Biznaga: "Cuando han llegado incluso a colonizar nuestros deseos es importante mantener el entusiasmo"

Hablamos con Jorge Navarro, bajista y letrista de Biznaga, antes de comenzar la nueva gira que arrancó este viernes en Zaragoza. Vuelven con “¡Ahora!”, su quinto disco. Un martillo sacudido contra los cimientos del establishment. Pero “con una actitud más propositiva”. “Canciones que no solo te enfurezcan”, sino que “te hagan pensar que otros futuros son posibles”. ¿Quién sabe que puede pasar con toda esa electricidad?

Milky, Jorge, Torete y Álvaro son Biznaga | Foto: Cristina Pontijas

Hace más de una década surgió en Madrid, “zona cero de la máxima especulación”, una banda llamada Biznaga. Como “una extraña flor” que “crece en las cunetas”. Con cinco discos publicados, “Centro Dramático Nacional” (2014), “Sentido del Espectáculo” (2017), “Gran Pantalla” (2020), “Bremen no existe” (2022) y su más reciente “¡Ahora!” (2024) —los dos últimos publicados con Montgrí—, el cuarteto madrileño vive un momento dulce. Pero son muchas horas de trabajo las que hay detrás para llegar hasta donde han llegado Álvaro García —voz y guitarra—, Jorge Navarro —bajo y letras—, Álvaro ‘Torete’ —guitarra— y Jorge ‘Milky’ Ballarín —batería—. El ahora de Biznaga.

El quinto trabajo de este “sindicato de amigos” —como los define Kiko Amat— “es la versión más depurada de los Biznaga”. Así lo afirma Jorge Navarro en esta entrevista que hicimos por videollamada unos días antes del arranque de la nueva gira que empieza en tierras aragonesas. “Biznaga habla de la realidad que le rodea”, y en “¡Ahora!” hay una “temática triangular que dialoga entre ella y se retroalimenta”: crisis de la vivienda, precariedad laboral y salud mental. “La fotografía de un tiempo”.

El cuarteto madrileño regresó a Zaragoza este viernes, 7 de febrero, en un concierto en la Sala Oasis junto a delDesierto —que en abril lanzarán su nuevo disco, “El ritmo circadiano”—. Biznaga presentó nuevo setlist, en un directo contundente, compacto. Una apisonadora sobre el escenario. El perfecto punto de partida de la gira 2025, que les llevará a actuar durante todo el año por toda la península. “Se viene un buen tute. Cincuenta conciertos van a caer seguros”. Ahora pínchate a Biznaga y disfruta de esta conversación con Jorge Navarro. Hablamos de música y de afinidades eléctricas, pero también de disidencias, imaginación, autonomía, entusiasmo. De lo personal, lo colectivo y lo político. En un canto a salir “afuera” y “hacer que suceda”.

Empezáis la nueva gira en Zaragoza. El primer concierto tras el lanzamiento de “¡Ahora!” también fue en Zaragoza, en los pasados Pilares. Y recuerdo, al menos, los bolos de 2021 —aún con restricciones por la pandemia—, y dos en 2023, en Las Armas y en Sala López. ¿Tiene algo esta ciudad para que os atraiga tanto?

Con el tiempo Zaragoza se ha ido convirtiendo en una de nuestras bazas, en una de nuestras ciudades fuertes. A día de hoy está entre las cinco ciudades más fuertes para nosotros. Madrid, Barcelona, Bilbao, Zaragoza y València te diría seguramente. No sé si está la cuarta o la quinta, pero seguro que entre las cinco primeras. Es un sitio donde hemos ido ganando fans poco a poco. Como tú bien dices, hemos tocado bastante en la ciudad. Eso solo ha sido en los tres últimos o cuatro últimos años. Pero en realidad, al final, una andadura de diez años da para mucho y, poco a poco, creo que hemos sido calando en la peña de Zaragoza y ha respondido. Eso se retroalimenta. Cada vez viene más gente a los conciertos. Cada vez cantan más las canciones. Y eso a nosotros nos alegra y nos da más ganas de volver a la siguiente y vemos que siempre va aumentando. Aparte de los tópicos, la ciudad es muy bonita y cuando salimos por ahí nos lo pasamos muy bien. Creo que el cariño es mutuo. De la ciudad a Biznaga y de Biznaga de vuelta a la ciudad.

