Entalto lo Primero de Mayo

Walpurgis. Beltane. Cruces de Mayo. Midori no hi. Santiago el Verde. Día del trabajo y conmemoración de la Revuelta de Haymarket. La historia del movimiento obrero ha sido fértil en matanzas, represión y dolor, tanto como para que sin ningún problema pudiéramos haber elegido cualquier otro momento del año para conmemorar nuestra existencia como clase, como sujeto, como ansia colectiva de emancipación, de libertad. Y sin embargo, no: se eligió jugar al mismo juego que habían jugado el estado y la religión durante siglos, arrebatarles el derecho de inscribir y escribir el calendario y marcar sobre las antiguas fiestas paganas …

primeromayoWalpurgis. Beltane. Cruces de Mayo. Midori no hi. Santiago el Verde. Día del trabajo y conmemoración de la Revuelta de Haymarket. La historia del movimiento obrero ha sido fértil en matanzas, represión y dolor, tanto como para que sin ningún problema pudiéramos haber elegido cualquier otro momento del año para conmemorar nuestra existencia como clase, como sujeto, como ansia colectiva de emancipación, de libertad. Y sin embargo, no: se eligió jugar al mismo juego que habían jugado el estado y la religión durante siglos, arrebatarles el derecho de inscribir y escribir el calendario y marcar sobre las antiguas fiestas paganas de las brujas y del florecimiento nuestra fiesta, una muy distinta, pero tan germinal como cualquiera de las precedentes.

Después de eso, aquí estamos. En Aragón, una guerra civil, dos dictaduras, decenas de gobiernos parademocráticos y ciento treinta -casi- años de capitalismo y asimilación social y cultural española después, henos aquí. Con una clase trabajadora desmantelada por el paro, las deslocalizaciones, la precariedad. Con una clase que ya no es clase, y con un trabajo que ha perdido cualquier valor emancipador, para convertirse en el último refugio de una supervivencia que es el horizonte vital, y va a serlo cada día más, de un pueblo depauperado y sometido a la dictadura abstracta y real de las deudas, sean estas públicas e ilegítimas o privadas y fruto de la estafa y la condicia financiera, caso de las hipotecas.

Hace ciento treinta años, el objetivo que animó las movilizaciones de las que nació el Primero de Mayo era regular el trabajo para disfrutar de una vida digna, en la que se pudiera acabar con la hiperexplotación de la mano de obra para alcanzar un uso del tiempo racional, de ocho horas de trabajo, ocho de descanso y ocho de ocio. Hoy, esa situación de la que se quejaba el movimiento obrero en Occidente ha desaparecido de estas costas y desiertos en los que nació; la necesidad capitalista de una reserva de mano de obra parada y unos trabajadores industriales machacados por unos sueldos de miseria y jornadas interminables se ha trasladado a China, Bangladesh o India. A nosotras, a las trabajadoras de la periferia europea, nos arrebataron nuestra identidad de clase, nuestra forma de ser clase obrera para arrojarnos a lo que un día se llamó sociedad postindustrial, posmoderna después y que acabará siendo postapocalíptica.

En efecto, los EREs que arrasan el paisaje industrial aragonés, como el de Pikolín o Kimberly Clark, o el reciente anuncio de cierre de la factoría de Hueso en Ateca, no son más que el goteo final de una marea que se inició con la voladura descontrolada del tejido productivo europeo en los ochenta, y que acabará en el caso aragonés con el desmantelamiento de industrias centrales como General Motors, o con la sentencia de muerte que se le pretende dar al carbón aragonés. Y ante esto, el papel regulador del Estado al que se fió el sindicalismo oficialista ha quedado reducido a una entelequia desregulada por el neoliberalismo europeo.

En el resto de ámbitos del trabajo asalariado privado la situación nunca fue ni de lejos equiparable, y por ello la degradación de las condiciones de trabajo ha sido historicamente una triste realidad de la que solamente han escapado todas aquellas figuras retóricas que ejercen el papel muy real de capataces. Unos capataces tan conscientes de su posición de micropoder como poco conscientes de ella el precariado que trabajamos las hostelerías, comercios, oficinas, limpiezas, cuidados, etc. Y entre los asalariados del sector público, las flexibilidades, recortes, interinidades y otras erosiones de nuestros derechos comunes han logrado, después de años de autocontención del movimiento obrero organizado, poner topes a esa pendiente resbaladiza que era la impavidez ante la pérdida de derechos laborales y el empeoramiento de los servicios públicos. Dinámica que tal vez no se pueda frenar, hoy, pero ante la cual la concienciación es por suerte mayor que hace apenas dos años.

