Como los companyers, yo tamién detecto bell rechitar d’a simient de l’aragonesismo, que s’expresa de formas diferents a las tradicionals. Veigo por eixemplo a chent choven que dende los rez socials fa arrienda publicacions lo 23 d’abril, a los tres principals equipos de futbol d’o país fendo servir l’aragonés de traza simbolica, una nueva furnada de mosica aragonesista y a una d’as principals empresas fendo una gran campanya publicitaria centrada en o dia de Sant Chorche. Tamién como sinyalan os monoters, veyemos un president d’a DCHA antiaragonés enristindo furo con una bandera chigant pa mirar de ganar o relato de qué ye Aragón y por qué somos alacet d’Espanya.
L’airera bufa, pero ¿enta do? En este momento existe un interés renovau por Aragón pero, ¿por qué? Creigo que bi ha diferents causas, y una prou important en ye la progresiva perdida d’os teixius comunitarios y lo fluixo cheneral que leva a las personas enta l’individualismo y la soledat. No soi guaire viello, pero en os zaguers 20 anyos he visto una perdida progresiva d’os ligallos socials, afablindo-se o compromís d’a chent con as suyas comunidaz locals, con os suyos treballos, con as asociacions culturals y tamién en a suya vida cutiana familiar y d’amistaz.
En este contexto a identidat aragonesa a muitos nos resuena a ixos momentos en que femos u hemos feito parti de bella cosa mas gran que no nusatros. En o bullir d’a fiesta d’o nuestro lugar, en as parolas que dice yaya que no se sienten fuera de casa nuestra, en a nuestra cuadrilla, en cuan aturemos chuntas a esferra a Canal Roya u en o dance que febas cuan yeras chicorrón. De razons bi’n ha muitas y todas tienen bella cosa en común: no podrían haber existiu sin un compromís y una voluntat d’estar de personas concretas.
Por ixo creigo que lo que nos cal ye reforzar o treballo de formigueta, o compromís y a voluntat d’estar pueblo. Estoi que bi ha dos fainas fundamentals a fer, por un costau la participación en os espacios liberadors d’o teixiu comunitario en un sentiu amplo y por atro la identificación d’Aragón con un proyecto socialista emancipador. Porque a puyada d’o sentimiento aragonés no ye que un sintoma, pero a malotía real ye l’individualismo y las contradiccions d’a vida d’a clase treballadora en o capitalismo. Por ixo pienso que esta ola nomás la podemos aprobeitar si caminamos enta una nueva utopía, enta la nuestra utopía.
D’atra man y anque creixca lo sentimiento aragonés ye una puyada de radiz feble porque no ye tanto una proyección d’o que somos sino un recosiro d’o que hemos siu. Pa muestra, as publicacions en rez socials por o día d’Aragón han siu muitas mas que no lo triballo concreto feito por amillorar o nuestro país ixe día. Por ixo Azcón puede devantar una bandera chigant y la respuesta mayoritaria ye l’apatía en cuentas d’o carranye, ya que la nuestra ye una identidat en disputa. Por suerte encara bi ha condicions pa luitar por Aragón y por caminar enta la nuestra utopía, fendo que la nuestra identidat siga de resistencia y no pas de complacencia con as multinacionals como Amazón u AirBnb que nomás quieren de nusatros “agua, montanyas y electricidat”.
Ubramos a finestra, que bufe l’airera. U como dice lo nuestro himno “habrá un día en que todas, al levantar la vista, veremos una tierra, que ponga libertad”.

Hacia nuestra utopía
El mundo cambia rápidamente y con los cambios también se abren ventanas que en otros momentos hemos visto cerradas. En un artículo reciente de la buena chent de Radio Monotes leíamos que la identidad aragonesa se está revitalizando y que es necesario recuperar la utopía, pero no una general y abstracta, la utopía de nuestra vida cotidiana en un proyecto concreto, en un lugar concreto: Aragón.
Como los compañeros, yo también detecto cierto rebrotar del aragonesismo, que se expresa de maneras diferentes a las tradicionales. Veo por ejemplo a gente joven que desde las redes sociales hace un montón de publicaciones el 23 de abril, a los tres principales equipos de fútbol del país usando el aragonés de forma simbólica, una nueva hornada de música aragonesista y a una de las principales empresas realizando una gran campaña publicitaria centrada en el día de Sant Chorche. También como señalan los monoters, vemos a un presidente de la DGA antiaragonés arremetiendo fuertemente con una bandera gigante para intentar ganar el relato de qué es Aragón y por qué “somos” un cimiento de España.
El viento sopla, pero ¿hacia dónde?. En este momento existe un interés renovado por Aragón, pero ¿por qué?. Creo que hay diversas causas, y una muy importante es la progresiva perdida de los tejidos comunitarios y el flujo general que lleva a las personas al individualismo y la soledad. No soy muy viejo, pero en los últimos 20 años he visto una pérdida progresiva de los lazos sociales, debilitándose el compromiso de la gente con sus comunidades locales, con sus trabajos, con las asociaciones culturales y también en su vida cotidiana con amistades y familiares.
En este contexto la identidad aragonesa a muchos nos resuena a esos momentos en que participamos o hemos participado de algo más grande que nosotros mismos. En el bullir de la fiesta de nuestro pueblo, en las palabras que dice yaya y que no se oyen fuera de casa nuestra, en nuestra cuadrilla, en cuando paramos juntas la agresión a Canal Roya o en el dance tradicional que hacías cuando eras chicorrón. Razones hay muchas y todas tienen algo en común: no podrían haber existido sin un compromiso y una voluntad de ser de personas concretas.
Por eso creo que lo que nos hace falta es reforzar el trabajo de formigueta, el compromiso y la voluntad de ser pueblo. Me parece que hay dos fainas fundamentales por hacer, por un lado la participación en los espacios liberadores del tejido comunitario en un sentido amplio y por otro la identificación de Aragón con un proyecto socialista emancipador. Porque el auge del sentimiento aragonés no es más que un síntoma, pero la enfermedad real es el individualismo y las contradicciones en la vida de la clase trabajadora en el capitalismo. Por eso pienso que esta ola solamente la podemos aprovechar sí caminamos hacia una nueva utopía, hacia nuestra utopía.
Por otro lado y aunque crezca el sentimiento aragonés es un auge de raíz débil porque no es tanto una proyección de lo que somos sino un recuerdo de lo que hemos sido. Para muestra, las publicaciones en redes sociales por el día de Aragón han sido muchas más que el trabajo concreto realizado para mejorar nuestro país ese día. Por eso Azcón puede levantar una bandera gigante y la respuesta mayoritaria es la apatía en lugar del enfado, ya que nuestra identidad está en disputa. Por suerte todavía tenemos condiciones para luchar por Aragón y por caminar hacia nuestra utopía, haciendo que nuestra identidad sea de resistencia y no de complacencia con las multinacionales como Amazón o AirBnb que solamente quieren de nosotros “agua, montañas y electricidad”.
Abramos la ventana, que sople el viento. O como dice nuestro himno “habrá un día en que todas, al levantar la vista, veremos una tierra, que ponga libertad”.