Han pasado más de diez años desde "Centro Dramático Nacional", vuestro primer disco. ¿Cómo ha evolucionado Biznaga en esta década?

Diez años da para mucho. Son muchos fines de semana, muchos kilómetros, muchos conciertos. Mucho tiempo de carretera, mucho tiempo en la furgoneta compartiendo escenario, compartiendo habitaciones. Es tiempo compartido con unas personas que con las que tienes una relación creativa, una relación emocional y eso da para muchísimo. La evolución musical está ahí, en los discos. Más que cualquier cosa que yo pueda decir hablan por sí mismos. Creo que hemos ido encontrando, poco a poco, nuestra voz creativa, tanto a nivel lírico como a nivel musical. Y eso se ha ido notando. Lo han ido mostrando los discos. Y ahora, más que nunca, nos sentimos muy realizados con el mensaje. Tanto discursivo como musical. Hemos ido concretándolo hacia lo melódico. Hacia letras más concretas y no tan abstractas o tan intelectuales pese a que siguen siendo críticas y sigue habiendo ciertas licencias, poéticas o metafóricas o un poco filosóficas, pero el mensaje se ha concretado mucho. Eso también ha sido a la vez que la musicalidad ha ido emergiendo en lo melódico, los tiempos se han ido relajando un poco. Y tanto una cosa como otra han remado para que más gente pueda abrir el oído hacia lo que tenemos que decir. A lo largo de diez años esa ha sido una escuela fundamental para llegar a este punto, al ahora.

“Ahora, más que nunca, nos sentimos muy realizados con el mensaje. Tanto discursivo como musical”

En cada disco se palpa un crecimiento bestial en lo musical, en vuestro sonido. Biznaga suena a Biznaga. Imagino que hay mucho curro detrás…

Efectivamente. No es que no lo neguemos, es que hacemos gala de ello. En realidad, yo creo que es positivo decirlo. Romper un poco la imagen del chispazo de genialidad o de inspiración, que sucede porque es verdad que hay veces que estás muy inspirado y otro día no sale absolutamente nada, pero tienes que echar esa tarde en la que no te sale nada, igual que tienes que echar la tarde en la que estás inspirado. Hay mucho trabajo detrás, muchas horas como digo. No solo de carretera, también en el local, en casa, escuchando una y otra vez las canciones. Leyendo, anotando cosas, mirando una pantalla en blanco. Mirando al infinito pensando, andando por la calle, paseando al perro y tarareando la melodía a la vez que buscas en tu cabeza palabras dentro del discurso que quieres transmitir. Son muchas, muchísimas horas, innumerables. Hay muchísimo trabajo para llegar a la versión final, al resultado final, que es lo que lo que escucha el público. Esa canción totalmente limpia, depurada, trabajada, pensada y repensada. Pero hasta llegar ahí, todos los bocetos que se trabajan, los borradores, son muchísimos. Personalmente a nivel de textos, que soy el que hago las letras, hay canciones que si abro el archivo del que ha salido una canción me puedo encontrar tranquilamente como 15 o 20 hojas de anotaciones. Al final es la depuración máxima. Eso es la evidencia de que hay mucho curro.

Sobre el escenario os divertís, transmitís que os gusta lo que estáis haciendo, y se os ve como una banda muy unida, con “afinidades eléctricas”. ¿Es así?

Por supuesto, lo confirmo claramente. Estamos en un momento muy positivo, muy fuerte a nivel de cohesión y de pegamento del grupo. Es cierto que hay muchísima afinidad en lo personal, en lo creativo. Lo que has apuntado anteriormente, ya sabemos que las canciones suenan a Biznaga. Encontramos nuestra manera de decir las cosas, nuestra personalidad sonora. Tanto es así, que canciones que, a priori, no son nada Biznaga conseguimos atrevernos a llevarlas a nuestro terreno y creo que salimos airosos. Estamos en un buen momento. De afinidad musical y personal. Y efectivamente, creo que se transmite. Pero también nos hemos profesionalizado por el camino y también se ha transformado en, digamos, un trabajo. En realidad, siempre ha sido un trabajo porque siempre ha habido muchas horas de curro. Pero ahora nos dedicamos exclusivamente a ello, nuestro modo de vida. Además, tiene ese componente de responsabilidad para con el público y para con nosotros, con nuestra propia vida. Teniendo en cuenta el momento en el que estamos es un momento muy positivo. Un momento dulce, con ganas de enseñar en directo todas estas canciones que hemos estado un año y pico componiendo, arreglando, escribiendo. Y ya, incluso, con los ojos puestos a empezar, quizá, a trabajar material nuevo. O sea, que hay continuidad todavía para rato.

