El resuello que la noche electoral ha deparado a quienes creen en la socialdemocracia, como base para una convivencia en términos de progreso social, humano y medioambiental, no oculta todo un surtido de percepciones sobre la realidad y el pensamiento colectivo que se ha manifestó en las urnas del 23J.
Al margen de la crítica a la Ley Electoral, que podría/debería ser extensa y de calado, sea bienvenida la pluralidad de esta sociedad que aleja, siquiera de momento, el triunfo de la España de cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María.
Pero ello no nos debería hacer olvidar que, desde hace mucho tiempo, se viene produciendo un acusado retroceso en muchos aspectos cívicos y que la estructura legislativa diseñada en la transición bien merecería un buen repaso. Sin pecar de conspiranoicos, la derecha mediática ha realizado, de forma metódica y gradual, la difusión de contravalores democráticos. Estamos hablando de verdaderos cortafuegos contra el pensar común de los españoles que parecía instalado en nuestra cotidianidad pero que son puestos en tela de juicio desde los que podríamos llamar una "brutalización ideológica" puesta en escena desde una sesgada aplicación de las libertades individuales de la que la mayor parte de la población no es consciente.
Hay que reconocer que como ejercicio de prestidigitación de ideas, la oligarquía económico/informativa ha triunfado y ha cercenado de plano cualquier voluntad popular de avanzar hacia un modelo de relaciones sociales que puedan hacer peligrar mínimamente al statu quo. El adiós a las mareas ha sido total y el pálpito de la calle está bajo control; el neoliberalismo puede estar tranquilo.

Volviendo a la valoración electoral, no resulta de ser paradójico que muchos de quienes han sido críticos, profundamente críticos, con el PSOE como "brazo amable" del neoliberalismo, hayan celebrado el resultado electoral como un triunfo compartido y que se llegue a alcanzar la beatificación del líder, criticado hasta antes de ayer. De esto también habrá mucho que decir.
A pesar de esta atmosfera de cierto respiro, no se nos debería escapar que está triunfando la capacidad de conformar el "sentir nacional" y eso se ha conseguido gracias a una diversificación de las inversiones ideológicas con que las oligarquías empresariales y financieras sostienen la maquinaria política. Los huevos puestos en la cesta del fascismo han generado el cambio social deseado, la atmosfera más adecuada para continuar con los negocios; las empresas de energía (verdes o negras) pueden seguir con su modelo y la captación de fondos públicos para una expansión infinita, solo criticada por el movimiento ecologista, las distribuidoras de alimentos seguirán aumentando sus beneficios apoyados en una agroindustria explotadora y de los bancos ya ni hablamos.
Pese a todo lo que habrá que criticar mañana y pasado mañana, precisamente para que la crítica y el diálogo no pasen a ser una rareza en nuestra tierra y desde la siempre ambigua percepción con que el librepensamiento encara la realidad, podemos coger aire para seguir caminando. Para creer y crear un contrato social que permita la permanencia y el avance en libertades, derechos y en los valores del COMÚN como horizonte de convivencia.
Tenemos mucho que hablar con calma, fuera ya del triste espectáculo de la permanente campaña electoral en que vivimos, en plazas, calles y parlamentos y necesitamos que las mareas arrastren de las playas españolas el detritus de los fanatismos.
El vano ayer engendrará un mañana
vacío y ¡por ventura! pasajero,
la sombra de un lechuzo tarambana,
de un sayón con hechuras de bolero;
el vacuo ayer dará un mañana huero.
Antonio Machado. 1913

