En reconocimiento a Manuel Lapeña Lapeña

El domingo pasado fallecía Manuel Lapeña Lapeña -padre de nuestra compañera Pura Lapeña Garrido-. Lo primero, es mostrar nuestras condolencias a Pura y a toda su familia por la pérdida de un ser querido y reconocer de manera muy especial la ingente lucha de los Lapeña por recuperar los restos de sus familiares asesinados en 1936 en un paredón sin juicio previo. Manuel se ha ido con 97 años en silencio, ese silencio digno y sereno de las personas que solo buscan un poco de paz interior y traer en este caso a su padre y tío a casa para …

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El domingo pasado fallecía Manuel Lapeña Lapeña -padre de nuestra compañera Pura Lapeña Garrido-. Lo primero, es mostrar nuestras condolencias a Pura y a toda su familia por la pérdida de un ser querido y reconocer de manera muy especial la ingente lucha de los Lapeña por recuperar los restos de sus familiares asesinados en 1936 en un paredón sin juicio previo.

Manuel se ha ido con 97 años en silencio, ese silencio digno y sereno de las personas que solo buscan un poco de paz interior y traer en este caso a su padre y tío a casa para enterrarlos en un acto íntimo de reencuentro después de una fatalidad inmensa e inabarcable.

Tenía Manuel 12 añicos cuando su vida se vio truncada por la desaparición paterna, sin preguntas ni respuestas, angustia y mucho miedo. Multas y expropiaciones familiares como premio a una perdida irreparable de un niño que empezaba a vivir.

Pasó el tiempo, esos tiempos duros de incertidumbres, trabajo y silencios comunitarios para no significarse ni llamar la atención, una historia común de muchos hijos e hijas víctimas del Franquismo.

Sin odio ni rencor, un día dijo al ver a Franco por la televisión a su familia: “Ese hombre mató a mi padre”. A partir de ahí la familia Lapeña se puso en acción para recuperar los restos de Antonio y Manuel Lapeña Altabás fusilados en la comarca de Calatayud, enterrados en el barranco de la Bartolina y después exhumados y llevados sin consentimiento al Valle de los Caídos.

El tesón, trabajo y resolución de la familia logró una sentencia judicial histórica para traer esos restos a casa y que Manuel pudiera ver con sus ojos ese reencuentro íntimo que reconciliase su memoria y sus afectos cercenados desde tan joven. Sin política ni ideología, sólo esa parcela de humanidad que cada ser necesita para estar en paz con su pasado por cruel que haya sido.

La historia es fea y en este país aún más. Manuel se ha ido pero aún queda una familia beligerante que no cejará en su empeño inicial de recuperar esos restos para que todos reposen en paz, tranquilidad y libertad.

Tengo rabia y me rebelo, me siento afectado y al mismo tiempo comprometido con una causa que no me es ajena y que creo nos concierne a a todos y todas sí queremos transmitir a próximas generaciones la realidad de los hechos.

Por lo tanto, mi capítulo de agradecimientos es extenso, plural y hasta casi excesivo. Primeramente agradecer la compasión mostrada por la Comunidad Benedictina de Cuelgamuros por su incesante labor apostolar en hacer todo lo contrario a lo que predican, así mismo mis mejores enhorabuenas al Juzgado de San Lorenzo del Escorial por ejecutar de manera tan rauda una sentencia en firme de obligado cumplimiento. Albricias a Patrimonio Nacional por su acción rápida en tomar decisiones de alto calado. Felicitaciones a Carmen Calvo por ser tan audaz hablando y tan lenta actuando, agradecimiento expreso al Ayuntamiento de San Lorenzo del Escorial por tramitar sus expedientes administrativos vía ‘celere’ y sin demora. Reconocimiento ‘cum laude’ a todos los portavoces de altas instituciones del Estado en su abnegada determinación de culminar de manera urgente las exhumaciones. Felicitar al actual y muy leal jefe de la oposición por sus palabras en tono jocoso cuando era un aspirante: “Las familias solo se acuerdan de los abuelos asesinados cuándo hay subvenciones públicas”.

Adiós Manuel, pronto estaréis todos juntos. Puri, Cecilia, Miguel y demás familia se encargarán de ello y nosotros con ellos. ¡Verdad, Justicia, y Reparación!

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