"Espiello es un festival casi artesanal, se hace con mucho cariño, y no queremos perder ese modelo". Entrevista a Patricia Español

Puede parecer curioso que un pueblo pirenaico que no llega a los 1000 habitantes pueda albergar la sede de todo un festival internacional de documental etnográfico, el único que se celebra en el Estado. Pero es que Espiello es desde un principio curioso, le gusta observar, investigar y sorprender. Con esta motivación nació la iniciativa hace ya diez años durante una charla informal bajo las majestuosas paredes de Peña Montañesa. En nuestra primera incursión al Palacio de Congresos de Boltaña nos quedamos con los ojos como platos al conocer a la familia que organiza y colabora voluntariamente con el evento. …

Parte del equipo de Espiello 2012

Puede parecer curioso que un pueblo pirenaico que no llega a los 1000 habitantes pueda albergar la sede de todo un festival internacional de documental etnográfico, el único que se celebra en el Estado. Pero es que Espiello es desde un principio curioso, le gusta observar, investigar y sorprender. Con esta motivación nació la iniciativa hace ya diez años durante una charla informal bajo las majestuosas paredes de Peña Montañesa.

En nuestra primera incursión al Palacio de Congresos de Boltaña nos quedamos con los ojos como platos al conocer a la familia que organiza y colabora voluntariamente con el evento. Con una sonrisa como tarjeta de presentación, se descubren como un gran ejemplo de trabajo cooperativo y el resultado que han obtenido no puede ser mejor. El Sobrarbe disfruta de una actividad cultural común y participativa que está alcanzando prestigio internacional. Ejemplo de ello es la presencia de invitados de la talla artística de Carlos Saura.

Pero Espiello es ante todo un motivo de orgullo para los sobrarbenses, que le han dado la vuelta al espejo para mirar hacia otros rincones del planeta y sobre todo, a las historias humanas que allí suceden. Realidades, a veces más cercanas de lo que creemos, que nos cuestionan, nos ofrecen alternativas y que pueden llegar a modificar nuestra mirada.

En Arainfo no nos queríamos perder esta oportunidad y, entre proyecciones, hemos podido entrevistar a Patricia Español, fundadora y directora de Espiello. No os perdáis las reflexiones de esta mujer joven, que ha conseguido echar adelante una iniciativa cultural y plural, que sobrevive a estos tiempos de recortes del pensamiento.

Diez años de Espiello... ¡Enhorabuena! Supongo que estaréis viviendo unos días muy intensos.

Tanto la semana del festival como las anteriores son frenéticas. Hay mucho trabajo y las infraestructuras de la zona cuentan con muy poco personal, así que se hace difícil llegar a todo. De hecho esta iniciativa no sería posible sin el grupo de personas que colabora voluntariamente.

¿En qué consiste esta colaboración?

Unos veinte vecinos de la comarca participan en la organización del festival a diferentes niveles. En los momentos de proyección pueden realizar el trabajo de personal de sala, de acomodación o recibir a los invitados, pero también están presentes durante la planificación. Se cuenta con ellos en todo el proceso, también en la selección y evaluación de los documentales y en la toma de decisiones.

Los comienzos suelen ser duros. ¿Se puede aplicar este dicho a Espiello?

Yo no lo recuerdo así. Lo que había eran muchas ganas e ilusión. La idea surgió de un grupo de tres personas que vivíamos en la comarca. Por un lado estaba Carlos Baselga, gran aficionado al documental, por el otro Dolores Galindo, que trabajaba en Radio Sobrarbe y estaba realizando su doctorado sobre el cambio cultural que se vivía en la comarca. Yo era la tercera persona que complementaba el grupo desde los estudios de gestión cultural.

¿Cómo financiasteis estos primeros pasos?

Presentamos el proyecto a lo que era entonces la Mancomunidad [el actual poder comarcal] y al Centro de Estudios del Sobrarbe para que los socios que quisieran pudieran colaborar. Pensamos que era una buena manera de hacerlos partícipes. También lo presentamos a un Plan de Dinamización Turística y lo sorprendente fue que, un mes y medio antes de tener que comenzar, nos concedieron 6000 euros. Entonces lo que iba a ser una pequeña muestra se convirtió en un festival con su sección de concurso. Empezamos con un proyecto muy pequeñito que ya la primera edición superó nuestras expectativas.