“Estamos en un momento muy positivo, muy fuerte a nivel de cohesión y de pegamento del grupo”

Repasando vuestra discografía, esos cinco discos, encuentro muchas canciones que se pueden considerar ya como himnos. Vais a dos o tres por álbum: “Máquinas blandas”, “Una ciudad cualquiera”, “Mediocridad y confort”, “2K20”, “No-lugar”, “Líneas de sombra”, “Contra mi generación”, “Madrid nos pertenece”, “El futuro sobre plano”, “El entusiasmo”, “La gran renuncia”. Estribillos con mucha fuerza. ¿Es esa la clave?

Puede ser. Pero, fíjate en que hay canciones que me gustan hasta más las estrofas que los propios estribillos. De ese armazón, de la estructura, de la manera de construir la canción y lo que se dice en la estrofa, como desemboca en ese estribillo que, básicamente, es la síntesis de lo que estás tratando de exponer en la estrofa. Trabajar la canción como una unidad de significado en sí misma, que luego esas unidades de significado tienen que dialogar de alguna manera entre ellas para que tengan cohesión con esa otra estructura mayor que es el álbum, el disco. Todas esas canciones reunidas juntas porque es la fotografía de un tiempo, pero también es la oportunidad para que se establezca un diálogo entre ellas y generen algo incluso más grande. Que se retroalimenten, que se apunten mutuamente. Efectivamente los estribillos son una receta, o por lo menos son la parte indispensable de una canción pop, entendiendo el pop de una manera amplia. No se puede renunciar a un buen estribillo, hay que tenerlo muy en la cabeza. Pero no hay que descuidar todas las partes de la canción. Y a lo mejor, un puente, un simple puente, puede ser la antesala de ese gran estribillo. Sin ese puente no te están predisponiendo emocionalmente. Parece un poco cursi lo que digo, pero al final una canción también es una forma de sublimar la realidad y eso conlleva una forma de manipulación o de potenciación de las emociones de la persona que lo va a escuchar. También del que lo está componiendo. Por eso es tan indispensable que el que la está haciendo se emocione. Por lo menos esa es nuestra receta, lo que hemos hecho siempre. En plan, si pasa nuestro corte y a nosotros nos dice cosas confiaremos en que a las demás, al que luego lo vaya a escuchar, también lo haga. Y hasta la fecha nos ha ido muy bien. Pero, en general todo, o sea, la propia canción en sí misma y luego las propias canciones entre ellas hablándose. Por supuesto, con sus estribillos, sus estrofas y su todo.

Se nota que “¡Ahora!” es un disco cohesionado, con un hilo conductor desarrollado, un vínculo entre el inicio y el final. Y el recibimiento de vuestro quinto trabajo está siendo muy bueno. Mejor disco del año para la revista Ruta 66, entradas agotadas en muchos conciertos. ¿Cómo os sentís?

Para nosotros es una recompensa a todo ese trabajo al que venimos apelando desde el principio de la entrevista. Pero no solo del trabajo de este disco. Simplemente este disco es una piedra más o un ladrillo más, por utilizar la semántica del propio disco, en la estructura del significado musical de Biznaga. Sin todo lo que hay abajo, el ladrillo que implica con el nombre de “¡Ahora!” no sería nada. No podemos hablar de “¡Ahora!” sin lo anterior, porque llegar a “¡Ahora!” no se surge de la nada. Es, como decíamos antes, la versión más depurada de los Biznaga. Es una fotografía de los Biznaga de 2024 - 2025. No sé cómo seremos en 2027, pero probablemente sin “¡Ahora!” no seremos eso que seremos. Siempre hay que tenerlo en cuenta. Pero es un premio, una recompensa a todo lo currado, a tantos años ahí en la brecha. Trabajando, investigando, experimentando y aprendiendo. Y el último resultado de todo ese aprendizaje es feliz. Me parece… Iba a decir justo pero no, en este caso no es justicia o injusticia, simplemente hemos hecho lo que considerábamos que teníamos que hacer. Para nosotros es muy placentero, muy agradable, ver que la gente lo valora, que lo hace suyo, y que también siente que de lo que están hablando las canciones les apela y que luego responde, va a las salas, paga una entrada y canta tus canciones y cuando acaba el concierto se acercan a ti y te cuentan todo lo que significan para ellos. Para nosotros eso es lo más grande que nos ha podido pasar en la vida.

