El Gobierno de Aragón, en su nuevo Plan Energético de Aragón 2024-2030, anuncia que nuestro país “tiene potencial para cubrir una parte significativa de la demanda de gas natural y contribuir de manera sustancial a la descarbonización”. Así, el Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (INAGA) tramita desde el pasado verano autorizaciones para 26 plantas de biometano repartidas por diferentes comarcas.
La previsión de los documentos oficiales de la DGA asegura que Aragón “esta en disposición de producir 1,1 teravatios hora (TWh), el equivalente a más de un billón de vatios-hora (1.113 Wh)”, una cifra equivalente a más de un 10% del objetivo marcado en la Hoja de Ruta del Biogás del Estado Español para 2030. Además, se declara la pretensión de alcanzar los 10,41 Twh, diez veces más de la producción ya en tramitación o aprobada por el INAGA.
El ejecutivo aragonés asegura “que el biogás se utiliza principalmente para generación eléctrica, procesos térmicos en las industrias y en ciertos usos de transportes”, por lo que justifica que el Instituto Aragonés de Gestión Ambiental tenga en alguna fase de tramitación plantas en Alfambra, Azlor, Calanda, Calatorao, Candasnos, Cella, Exeya, Esquedas, Fraga, Fuentes Claras, Albelda, L’Almunia, Magallón, Peñalba, San Esteban de Litera, Balbastro, Tauste, Vencillón, Villanueva de Sijena, Zaidín y Zuera.
“Ni en tu pueblo, ni en el mío”
Bajo el lema “Ni en tu pueblo ni en el mío", colectivos de defensa de la tierra de Aragón y del Estado español han convocado para el próximo 31 de mayo “concentraciones simultáneas, en pueblos y ciudades, para exigir la paralización inmediata de todos los proyectos de macro-plantas de biogás y biometano, tanto en tramitación como ya aprobados”. Además de en Aragón, hay actos confirmados en Galiza, Andalucía, Castilla y León, Castilla la Mancha, Murcia, Extremadura, Nafarroa y Catalunya..
En Aragón destaca la concentración convocada en Balbastro por el Grupo Ecologista del Somontano, que se opone “a la instalación de la planta proyectada en nuestro municipio y que amenaza seriamente nuestro entorno natural y nuestra salud. Nos sumamos a las concentraciones del 31 de mayo, sábado, a las 20 horas en la Plaza del Mercado de Balbastro”, explican.

Pros y contras del biogás y el biometano
En una reciente publicación de Ecologistas en Acción, las aragonesas Nacho Escartín y Marina Gros explican qué son el biogás y el biometano, y se cuestionan “hasta qué punto son tecnologías prometedoras que puedan contribuir a la transición hacia un sistema energético más sostenible y respetuoso con el medio ambiente es un tema a debate. Uno de los grandes problemas de la sostenibilidad de estos gases es la materia orgánica que se utiliza para su producción”.
“La transformación ecosocial y la descarbonización de la economía no son tareas sencillas, como sabemos. Las energías renovables son imprescindibles para una transición ecológica justa. Junto con ello, necesitamos alternativas en nuestros modos de producir y de consumir, un cambio de modelo, que permita reducir drásticamente nuestro consumo de combustibles fósiles. En este contexto, la producción de biogás y biometano es una tecnología que podría contribuir a una mejor gestión de residuos agrarios, ganaderos e industriales y, de esta manera, hacer de la necesidad, virtud. Tenemos el deber de gestionar mejor la ingente cantidad de biorresiduos que se almacenan, queman, abandonan, no se tratan y se vierten ilegalmente generando graves impactos ambientales a día de hoy”, aseguran Escartín y Gros.
“Una solución sería, mediante procesos que pueden ser sostenibles, generar energía para aquellos usos que no se pueden electrificar. Sin embargo, una vez más, el problema no radica en la tecnología en sí misma, sino en el uso que se hace de ella y el modelo desde el cuál se plantea. De nuevo, una solución que a escala local podría democratizarse y ser un incentivo para la transformación ecosocial, se convierte en la diana de las burbujas y la especulación. Como en la implantación de las energías fotovoltaica y eólica, se repite la falta de planificación y dimensionamiento a nivel territorial, la nula participación ciudadana y la continuación del modelo extractivista en territorios rurales”, destacan en su artículo Gros y Escartín.

