España y la RASD

Para los menores de 45 años, RASD significa República Árabe Saharaui Democrática. Para los mayores de esa edad significa lo mismo, la diferencia es que estamos al tanto de la vergüenza que supone para cualquier español de buena fe, nombrar estas palabras. Franco, tenía decidido convocar un referéndum de autodeterminación para 1975. En esa fecha, Hassan II, Kissinguer y Bin Abdulaziz, dictador de Arabia, fraguaron lo que iba a ser la futura marcha verde y la anexión de los territorios ocupados por España en Sahara-Río de Oro. Juan Carlos, con los poderes recibidos por la enfermedad de Franco, decidió que …

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Carlos Tundidor

Para los menores de 45 años, RASD significa República Árabe Saharaui Democrática. Para los mayores de esa edad significa lo mismo, la diferencia es que estamos al tanto de la vergüenza que supone para cualquier español de buena fe, nombrar estas palabras.

Franco, tenía decidido convocar un referéndum de autodeterminación para 1975. En esa fecha, Hassan II, Kissinguer y Bin Abdulaziz, dictador de Arabia, fraguaron lo que iba a ser la futura marcha verde y la anexión de los territorios ocupados por España en Sahara-Río de Oro. Juan Carlos, con los poderes recibidos por la enfermedad de Franco, decidió que era más positivo para él y —vista su admiración posterior por los oficios de Al Capone, Erik el Belga o del virtual Arsenio Lupin—para sus bolsillos, vender, como un nuevo plato de lentejas bíblico, los compromisos con los saharauis a cambio de la promesa de Hassan y Kissinger de ratificarlo como rey.

Los compromisos de Madrid ante la farsa de la “Marcha Verde”, la pasividad y la cobardía del “rey” nombrado por Franco, Hasan II y la CIA, junto a los mismos adjetivos ganados a pulso por una parte de los militares que harán, más tarde, “ruido de sables” contra un pueblo desarmado con su proverbial valentía, fueron papel mojado. Otra vez, la promesa de celebrar un referéndum de autodeterminación para el 28 de febrero de 1976 y, de nuevo, la burla por parte del Gobierno español y del dictador Hassan II. Lo que dio lugar a la autoproclamación de independencia, el 27 de febrero de 1976, de la RASD.

El Frente Polisario entró en guerra con Marruecos y con Mauritania. El peón más débil, Mauritania, se retiró. El Polisario, David contra Goliat, iba ganando la guerra de liberación pero la CIA, Arabia Saudí, Francia y, lo que es peor, el gobierno español que, para entonces, se decía democrático, apoyaron a Marruecos y el conflicto se torció. La RASD tuvo que aceptar un alto el fuego engañoso, con la promesa de que, algún día, se celebraría un referéndum.

A España, a sus sucesivos gobiernos, tanto los llamados socialistas como los de Aznar y Rajoy, deberían caérseles la cara de vergüenza ante sus estafas continuadas. Hasta ahora, son 84 países los que han reconocido a la RASD como país. El colmo de la desvergüenza por parte de los sucesivos gobiernos es que España NO es uno de ellos. La potencia colonizadora que debió preocuparse por un territorio que fue provincia española, se pliega ante las exigencias de un dictador como Hassan, primero, y después el hijo, el dictador Mohammed.

Trueca ese pan para hoy con la moneda del Sahara; trata, así, de apaciguar a un tirano que mañana, cuando vea su trono inestable, volverá a representar la farsa de una nueva marcha sobre Ceuta o Melilla para tomar aire. O amenazará a Las Canarias, que es otra carta que le queda en la manga.

A la política exterior española, más le valdría tener un país amigo en esta parte del continente, país con la misma lengua y sin el atisbo autocrático de la dictadura marroquí. A la economía española, más le valdría tener un país amigo con reservas de fosfatos, hierro, gas y petróleo, además de poseer una de las mejores plataformas pesqueras del mundo.

Hoy no es el aniversario de nada; dentro de poco se cumplirán 45 años de una fecha que es un baldón, nuevo baldón para nuestro país, que avergüenza a todos salvo a los reyes —ya se sabe, entre reyes anda el juego—, a unos supuestos dirigentes socialistas y a todos los que prefieren ser fuertes con los débiles y rastreros con los fuertes. En estos días, el Polisario vuelve a enfrentarse —David contra Goliat— para recordar al mundo de los fuertes que es otro de los pueblos abandonados por el mundo, por la ONU, por la CEE; otra de las heridas abiertas que se taponan a base de más sangre y de más muertos.

Un país, la RASD, con medio millón de ciudadanos, la mitad de ellos en campamentos de los territorios liberados, enfrentándose a una dictadura que no tiene ningún empacho en gastarse 450 millones de euros/año para mantener otro muro* de la vergüenza de 2.200 km., defendido por 150.000 soldados forzosos.

Una RASD cuyos efectivos militares no superan los 2.000 soldados entre un batallón de infantería mecanizada, otro cuya finalidad es antiaérea y un tercero de caballería.

Seguirá la Historia bajo la batuta de los ganadores con su forma de contarla, los españoles sabemos demasiado de eso. Seguirá David contra el Goliat de verdad; seguramente, será difícil que la honda funcione, ni siquiera las trompetas, aunque fueran “made in Jericó”, conseguirán derribar ese muro vergonzoso. Quien sí lo conseguiría sería la presión de la CEE, fundamentalmente de España, a través de la fuerza ciudadana. Y para eso, para que, un día, el medio millón de ciudadanos de la RASD puedan tener un territorio, esos menores de 45 años que tienen a la Historia por delante, han de saber la verdad.

Por eso, intento que tenga lógica este pequeño artículo.

* Demasiados muros en zonas denominadas como mundo libre: muro de la vergüenza entre Estados Unidos y México, muro de la vergüenza entre Israel y Cisjordania, muro de la vergüenza en el Sáhara ocupado, muro de la vergüenza en Ceuta…

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