Al margen de lo económico, ¿cuál ha sido la principal barrera que habéis tenido que afrontar?

Quizá todo el tema técnico de las proyecciones. Tanto en la Casa de Cultura de Boltaña como cuando se dio el salto al Palacio de Congresos, el personal encargado de las proyecciones no tenía una formación específica. Ponernos todos a tono fue la principal barrera, hemos ido aprendiendo.

Además proponéis más actividades que se realizan en pequeños pueblos de la comarca.

El festival es la cara visible, la punta del iceberg, pero hay muchas cosas detrás. En primer lugar el asunto de la participación social, que repercute en la buena acogida que tienen los documentales. Espiello se ha hecho un hueco en la zona y se siente como algo propio. También hemos intentado que no se centralice todo en Boltaña sino que los documentales viajen a diferentes pueblos de la comarca donde la oferta cultural es muy reducida.

¿Cómo habéis conseguido acercar el concepto de etnografía, asociado al ámbito académico y urbano, a estas tierras pirenaicas?

La etnografía aquí siempre ha estado presente, pero habíamos sido siempre los actores pasivos. Antes incluso de que naciera el lenguaje audiovisual, ha habido pirineístas y etnógrafos, algunos franceses, que han retratado la realidad del Sobrarbe porque ésta es una zona que, por su orografía y situación, conserva sus raíces y costumbre de una manera muy especial. También documentalistas como Eugenio Monesma han hecho gran parte de sus trabajos etnográficos aquí.

Todo un lujo...

Teníamos un espejo delante nuestro que nos devolvía siempre nuestra propia imagen, pero quisimos darle la vuelta y ver imágenes de otros sitios que nos podían interesar muchísimo. Por eso pensamos que la etnografía podía suscitar interés.

¿Y ha sido así?

La idea de un festival monográfico, de un tema tan concreto, podría parecer que sólo va a interesar a un público especializado, con una formación académica importante como los antropólogos y sociólogos. En cambio desde la primera edición hemos visto que, documentales que son duros de ver, la gente de aquí los agradece. Y la mejor evaluación es que vuelven a más sesiones.

¿Crees que una década de Espiello ha abierto la mirada, muchas veces tradicional, de los montañeses del Sobrarbe?

Es verdad que existe ese tópico pero también que la montaña es un sitio donde se acoge muy bien a la gente. Los montañeses tienen una mirada tradicional pero ser una zona de paso hacia Francia y de turismo ha hecho que por aquí pase mucha gente. Por lo tanto esa mirada abierta ya se está consiguiendo de otras maneras aunque es posible que Espiello también influya. Además pretendemos huir de la etnografía más tradicional y tocar temas nuevos como las problemáticas urbanas, el cambio social y cultural o las grandes migraciones que vivimos en estos momentos.

¿Se ha abierto un hueco para el audiovisual en la vida de los sobrarbenses más allá del festival?

Yo creo que el poso ya está. De hecho un grupo del instituto ha colaborado con nosotros realizando varios cortometrajes y dos alumnos han escogido la carrera de Comunicación Audiovisual para sus próximos estudios. La etnografía moderna que muestra el festival es más atractiva para los jóvenes.

¿Ha llegado la crisis a Espiello?

Casi me da vergüenza decirlo pero no. Así como otros programas de cultura de la zona se han limitado o cerrado, Espiello se mantiene. Desde el principio contamos con un presupuesto muy reducido que comparado con otros festivales puede parecer ridículo. Eso también hace que hayamos podido sobrevivir. Estábamos adaptados antes de tiempo.

¿Con qué objetivos encaráis el futuro?

Pues no los hemos marcados. Al festival lo vamos frenando. Él sólo en su cuarta o quinta edición hubiera llegado a unos niveles que no podríamos asumir. No queremos perder ese ambiente familiar que los invitados agradecen tanto. Espiello es un festival casi artesanal, donde se hace todo con muchísimo cariño, y no queremos perder ese modelo. Sólo vamos a seguir trabajando en la proyección internacional y en la vinculación al ámbito universitario, que ya ha comenzado.

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