Este lunes 22 de julio se celebra el Día Europeo por las Víctimas de Delitos de Odio. Para el colectivo altoaragonés HU-ENTIENDE LGTB+ un paso imprescindible para luchar contra la violencia LGTBIQfóbica es la aprobación de la Ley de Igualdad LGTBIQ. Esta fecha recuerda a las víctimas de los asesinatos de Oslo en 2011, reiterando la necesidad de políticas efectivas contra una lacra que cada día suma más victimas.
Según los datos ofrecidos por el Ministerio del Interior de incidentes relacionados con los delitos de odio durante 2018, los incidentes que más han aumentado entre los últimos años son los relacionados con la orientación sexual y la identidad de género.
Para el presidente de HU-ENTIENDE, Pedro Roger "las herramientas punitivas que contempla la actual legislación no son suficientes, por ello resulta fundamental trabajar desde nuevas perspectivas y dar garantías a las víctimas". Varios territorios cuentan ya con legislación específica para prevenir este tipo de delitos de odio por orientación sexual y/o identidad de género y proteger a sus víctimas, en las que se incluyen medidas preventivas y diversos tipos de sanciones.
Sin embargo, para HU-ENTIENDE insistimos en que es imprescindible que las leyes protejan a todos las víctimas de la LGTBIQfobia independientemente de su lugar de residencia, que vaya más allá de colores políticos y que recoja la demanda social que pide tomar medidas efectivas contra los delitos de odio.
Los delitos de odio hacia las personas LGTBIQ son la mayor muestra de hasta qué punto todavía persiste en la sociedad española una discriminación basada en la orientación sexual y/o la identidad de género, y añaden desde la asociación, “no sólo se ejerce hacia las personas del colectivo, sino hacia aquellas que son percibidas como personas LGTB o cercanas a ellas”.
Las agresiones hacia personas LGTBIQ más visibles mediáticamente son aquellas que se cometen en la calle a manos de personas desconocidas, pero, según los datos con los que cuenta HU-ENTIENDE tras años de intervención con víctimas, no son las más comunes. El entorno más cercano a la víctima suele ser quien, de manera constante y sin llegar siempre a ejercer violencia física, cometen esos delitos, como extorsiones y chantajes.





