Un fascista medio gagá con síntomas de demencia senil como presidente de los Estados Unidos. Un cowboy paleto como Secretario de Guerra. Un sociópata genocida malo malísimo contra un montón de barbudos de nombre impronunciable.
Hasta hay un rescate heroico de un piloto derribado, telepredicadores de la América profunda y un villano ruso de actor secundario, haciendo caja como nunca, por cierto.
Podría parecer un argumento para un peli cutre de Hollywood, pero es el guion aproximado de lo que está aconteciendo en Irán y Líbano en el último mes y medio en una guerra, terrible como todas, pero que tiene un toque esperpéntico en que se dice en muy poco tiempo una cosa y la contraria.
No parece haber unos objetivos muy claros, más allá de que Israel se anexione algo más de territorio y atice a sus enemigos, por cierto sin provocación previa. Pero es que nada parece estar muy claro y puede despistar a cualquiera. Una trama ni tan siquiera enrevesada sino burda como ella sola.
El problema es que las víctimas son de verdad y las armas también, como lo es el sucio negocio de la guerra.
Las niñas muertas en una escuela, los rescatadores que mueren en el sur del Líbano, el millón de desplazadas cuyo uno crimen es vivir demasiado cerca de Israel, son vidas reales. Al menos 4.500 vidas segadas hasta el momento.
Los edificios dinamitados por el ejército israelí, las infraestructuras civiles voladas en Irán en un descarado crimen de guerra no son un decorado.
Mientras, en Occidente nos preocupamos de que llenar el depósito salga más caro o de que no nos podemos ir de vacaciones haciendo escala en Emiratos.
Eso sí, lo que en los países ricos son problemillas en los países pobres puede suponer que los suministros fundamentales o la comida que esperan no lleguen a tiempo y hagan las vidas de sus habitantes un poco peores.
Esto no va de defender a Irán. Su régimen es teocrático, homófobo, machista y represor. Es indefendible. Pero está muy claro quién ha empezado la guerra y quién se ha encargado de escalarla progresivamente.
Una guerra en la que lo más reciente ha sido anunciar un alto el fuego que ni tan siquiera ha llegado a hacerse efectivo. A Israel no le importa el guión pero tampoco improvisa. Simplemente se ha adjudicado el papel protagonista y nadie le tose en su impunidad para saltarse todas las normas del derecho internacional. Se permite ya el lujo hasta de matar cascos azules a sabiendas de que nada va a suceder.
La película sigue y la catástrofe, en una de las zonas más delicadas del mundo, se vuelve cada vez más complicada, aunque parece que vayan a empezar encuentros para una salida diplomática.
Sería demasiado optimista pensar en un desenlace a corto plazo. Más bien parece que la película va camino de seguir siendo parte de una serie de muchos capítulos y que no ha hecho más que empezar.
Acratorial semanal del programa El Acratador de Radio Topo, radio libre de Zaragoza.