“No podemos hablar de ‘¡Ahora!’ sin lo anterior, porque llegar a ‘¡Ahora!’ no se surge de la nada. Es la versión más depurada de los Biznaga”

“Sí el ayer es una deuda y el mañana un tipo de interés, ocupemos el ahora”. La denuncia ha sido siempre una parte importante del mensaje de Biznaga. Pero “¡Ahora!” suena como un martillo, un golpe en los cimientos del establishment

Bueno, sí. El componente crítico, un poco por mi personalidad, siempre ha estado marcado, más o menos presente, de manera más evidente o menos, más soterrada o clara, pero ha estado casi desde el principio. Incluso cuando las canciones eran un poco más oscuras o el mensaje más críptico, siempre ha habido ese halo de inconformismo o cierta disidencia. A veces no de una manera política evidente, pero sí de insatisfacción personal, existencial. Y eso tiene mucho que ver con el contexto social, con lo político. Si que se ha ido concretando esa crítica hacia lo colectivo. Al principio eran más gritos, quizá individuales o individualistas, con los que se podían identificar otras personas. Ahora se identifica el malestar individual como una parte de un malestar más general, más colectivo, que afecta y que enferma la propia sociedad en la que vivimos todos. Para nosotros es importante, y hemos aprendido a mirar a nuestro alrededor, a levantar la cabeza un poco de nuestro ombligo y mirar a lo que nos rodea. A veces las canciones son como un ojo, como una cámara que va grabando, que va describiendo de manera más o menos poética o más o menos literal lo que lo que está viendo. Creemos que eso habla de una primera persona, pero del plural, que de alguna manera también conlleva un yo. Es decir, todos estamos ahí dentro, pero formamos parte de un todo general y nuestros malestares son los malestares también de muchas otras personas. Entenderlo así es positivo y hay que denunciarlo. Biznaga habla de la realidad que le rodea, y la realidad que ve, y eso, evidentemente, en un momento de muchísima problemática económica y social, conlleva una crítica.

Y a esa realidad le habéis puesto un color en “La gran renuncia”: “Verde Codere, Vox y Tecnocasa”. Adicciones y salud mental, ultraderecha, especulación, privatizaciones, vivienda, gentrificación. Creo que este estribillo resume los principales problemas a los que nos enfrentamos como sociedad…

“La gran renuncia” es otra de las canciones de las que estamos más satisfechos en este disco. Musicalmente explora territorios que no había trabajado mucho el grupo, como guitarras más en lo profundo, cercanas a Gang of Four o a grupos de la no wave. Y luego el estribillo podría ser muy eskorbutiano. En la manera de cantarla nos basamos en grupos británicos más actuales, como pueden ser Sleaford Mods, como más de escupir, o Idles incluso. Y en lo discursivo, claro, hay tanta tela por cortar, no son problemas aislados. Todo esto uno no lo sabe cuando lo está escribiendo, pero sabe de lo que quiere hablar. En el momento en el que ya están todas las canciones acabadas y las revisas ves que hay muchas que dialogan entre sí, temáticas que se repiten, aunque se abordan desde perspectivas diferentes. Pero en general, sí que hay claro una especie de triángulo. Una temática triangular que dialoga entre ella y se retroalimenta, que es la crisis de la vivienda y la precariedad laboral, el alto coste de vida y, en muchos casos, lo escaso de los salarios. Y el tercer punto, en el que influyen esos dos, es la salud mental. Si hay cualquier problema de vivienda y de precariedad laboral eso, tarde o temprano, provoca un desgaste y un malestar mental en la sociedad y en la persona que lo padece. En ese triángulo están integradas prácticamente el 90% o el 80% de las canciones del disco. Concretamente, en “La gran renuncia” aparecen embozadas todas, incluso apuntan en nuevas direcciones por lo del auge de la extrema derecha. Es una canción que representa el espíritu, tanto de la época como del propio disco. Para nosotros es una canción muy importante. Y lo que es más especial, que en directo es una de las más celebradas y en la que se genera mayor bronca, que eso también está guay.

