En defensa del pequeño comercio

El pequeño comercio es un motor económico que proporciona empleo a decenas de miles de autónomos, pequeños empresarios y asalariados en Aragón, tanto en las capitales de provincia como en otros muchos municipios medianos y pequeños. Un sector que, sin embargo, va mucho más allá de su impacto económico y que hace más habitables, humanos, seguros y sostenibles nuestros barrios y pueblos. Jane Jacobs, teórica y activista del urbanismo, decía que debía haber “ojos en la calle” en referencia a la función comunitaria de seguridad que proporcionaban los comercios en un barrio. La reciente inauguración en Zaragoza de Torre Village …

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Comercio de proximidad en el barrio de San José. Foto: AV San José

El pequeño comercio es un motor económico que proporciona empleo a decenas de miles de autónomos, pequeños empresarios y asalariados en Aragón, tanto en las capitales de provincia como en otros muchos municipios medianos y pequeños. Un sector que, sin embargo, va mucho más allá de su impacto económico y que hace más habitables, humanos, seguros y sostenibles nuestros barrios y pueblos. Jane Jacobs, teórica y activista del urbanismo, decía que debía haber “ojos en la calle” en referencia a la función comunitaria de seguridad que proporcionaban los comercios en un barrio.

La reciente inauguración en Zaragoza de Torre Village es, sin embargo, un paso más en la destrucción del pequeño comercio con la complicidad del poder político. Cabe recordar que fueron PSOE, PP y Cs los que en la anterior legislatura aprobaron el pelotazo de Solans de recalificar el uso de la antigua fábrica de Pikolín para construir un nuevo centro comercial. Solo Zaragoza en Común y Chunta Aragonesista se opusieron a este nuevo clavo en el ataúd del pequeño comercio.

Mientras los grandes tienen una posición de cada vez más privilegio y dominio del mercado, los pequeños comerciantes y hosteleros se están yendo a la ruina, siendo la actual pandemia la puntilla que los está rematando. A muchos nos ha hervido estos días la sangre leyendo como miles de personas acudían a la inauguración de Torre Village, con sus terrazas de cadenas de comida rápida llenas, mientras los propietarios de bares y restaurantes recibían el golpe de tener que cerrar los interiores de sus locales para frenar la alarmante expansión de los contagios. Una vez más, doble vara de medir, a las grandes empresas alfombras rojas, facilidades y subvenciones, a las pequeñas las migajas de hipócritas campañas de “compra en el pequeño comercio”. Grandes centros comerciales que generan problemas indirectos de tráfico, ruido, contaminación y atascos como vemos en Puerto Venecia. Pues son diseñados sin más lógica que el negocio y por lo tanto no atienden a otras necesidades como el transporte, ocasionando saturaciones como puede ocurrir en la línea del casetero.

Un papel parecido al de las grandes superficies está jugando Amazon, quien también está contribuyendo a destruir el comercio de barrio y está logrando transformar el comportamiento de consumidores en un tiempo récord. Mucha gente, cada vez más, cuando necesita comprar algo, no piensa en que tienda más cercana se lo pueden vender sino directamente consultan la aplicación de Amazon en su móvil.

Amazon es la tercera mayor empresa del mundo por valor bursátil. Tiene una estrategia a largo plazo de arrasar con el comercio y tener una posición de casi monopolio con su plataforma de venta on line. No le importa si a corto plazo este negocio no le resulta muy rentable pues sabe que su posición de dominio a largo plazo le hará intocable. Además, su negocio no es solo intermediar en la venta de productos sino todos los datos e información que recaba de nosotras cada vez que buscamos o compramos un producto a través de su plataforma. Huelga decir que su modelo de negocio se basa en la precariedad laboral.

A un gigante así habría que pararle los pies, ponerle el máximo de trabas posible a su expansión para proteger a nuestro pequeño comercio. Un pequeño comercio que da de comer a decenas de miles de familias aragonesas y que además hace de nuestros barrios y pueblos lugares vivos y seguros donde merece la pena vivir. Un barrio o pueblo sin comercios, solo con furgonetas de Amazon repartiendo pedidos, será un lugar mucho más triste, precario e inseguro.

Aunque somos muchos los que nos resistimos a un futuro tan distópico como el que está construyendo Amazon (entre otras multinacionales), el Gobierno de Aragón no lo ve así y en lugar de ponerle trabas le construye gratis un macroaparcamiento para su nuevo almacén logístico en PLAZA, con un coste para las arcas públicas de 9,7 millones de euros. Es una vergüenza que el Gobierno de Aragón contribuya con dinero público a la destrucción del pequeño comercio.

En estos momentos, hay miles de autónomos, pequeños empresarios y trabajadores de estos pequeños negocios que ven su futuro muy negro. Algunos ya no ven ni futuro pues ya han tenido que bajar definitivamente la persiana. Otros muchos se lo están planteando seriamente tenerlo que hacer en los próximos meses. Tenemos miles de aragoneses en una situación límite, desesperada. No se trata de obviar que hay una pandemia y por ello que es necesario tomar medidas que prevengan los contagios. Pero a la gente no se la puede dejar tirada en la cuneta como ahora está sucediendo.

Si hace 10 años hubo 100.000 millones de euros para rescatar a los bancos, no debería ser el dinero un problema para rescatar a todos estos comerciantes y hosteleros que están viendo peligrar la viabilidad de sus pequeños negocios. Y si no hay dinero, se suben los impuestos a los más ricos. Hay grandes fortunas que presumen de patriotas pero que su verdadera patria está en Suiza y en otros paraísos fiscales. Subamos el impuesto a los ricos y rescatemos a los bares, restaurantes y pequeños comercios. La situación es de emergencia sanitaria, pero también económica y social. Y si los gobiernos no actúan ahora, los daños serán (están siendo) irreversibles.

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