Fuera de esas fronteras de la actividad remunerada a la usanza tradicional residen, sin embargo, elementos capitales del mundo del trabajo hacia los cuales cada día más el movimiento obrero, el movimiento popular ha de establecer puentes puesto que forman parte de la médula misma de la explotación que este sistema ejerce sobre todas. Más allá de los límites del salario, la economía de los cuidados y el trabajo reproductivo son uno de los fundamentos del sistema de acumulación de capital y, también, causa de numerosas contradicciones todavía no superadas dentro del pensamiento obrerista.

Más allá de los límites de la ciudad, por otra parte, nos encontramos un mundo rural en el que la informalidad, la explotación de recursos naturales, la inadecuación subvencionada de la actividad económica a las necesidades de las comunidades y el continuo drenaje de personas, especialmente mujeres jóvenes, hacia las ciudades están provocando el afianzamiento del poder caciquil, patriarcal y terrateniente en detrimento de las posibilidades de afianzar comunidades viables y sostenibles, en lo cultural, lo social y lo económico.

Por último, más allá de los límites de la legalidad, decenas de miles de trabajadoras aragonesas, del sexo, del comercio ambulante, del menudeo de estupefacientes, etc., se ven marginadas y perseguidas por el sistema económico y sus siervos policiales, sufriendo la doble condena de llevar a cabo actividades no reguladas o ilegales y de ser, generalmente, inmigrantes en precario. Y con esa doble condena -triple, tan a menudo, cuando son mujeres- son llevados a los CIE, a los Zueras o a los Darocas.

Ese es nuestro retrato, el de todas las que estamos invitadas a salir hoy, Primero de Mayo, por el empuje de la memoria, y por la confianza en ser capaces de arrancar un futuro mejor de los hilos con los que ha de tejerse, además de por la convocatoria de las organizaciones sindicales combativas, las que mantienen la llama de una lucha obrera más allá de y contra los inverosímiles pactos nacionales con gobiernos y patronal.

Los objetivos... Bueno, los objetivos son tantos como fragmentos en los que ha estallado el conflicto del trabajo en nuestra época. Nos hace falta revertir la reforma laboral; nos hace falta una Renta Básica Universal. Necesitamos dejar de pagar una deuda ilegítima para recuperar unos servicios públicos dignos. Es preciso que todo trabajo sea recompensado, que los cuidados, la mejora de la sociedad por la cultura, la comida y la bebida, la tierra y el agua, el techo, el derecho a comunicarse, todo ello sea puesto a disposición de todas, con trabajadoras que lo aguanten apoyadas por todas. Exigimos, nos exigimos, solidaridad. Cale que las trabajadoras de todas las colectividades (que vuelvan ya), de Aragón, y del resto de los pueblos del mundo sean capaces de determinar democráticamente el marco laboral en el que desarrollar la mejor forma de producir, distribuir y consumir, y disfrutar de su ocio y su pereza, que es lo que termina por darle dignidad a la existencia. Esas ocho horas, o por qué no, dieciséis. Y todo esto, nos hacía falta para ayer, no por capricho, sino por supervivencia.

Pero hoy es hoy; es uno de mayo, Primero de Mayo. Hoy no conseguiremos nada de eso, ni tampoco hace falta. Hoy basta con conjurarnos, hacer ese Walpurgis obrero, un akelarre proletario. Mira que podríamos haber elegido días, y víctimas, pero hicimos coincidir el día de todas las que no viven de explotar a otros seres humanos con uno que, en el hemisferio norte y del Trópico para arriba, siempre se usó para celebrar brujerías y festejar (a) esas cosas que crecen y florecen. Sea, aceptemos el simbolismo.

Entalto lo Primero de Mayo, y entalto a luita da clase treballadera!

Mauricio Bendrigo, Acorazado Topemkin | Para AraInfo

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