“Biznaga habla de la realidad que le rodea y eso, en un momento de muchísima problemática económica y social, conlleva una crítica”

Hace unas semanas lanzasteis en vuestras redes un video grabado en Lavapiés en apoyo a Vecinos Tribulete 7, en lucha contra los desahucios, contra los fondos buitre. ¿Cómo está el panorama en Madrid?

Revuelto. Revuelto porque es el epicentro, una de las zonas cero de la máxima especulación, de la falacia contemporánea llamada libertad. Made in Ayuso. En la perspectiva y el marco neoliberal. Está convulsa la cosa. Nos parecía importante implicarnos en el caso de Tribulete, pero como el de Tribulete hay muchísimos. Yo viví en ese mismo barrio, en Lavapiés, nueve años de mi vida y de la última vivienda en la que estuve me tuve que marchar porque el bloque entero lo había comprado también un fondo buitre para hacer un hotel de lujo. Me toca bastante cerca el tema. El tema de la vivienda se habla cada minuto que pasa en Madrid. Y no solo en Madrid, en todas las ciudades de España se está hablando del problema de la vivienda porque les está afectando. Y por supuesto Madrid es una de las ciudades más caras. Está a la cabeza de este desastre. Para nosotros es importante visibilizarlo. Lo de Tribulete fue especialmente bonito por lo anómalo de la propuesta. Estar tocando en un balcón en el corazón del Madrid gentrificado, formando parte de esa performance con una comitiva funeral, con un ataúd que simbolizaba la muerte del barrio. Tiene todo el sentido que un grupo como el nuestro, con nuestro discurso, partícipe en este tipo de cosas.

El local de ensayo lo tenéis en el barrio de Carabanchel. Allí hay un movimiento cultural muy activo, con muchas bandas. ¿Cómo es posible en un Madrid que queréis “ver arder”? ¿Están pasando cosas en la calle?

Siempre pasan cosas en la calle y así debe ser. Y cuando hay un clima de malestar social proliferan las iniciativas, la creatividad. Es un momento en el que no hay que claudicar. Por otro lado, hacemos gala del entusiasmo. Y cuando han llegado incluso a colonizar nuestros deseos, nuestros anhelos, nuestro estado de ánimo no hay que dejar que esos mensajes cenizos permeen. Es importante mantener el entusiasmo en esos momentos. Juntarse para hacer un grupo o un fanzine, una fiesta, me da igual, cualquier cosa, un club de lectura, teatro, lo que haga falta. Juntarse, quedar, hablar y verse las caras es importante para no sucumbir a esa atomización y a ese proceso de derribo de lo común, de lo colectivo. Evitar no dejarse llevar por ese individualismo, que parece que todo va a ahí. Es importante que todo ese tipo de células creativas, sociales, sigan en pie y se mantengan. Es posible y me parece positivo. En Carabanchel o en cualquier otro sitio.

“Siempre pasan cosas en la calle y así debe ser. Y cuando hay un clima de malestar social proliferan las iniciativas, la creatividad. Es un momento en el que no hay que claudicar”

A pesar de lo que estamos hablando, de todos esos conflictos sociales, en “¡Ahora!” se ve un rayo de luminosidad, ese “entusiasmo” como “una disidencia”. Creo que es un punto de inflexión, un cambio importante en la transición de Biznaga, en su evolución. Además de denunciar, pasáis a la acción.

