Entrevista a Bernardo Atxaga: “La bonita fábula de la Familia Real durará todavía un rato”

Andrea Nicastro, periodista del Corriere della Sera, entrevista sobre la monarquía española al escritor vasco Joseba Irazu Garmendia, conocido literariamente como Bernardo Atxaga, al que define como “el mayor poeta en lengua vasca”. Lucas Antón realiza la traducción al castellano para su publicación en sinpermiso. José Irazu Garmendia, nació en Asteasu, Gipuzkoa, el 27 de julio de 1951. Seguramente, fueron el deseo de emular a grandes autores de la literatura universal, y la intención de esquivar la censura franquista algunas de las razones que le llevaron a adoptar el seudónimo de Bernardo Atxaga. Es Licenciado en Económicas por la Universidad …

Foto de Ernesto Valverde, jugador del Athletic de Bilbao, y posteriormente entrenador de fútbol en varios equipos.
Foto de Ernesto Valverde, jugador del Athletic de Bilbao, y posteriormente entrenador de fútbol en varios equipos.
Foto de Ernesto Valverde, jugador del Athletic de Bilbao, y posteriormente entrenador de fútbol en varios equipos.

Andrea Nicastro, periodista del Corriere della Sera, entrevista sobre la monarquía española al escritor vasco Joseba Irazu Garmendia, conocido literariamente como Bernardo Atxaga, al que define como “el mayor poeta en lengua vasca”. Lucas Antón realiza la traducción al castellano para su publicación en sinpermiso.

José Irazu Garmendia, nació en Asteasu, Gipuzkoa, el 27 de julio de 1951. Seguramente, fueron el deseo de emular a grandes autores de la literatura universal, y la intención de esquivar la censura franquista algunas de las razones que le llevaron a adoptar el seudónimo de Bernardo Atxaga.

Es Licenciado en Económicas por la Universidad de Bilbao -actual Universidad del País Vasco-, miembro de la Real Academia de la Lengua Vasca-Euskaltzaindia, y ante todo, un apasionado de la literatura que ha demostrado que se puede ser universal escribiendo en euskara, lengua antiquísima, de origen preindoeuropeo y hablada en la actualidad por unas 700.000 personas. Como él mismo dice en uno de sus poemas, se trata de la lengua de un país que no se ve en el mapa pero que gracias precisamente a ella llamamos Euskal Herria o País Vasco. Hablar de Atxaga hoy significa, hablar del escritor en lengua vasca más traducido y premiado de todos los tiempos. El elenco de premios obtenidos incluye, entre otros, el Premio Euskadi (1989, 1997, 1999), el Premio Nacional de Narrativa (1989), el Premio Milepages (1991), el Premio Tres Coronas de los Pirineos Atlánticos (1995), el Premio Eusko Ikaskuntza (2002), el Premio Cesare Pavese de Poesía (2003), o el Premio de la Crítica Española (1978,1985,1988,1993,2003). En cualquier caso, suponemos que han sido los miles de lectores que Bernardo Atxaga tiene por todo el mundo, la buena acogida que ha tenido su obra la que le ha llevado a estar incluido en programas universitarios internacionales o en listados de autores imprescindibles del siglo XXI, como el propuesto por el periódico británico The Observer en 1999, “21 Top Writers”.

¿Qué impresión tiene del debate monarquía-república?

Como todas las monarquías, también la española es fruto de un pesimismo de fondo en lo que respecta al género humano. Se considera a las personas ignorantes, ingenuas, infantiles, pero también capaces de transformarse en masa y volverse peligrosas. Para controlarlas, la monarquía es un buen método. Les proporciona un esquema del tipo padre e hijo en el que refugiarse y sentirse protegidos.

Quizás eso fuera cierto en otro tiempo, ¿pero hoy?

Hablando de la Edad Media, explica Jacques Goff que el rey y la reina eran figuras míticas que nadie habría reconocido. Sin embargo, bastaba la idea para mantener el orden. Hoy es distinto. Con las nuevas tecnologías, nuestra sociedad parece que sólo sabe pensar en algo superficial. Los políticos deben ser actores de cine. Los reyes, iconos de una fábula. Algunos se lo creen, otros lo escogen cínicamente. Las élites intelectuales cultivan la apelación emocional a la irracionalidad, pero el objeto final estriba siempre en mantener el orden. El rey se convierte en un figurante, un actor del poder.

¿Juan Carlos? ¿Felipe?

El Príncipe no ha hecho nada notable en su vida, y sin embargo lo están proponiendo como modelo: es alto, guapo, inteligente, generoso.

¿Y es un error?

No, tal vez es útil. Pero no deja de ser una fábula. Lo teorizaba Orwell. La monarquía constitucional, escribió en un ensayo, secunda a las masas en su ansia de adorar a alguien y así las inmuniza contra la tentación de escoger a un tirano como modelo.

Juan Carlos salvó a la democracia española del golpe de 1981. El escritor Javier Cercas ha hablado siempre del deber de reconocimiento.

Lo puede decir Cercas; yo, no. No entiendo esta palabra: reconocimiento. ¿Debo rendirle homenaje a una vaca porque dé leche? A Juan Carlos lo había puesto ahí Franco, era su trabajo. ¿Por qué hay que estarle agradecido?

Podría haber apoyado a los golpistas.

“Y las vacas, poner huevos”.

¿Qué podrá hacer, en cambio, Felipe VI?

Paul Valéry, hablando de literatura, dice que el contenido y la forma deben estar unidos como el cuerpo y el alma, no como el cuerpo y el traje. Creo que Felipe hará muy poco por corregir el mayor problema español, que es la creciente diferencia entre ricos y pobres. Por el contrario, la publicidad y los redactores de discursos darán, empero, la impresión de que hace algo. Como el cuerpo y el traje, no como el cuerpo y el alma.

¿Nacerá un movimiento republicano serio?

Podría aglutinar a las fuerzas anticapitalistas y antisistema que han surgido del voto europeo, como Izquierda Unida, Equo y Podemos. Pero los independentismos vasco y catalán seguirán en suspenso, a la espera de entender qué fuerzas hay sobre el terreno. Creo que la fábula de la realeza seguirá funcionando un poco más, por lo menos.

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