Balkan Paradise Orchestra es una formación nacida en Barcelona en 2015 que ha evolucionado desde la fanfarria de calle hacia un potente espectáculo de escenario. En 2026 recorre distintos territorios con su nueva gira “Game Sessions Tour”, que llega este sábado a Zaragoza, a la Sala López. El proyecto se nutre de los sonidos de su último EP y del disco “Nèctar”, incorporando remezclas y colaboraciones internacionales, y mantiene su sello: una fusión de estilos que va del balkan brass al pop y la electrónica, con un directo coreografiado, festivo y pensado para el baile compartido.
Balkan Paradise Orchestra nació como una fanfarria de metales en la calle. ¿Cómo ha evolucionado el proyecto desde aquellos primeros conciertos hasta el espectáculo actual de “Game Sessions Tour”?
El proyecto ha evolucionado de forma bastante natural. Empezamos como una fanfarria muy ligada a la calle, con un formato más espontáneo, y con el tiempo fuimos sintiendo la necesidad de desarrollar un directo más trabajado a nivel escénico. Hace ya unos años que nos centramos en el formato de escenario, lo que nos ha permitido incorporar coreografías, electrónica y un diseño de luces propio. El uso de in-ears y micrófonos inalámbricos marcó un antes y un después, porque nos dio libertad de movimiento sin comprometer el sonido. El Game Sessions Tour recoge todo ese recorrido y lo lleva un paso más allá, integrando también el universo de los remixes y el concepto de juego en el directo.
En vuestro nuevo directo mezcláis balkan brass, pop y electrónica. ¿Qué buscáis al cruzar estilos tan distintos y qué os permite esa mezcla en el escenario?
Siempre nos ha interesado mezclar lenguajes y no quedarnos en un solo estilo. El balkan brass fue nuestro punto de partida, pero con el tiempo hemos ido incorporando otros géneros que nos atraviesan: pop, electrónica, música latina, disco… Esa mezcla nos permite ampliar la paleta sonora y también el tipo de energía que generamos en el escenario. Hay momentos más acústicos y otros mucho más electrónicos, más cercanos a la pista de baile. Nos interesa ese contraste y esa capacidad de llevar al público por distintos estados.
En el nuevo trabajo aparecen colaboraciones con artistas de lugares muy diferentes —Galiza, Marruecos, Colombia, India o Alemania—. ¿Cómo se construye ese diálogo musical tan internacional?
Se construye desde la confianza y la libertad. Compartimos nuestras canciones con artistas muy distintos entre sí y les dejamos espacio para que las lleven a su terreno. No buscamos tanto un resultado concreto como abrir un diálogo real, donde cada persona aporte su lenguaje y su contexto. Eso hace que las canciones se transformen mucho y que aparezcan lugares a los que nosotras solas no habríamos llegado. También nos permite conectar con otras escenas y otros públicos.
Las fanfarrias balcánicas han inspirado a muchos grupos europeos. ¿Qué os atrajo de ese sonido y cómo lo habéis reinterpretado desde Barcelona?
Nos atrajo la potencia de la fanfarria, la fuerza de los metales sonando como un bloque y el virtuosismo de esa música, pero también su carácter festivo y muy ligado al cuerpo y al baile. Con el tiempo lo hemos ido reinterpretando desde nuestro contexto, mezclándolo con músicas más cercanas a nosotras —del Mediterráneo, de la península ibérica o de otros estilos que escuchamos— y, sobre todo, incorporando composiciones propias. Ahora sentimos que tenemos libertad para alejarnos de la raíz cuando lo necesitamos, sin perder esa energía colectiva que nos define.