Sin duda. En algunas entrevistas nos han preguntado que si la música, si una canción, puede cambiar el mundo. Evidentemente no. Pero la cultura, en el ámbito en el que nos movemos, concretamente la música, no es ajena a los problemas que la rodean porque los componentes de este grupo, las personas que hacen estas obras, también son ciudadanos del mundo. Ciudadanos de las ciudades en las que habitan y también tienen las mismas problemáticas. Renunciar a la posibilidad de hablar sobre todo eso en tu trabajo, en tu creatividad, podría ser un error. Para nosotros es importante contribuir a mantener el debate vivo sobre temas que nos parecen importantes. Siempre ha sido así. Lo que sí que ha ocurrido es que ahora tratamos de no simplemente escupir la rabia sino de construir con una actitud más propositiva, o por lo menos más entusiasta, que permita levantar el ánimo. Canciones que no solo te enfurezcan, sino que te llenen de ganas de hacer cosas y de que te hagan pensar, aunque sea durante los tres minutos que dura la canción, que otros futuros son posibles. Eso tiene igualmente fuerza que simplemente una diatriba iracunda escupida a toda velocidad cagándose en todo. Quizás es más complicado llegar a eso otro, a lo positivo, sin caer en lo naif, en lo fácil o en lo cutre. Es más complicado llegar ahí y hacerlo bien. Y nosotros hemos quedado muy contentos con el resultado y creo que la gente también. Porque canciones así, positivas, no habrían estado en un repertorio de Biznaga de hace cinco años. Canciones como “El entusiasmo”, “Ocupar el ahora” o “Las afinidades eléctricas” la gente las recibe de muy buen grado y de verdad significan mucho para las personas. A nosotros nos da, si cabe, más entusiasmo para hacer más canciones positivas. Criticar de otra manera.

En el concierto de Pilares, dedicasteis dos canciones a los seis antifascistas de Zaragoza, en prisión por manifestarse contra la ultraderecha. ¿Es Biznaga una banda antifascista?

Biznaga no hace gala, digamos de manera explícita, de lo que podríamos llamar lo antifa o ser una banda antifascista. Pero, por supuesto, Biznaga es una banda antifascista. No está constantemente orbitando en torno a esa semántica o a esa estética, por decirlo de alguna manera evidente. Pero, por supuesto, porque los miembros que componen el grupo lo son, la respuesta es sí.

“Para nosotros es importante contribuir a mantener el debate vivo. Siempre ha sido así. Lo que sí que ha ocurrido es que ahora tratamos de no simplemente escupir la rabia sino de construir con una actitud más entusiasta”

El ahora de Biznaga | Foto: Cristina Pontijas

En directo sois capaces de “reventar” una sala pequeña como un escenario grande al aire libre. Pero... ¿Dónde os sentís más a gusto?

Hay de todo. Como respuesta sencilla y fácil te diría que una buena sala, con unas buenas condiciones técnicas para la banda y para el público, es lo mejor. A partir de ahí, hay festivales que te tratan muy bien, otros que son una mierda y ahí ni siquiera tiene que ver con el presupuesto, o con lo grande o lo pequeño que sean. Luego hay salas, que tampoco tiene que ver con el aforo, que son más pequeñitas y está todo muy bien y otras que son más grandes y son un desastre. Una sala con un buen equipamiento, pienso que es lo que más se disfruta. Lo que más disfruta un grupo, por lo menos Biznaga. Y lo que más disfruta el público.

¿Plataformas digitales o vinilo?

Pues aquí hay peros. Creo que las dos cosas están bien si cumplen su función. Soy particularmente muy crítico de las plataformas digitales, de su funcionamiento, no de la propia tecnología en sí, del hecho de poder escuchar una canción en streaming, cuando quieras, en cualquier sitio. Bueno, al tenerlo todo constantemente cuando quieras quizá ha traído otras problemáticas, pero vamos a centrarnos únicamente en plan de quiero el acceso increíble a toda la música de todas las épocas. Eso está muy bien. ¿Cómo funcionan las plataformas? Es un tema y ahí sí que soy especialmente crítico. Pero me voy a quedar con lo abstracto simplemente. A veces es más cómodo, más sencillo por dónde estás o cómo, tirar de una canción en digital o en una plataforma. Y otras, en casa te apetece ponerte un disco, abrir la tapa, mirar el arte, leer las letras. Cada vez tenemos menos tiempo para disfrutar de ese tipo de placeres. El mundo ha cambiado mucho desde que la manera en la que escuchamos música era solamente esa o la radio. El propio ritmo y velocidad de los tiempos te empujan hacia un lugar totalmente diferente al de consumo de música. No me gusta la palabra “consumo”, está más asociada a las plataformas digitales. Al escuchar música. El disco de vinilo ha vuelto, pero ha vuelto como objeto de decoración, de coleccionismo masivo por decirlo alguna manera. Se han encarecido los precios de una manera insultante. Eso me hace muchas veces replantearme que a tomar por culo el vinilo. Yo soy una persona que compra de vez en cuando discos, que tiene su pequeña colección. No es muy abultada, pero siempre me ha gustado comprar discos. Compro discos desde hace 20 años casi, no es que me haya apuntado ahora, pero he visto esa escalada y no me gusta. Se ha transformado en esa moda y ahora los artistas mainstreams, todo dios, saca su disco en vinilo. Las grandes discográficas han reeditado todos los catálogos que antes tenían muertos de asco porque ahora es un negocio. Digamos que se ha pervertido un poco todo. No sabría qué decirte, cada cosa en su momento. Pero soy crítico con las dos, con los dos soportes.

