguiendo las órdenes de sus jefes.

Por otra parte, la votación de Madrid, difícilmente contrastable, arrojó un nuevo dato sospechoso; una participación seis veces superior a la votación anterior, con tan sólo 22 votos a favor de la huelga y 154 votos en contra. Había amplios indicios de manipulación por parte de la empresa.

Pero, como siempre, no todos los sindicatos eran de la misma opinión. CCOO y UGT dieron por buena la votación y anunciaron que no seguirían la huelga. Por su parte, CGT decidió continuar y hacer una nueva votación el lunes siguiente, tras valorar el seguimiento del viernes. CSI no pudo hacerlo pues en Uviéu, ciudad donde se encuentra este sindicato, la mayoría de los trabajadores votó en contra de seguir.

La huelga, sin embargo, había sido herida de muerte tras el final de la “unidad sindical”. Muchos de los huelguistas, ya agotados tras el quinto día consecutivo de huelga, se declaraban hartos y comenzaron a ir a trabajar. El seguimiento bajó del 90% a un 80% o 75%, aún elevado, pero preocupante de cara a la votación del lunes.

La herida y las conclusiones

Se buscó una victoria total. No se consiguió, pero sí la retirada de varias de las medidas y una demostración de movilización en la plantilla sin precedentes en el sector. El lunes, los mismos delegados de CGT expusieron que no se daban las condiciones para seguir con la huelga tras su debilitamiento y división. El número de trabajadores dispuestos a seguir luchando había menguado significativamente, y dejaba de resultar un quebradero de cabeza para la empresa. HP difícilmente podía funcionar con 1700 trabajadores menos, pero no tenía ningún problema con que 300 de ellos no fueran a sus lugares de trabajo.

Aún queda mucho por decir del artículo 41 en otras vías como los tribunales. La empresa ha vulnerado el derecho a huelga, desviando trabajo a otros centros o contratando a otros trabajadores que sustituyeran a los huelguistas, reincidiendo en una práctica que ya había llevado a cabo en otras ocasiones. Asimismo, el elevado número de trabajadores externos, tras una denuncia de cesión ilegal que ya había sido ganada, podía ser visto como otro caso de vulneración del derecho a huelga. Todo ello será denunciado.

Otra consecuencia importante es el duro golpe a su credibilidad que CCOO y UGT han sufrido. Van a tener que trabajar mucho para lavar su imagen, después de que los trabajadores pudieran comprobar de primera mano las traiciones y las concesiones a las que estos sindicatos siempre estaban dispuestos. Sin duda puede achacarse al resentimiento por ese golpe la rabia con la que un delegado de CCOO llamaba en un comunicado en Zaragoza “Kale Borrokas” a los delegados de CGT.

Mucho más importante si cabe es la fuerza que ha demostrado la unidad de la plantilla. Los trabajadores han podido vislumbrar de primera mano su poder, han podido sentir como su patada en el suelo ha hecho temblar los cimientos de un gigante. Aún con sabor amargo, todos han podido notar que hemos rozado una victoria total con la yema de los dedos. Y que tan sólo la obcecación de la empresa, que no ha querido sentar un precedente de lucha, y la inacción y desidia de los sindicatos más institucionalizados, ha podido evitar que sucediera.

En Zaragoza anunciaron la creación de una Asamblea de Trabajadores permanente. Si un modelo asambleario en el que participen delegados sindicales y trabajadores no sindicados por igual y sin distinción llegara a extenderse por otras ciudades, tal vez podríamos hablar de una nueva era dorada de las luchas, dentro o fuera del sector de las TIC.

Después de una lucha como esta, los efectos no se diluyen. En otra empresa de informática, Atos, la sección sindical de CGT convocó una huelga indefinida ante otro artículo 41. Tal vez se sentían fuertes hace un mes pero, influidos por el efecto que ha tenido la patada en el suelo de los informáticos de HP, lo han retirado por miedo.

Las clases oligárquicas, los Enrique Solbes y las grandes compañías de este mundo quieren que se olvide la historia de las luchas. Quieren hacer olvidar a los trabajadores su poder. No dejemos que se pierda esto en el olvido. Hagamos que se sepa, que corra la voz: Cuando los informáticos se enfadan, las torres más altas caen.

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