El desprestigio institucional y el posible fin de la democracia.
¿No os da la sensación, continuamente, de que la política es un juego con las cartas marcadas, al menos en nuestro país?
Cuando ves que jueces que, una y otra vez, muestran su incompetencia iniciando docenas de causas, por cuestiones claramente políticas, que luego quedan nada, y no le pasa nada y, en cambio un juez incómodo es echado a la primera de cambio por mucho menos. Cuando te percatas de que gente de "alto copete" es condenada a muchos años de cárcel y se le "suspenden" las condenas, mientras gente, por ir a una manifestación (sin pruebas, solo aplicando una ley que da total "patente de corso" a la policía) entra en la cárcel a cumplir unas condenas bárbaras y abusivas (y aquí no se aplican indultos claro).
Cuando un criminal confeso consigue que, tras lanzar bulos e infundios contra las autoridades, que se defienden de ellos, consiga que la Guardia Civil entre como un "elefante en una cacharrería" nada menos que en el despacho de todo un Fiscal General.
Cuando un juez, a todas luces incompetente, se empeña en investigar un supuesto "tráfico de influencias" para enfangar a la presidencia del Gobierno y, mientras, otra presidenta vive en una casa conseguida con mordidas reconocidas y no pasa nada.
Cuando a más de siete mil ancianos se les niega asistencia sanitaria elemental, haciendo que pierdan sus vidas dolorosamente y no pasa nada; mientras, el necesario "estado de alarma" (hoy invocado por los mismos que lo condenaron por motivos muy distintos en su momento) lo consideraron inconstitucional.
Cuando todo esto pasa ( y mucho más).
Cuando se niegan, los jueces, a aplicar una ley, votada por la soberanía popular, por sus propias convicciones políticas, a las que hacen prevalecer por encima de la intención del legislador, cuando otras amnistías e indultos a defraudadores y corruptos sí que son perfectamente apoyadas por la judicatura y el sistema.... entonces te das cuenta de lo que significa controlar el Consejo General del Poder Judicial.
Te das cuenta de lo muy peligroso que es para la democracia que solo hijos de la alta burguesía sean capaces de llegar al poder judicial, y de lo importante que eso es para el mantenimiento de este estado de cosas.
"El que pueda hacer que haga".
La ciudadanía no cree ya en esta institución( y en otras), pero lo peor es que a la propia institución y a la clase social que está tras ella eso le importa un comino, mientras sirva como instrumento de control social les es más que suficiente.
¿ Y de las instituciones políticas que cabe decir? que también mientras sirvan a sus intereses de clase, se les da una higa que ya no tengan prestigio ante la ciudadanía; es más, lo buscan, porque el dicho "todos los políticos son iguales" les favorece.
El liberalismo de sus ancestros ya no les vale, en su momento sirvió para luchar contra el "antiguo régimen" pero ahora ellos son los opresores y el "libertad, igualdad y fraternidad" es solo un eslogan caduco.
Quienes afirmaron que en Irak "créanme" había armas de destrucción masiva y, tras el atentado del 11M, quisieron engañar sobre su autoría a los ciudadanos por cuestiones de táctica electoral.
Quienes decían que lo del Prestige eran unos "hilillos". Quienes engañaron a conciencia a los familiares del desastre del Yak.
Quienes no asistieron a miles de ancianos, que tenían derecho a la atención sanitaria, y los dejaron ahogarse en sus habitaciones porque "se iban a morir igual".
Quienes crearon un ambiente de crispación en Cataluña para conseguir votos en el resto del Estado, y tienen las narices de hablar de igualdad cuando amnistiaron a miles de defraudadores, de su clase social, naturalmente.
Quienes estaban desaparecidos haciendo quién sabe qué, tras criticar a la universidad por decirle a sus alumnos que se quedarán en casa, y dieron el dinero de una unidad valenciana de emergencias a unas escuelas de toreros, siendo responsables de dar la alarma cuando ya la gente estaba con el agua al cuello literalmente...
Pues bien, esta gente, con su poder económico, su poder mediático o sus poderes fácticos (por ejemplo, militares ahora blanqueándolos). Ese 70% de fuerzas de seguridad declaradamente conservadoras, su falta de patriotismo, mil veces demostrado en Europa, su clara defensa cerrada de sus propios intereses (privatizaciones y falta de inversión en lo público), siguen siendo votados por muchos obreros y gente de clase humilde.
El avance del ultraconservadurismo en el mundo de hoy, mientras suenan tambores de guerra de fondo, es más preocupante que nunca tras la Segunda Guerra Mundial.
Tampoco nadie pensó entonces que lo que parecía imposible, por absurdo, pudiera llegar.
Pero el fin de la democracia, emborrachado Occidente tras acabar con el bloque comunista, puede ser un hecho que puede fagocitarla a sí misma.
No pensemos que hay nada eterno, el futuro lo hacemos nosotros y no se nos está dando nada bien.
Ellos está claro quiénes son, nosotros somos los que nos tenemos que aclarar. Hemos de volver a revisar nuestra identidad y ver si somos la mayoría o somos ya un resquicio minoritario de unas ilusiones perdidas.
Al final todos estamos en el mismo barco y dar por hecho que por gritar que vamos a embarrancar, si la mayoría de los pasajeros y tripulantes no lo ven (o no lo quieren ver) acabaremos todos en el fondo del agua. ¿Cambiaremos de rumbo? Solo el tiempo lo dirá. Veremos.