Yo soy de los que todavía disfruta con los vinilos. El vuestro me parece una joya. Esta pasión viene de mi madre. La recuerdo escuchando discos desde que yo era muy pequeño. Aún conservo su discografía y sigo comprando vinilos, aunque estoy de acuerdo contigo...

Por eso yo también compro discos de vinilo. En realidad, todos compramos menos Torete, que es un chaval de 20 años hijo de sus tiempos. Pero nosotros tres compramos. Ya menos, por lo caros que son. Pero nos parece fundamental cuidar muchísimo el acabado, todos los detalles de una edición física. Creo que abres nuestro disco y está lleno de detalles a nivel estético. Queremos darle todo a la persona que lo compre. Es importante cuidar esto mucho porque también habla, es un vehículo para decir cosas del grupo.

Volvamos a las salas. Las instituciones aragonesas, léase PP, porque allí tenéis a Ayuso y Martínez-Almeida pero aquí tenemos a Jorge Azcón y Natalia Chueca, están más por apoyar los grandes festivales que a las salas de música, que son la base que proporciona cultura durante todo el año y las que promueven el talento local. ¿Qué opináis de esta apuesta siempre por lo macro?

Me parece un error, pero es consecuente con el pensamiento de esos agentes políticos. Por lo que implica un festival, cuanto más macro un tipo de consumo —ahora sí utilizado la palabra de manera correcta — cultural que, de alguna manera, tiene más de ocio que de otra cosa. Los festivales muchas veces, aparte de ser clónicos, parecen de todo menos, precisamente, una oportunidad para ir a escuchar música. Simplemente son parques de consumo, centros comerciales, parques de atracciones. Eso ayuda a poner la ciudad en el mapa de manera política. Atrae un “turismo cultural” entre comillas, pero muy comercial y malentendido, por lo menos como yo entiendo lo que es la cultura. Por eso digo que es consecuente que apoyen ese tipo de modelo. Totalmente extractivista de los recursos de la propia ciudad, extractivista del arte, de los grupos que van porque tienen que vivir de ello. Y acumulativo realmente. No deja de ser otra oportunidad en la que desarrollar ese marco económico, que es el del capitalismo acumulativo. De siempre más. A mí me parece un error, pero me parece consecuente con sus políticas. Repercutiendo negativamente a muchos niveles. Necesitamos un tejido de salas más grande y más fuerte.

Hemos hablado del crecimiento de Biznaga, tanto en lo musical como en seguidoras y seguidores. Cada vez más gente conoce a Biznaga. Os he oído alguna vez hablar de la dificultad de mantener ese equilibrio entre los conciertos que, al fin y al cabo, “os dan de comer” y los que os apetecería hacer, por ejemplo, en gaztetxes, okupas, para movimientos sociales. ¿Cómo gestiona ese equilibrio una banda como Biznaga?

Es complicado, pero nos parece importante tratar de mantenerlo hasta el final. Para nosotros siempre ha sido importante. Y es inevitable caer en la contradicción. Vivir en este mundo es estar en contradicción. Es imposible ser 100% consecuente, 100% honesto. Porque hay que sobrevivir. Las personas críticas, disidentes, tienen que sobrevivir para poder seguir siendo disidentes y críticas. Tienen que mantener, por lo menos satisfechas, las necesidades materiales para poder desarrollarse críticamente. Dicho esto, muchas veces hay que hacer trabajos que son de supervivencia, como cualquier hijo de vecino. Y luego otros que están alineados o que son afines a tu ideología o que pelean por causas en las que piensas y las que crees. Mantener ese equilibrio es complicado. Pero hasta la fecha, más o menos, lo hemos hecho. Y es bastante satisfactorio, incluso más, en cuanto hemos crecido en el sentido, digamos, comercial, cuando haces ese tipo de alternativas. Porque nadie espera a un grupo de determinada órbita, de determinado tamaño, de pronto yendo a hacer eso, porque no se le ha perdido nada, porque no gana nada. El mensaje que acabas enviando creo que se crece. Se multiplica. Porque dices vale, a veces hay que hacer las cosas no solo por dinero. Creo que es interesante y tratamos de mantener, como te digo, un equilibrio. En este momento que vivimos de la banda estamos experimentando intentar reducir al máximo ese tipo de cuestionamientos. En el sentido de ver si es posible sobrevivir o más bien vivir dignamente, nosotros, los cuatro, y que el proyecto siga adelante con todos los costes que ello conlleva, de equipo y de personas que trabajan con nosotros que hay que pagarles, sin hacer, o intentando reducir al máximo, esos eventos macro. No sabemos si es posible. El tiempo lo dirá. Estamos trabajando. Vamos a hacer evidentemente algunos festivales, pero tenemos debate sobre cada cuestión, sobre nuestras líneas rojas, y la necesidad de la banda dirá si sí o si no. Pero si la banda se lo puede permitir, probablemente se opte por el no. De hecho, ya ha habido varias negativas a cosas que está muy bien pagadas, pero que se ha decidido no hacerlas. Ahora mismo nos lo podemos permitir. Quizás sea un privilegio renunciar a un macrofestival. Aun así, hay grupos que están muy privilegiados que no renuncian, pero claro, probablemente no estén en los cuestionamientos que estamos nosotros. Nosotros incurriremos en contradicciones y será inevitable, pero por lo menos nos parece importante poner en práctica o experimentar si de verdad eso es posible, durante cuánto tiempo y en qué medida se puede hacer. Cómo se puede reducir. Por lo menos planteárselo. En esas estamos.

“Muchas veces hay que hacer trabajos que son de supervivencia, como cualquier hijo de vecino. Y luego otros que están alineados o que son afines a tu ideología o que pelean por causas en las que crees. Mantener ese equilibrio es complicado. Pero hasta la fecha, más o menos, lo hemos hecho”

Por lo que cuentas, Biznaga es una banda asamblearia...

Claro, lo sometemos todo a debate. Lo hablamos mucho y así hemos funcionado. Nos ha funcionado y nos va bien. Pese a que todos tenemos nuestro ego, sabemos en qué momento dar nuestro brazo a torcer. Y si nos exponen una buena razón, puedes decir “oye, pues es verdad. Tienes razón con esto”. Y mañana tendré razón yo y probaremos. Y cuando de verdad alguien ha tenido un acierto, reconocérselo. Eso también se aplica para lo creativo. Saber cuáles son los fuertes de cada uno. Quién lleva más o menos la voz cantante. Todos opinamos, pero cada uno sabe más o menos delegar o aceptar cuando otro tiene razón. Es importante para llegar a puntos en común, de acuerdo. Si no es complicado.

La última. Aragón, y Zaragoza en especial, ha tenido y tiene una escena hardcore punk muy importante. ¿Hay alguna banda a la que sigáis o que os haya marcado en algo?

Grupos de punk conocemos bastantes. Tanto como influencia, no diría. IV Reich, Manolo Kabezabolo, Rizillos. Álvaro, el cantante, es muy fan del rap. De Violadores del Verso siempre ha sido muy fan. Muchas partes que hemos tenido en canciones como pseudo rapeadas, que no han sido melódicas, así como molde o inspiración se ha fijado en ese rap noventero rollo Violadores del Verso. Al final, creo que la máxima influencia no nos ha venido tanto del punk a nivel de Aragón, nos ha venido del rap.

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