Elecciones en Aragón: más de lo mismo

Pues parece que hay de nuevo campaña electoral en Aragón y suena todo a cosa oída. Hay que mirar la realidad en varios planos, eso sí. El de la de la política electoral, el del electorado y también el de la de la política que hace y vive la gente, que a menudo coincide muy poco con las propuestas electorales. En la campaña escuchamos un poco lo de siempre: las habituales promesas de infraestructuras que nunca llegan, de cuidar la agricultura al mismo tiempo que se venden hectáreas a las multinacionales y cada vez se destina más espacio a la …

Pues parece que hay de nuevo campaña electoral en Aragón y suena todo a cosa oída. Hay que mirar la realidad en varios planos, eso sí. El de la de la política electoral, el del electorado y también el de la de la política que hace y vive la gente, que a menudo coincide muy poco con las propuestas electorales.

En la campaña escuchamos un poco lo de siempre: las habituales promesas de infraestructuras que nunca llegan, de cuidar la agricultura al mismo tiempo que se venden hectáreas a las multinacionales y cada vez se destina más espacio a la especulación energética con el territorio.
No falta la dosis de anticatalanismo recurrente (qué aburrimiento) y reaparece el fantasma de un trasvase del Ebro. La política hidráulica la de siempre: a ver quién la echa más gorda.

Muchos problemas de verdad se quedan siempre arrinconados, como la falta de comunicación, de transporte público en un territorio extenso e infrapoblado. Ni siquiera ahora que está tan de moda el tren nadie se molesta en explicar por qué la forma más rápida de llegar a València en transporte público sea pasando por Madrid.

Poco se hace por ver el elefante en la habitación como es el asunto de la sanidad pública o la educación. Se lanzan una serie de promesas cliché y ni se habla de la movilización masiva por la educación de hace dos semanas. Porque el problema, es sabido, es estructural y en los asuntos educativos o sanitarios opera una intencionalidad evidente de privatizar, pero los grandes partidos no la llaman así, que hace feo. El PP apunta maneras y, por si había dudas, se trajeron a Ayuso de Madrid para defender su modelo sanitario.

No se habla de identidad aragonesa. Para qué, si al bipartidismo esta tierra le importa más bien poco y Azcón se ha disfrazado de Lambán a veces y otras de Abascal y le sale cuenta.

Otros temas ni se nombran, como las servidumbres militares o el hub de defensa, la industria de la guerra en que se está embarcando Aragón sin cuestionar lo que supone.

En cuanto a la izquierda parlamentaria se obstina en perder el tiempo con su eterna desunión que les resta fuerzas. Desunida pero con programas prácticamente calcados, y buscando un lugar propio aunque la estructura partidista a veces queda muy lejos de la calle.

Respecto al voto... No pinta bien la cosa para avanzar. La demografía aragonesa siempre apunta a un voto conservador. Una población muy envejecida que vota a un modelo de una España que ya no existe: monocolor, hetero, cristiana y de cultura única.

Además en esta ocasión el voto conservador coincidirá con una parte de la juventud que se ha ido escorando hacia la derecha para llegar a un pensamiento reaccionario que cala en muchas capas de las sociedad. Y esto es lo verdaderamente preocupante. Porque va de la mano de un racismo sin complejos y una defensa del individualismo más salvaje.

Las encuestas juegan a favor de la ultraderecha. Pero es que escuchar a sus líderes, como al PP que cada vez se apunta más al carro ultra, es un delirio: un programa absurdo en que van hablando de asuntos que dependen del estado central y con su líder estatal en una tierra que ni defienden ni se creen. Eso no quita para que vayan a ser tercera fuerza política a un paso de ser segunda.

Mientras, las élites de siempre se frotan las manos viendo como provincias enteras votan contra sus propios intereses. Sí, hablamos de Teruel.

Al mismo tiempo la alargada sombra de Lambán y su derecha con nombre de socialista sigue siendo muy alargada.

Esto son solo unas pinceladas, el análisis completo daría para páginas enteras de aburridas intrigas palaciegas, pactos que todes sabemos que se producirán y que requieren su pausa dramática y acuerdos que se forjan en Madrid y que, como siempre, dejarán al pueblo aragonés a un lado.

Pero luego estamos otra gente.

La gente que se movilizó en la enseñanza y arrancó una huelga como no se había visto hace años. La que en Cinco Villas paraliza proyectos energéticos lesivos. La que en el Pirineo resiste los embates de la especulación turística. La que impide que se instalen macrogranjas en sus pueblos. La que teje redes o medios de comunicación independientes. La del feminismo de base y los derechos LGTBIQ. La que abre centros sociales. La que resiste a los desahucios. La que mira donde nadie quiere mirar como el interior de las prisiones.

Al margen de que se vote o no. La movilización, de muchas y variadas maneras, debe ser la forma de hacer política.


Acratorial semanal del programa El Acratador de Radio Topo, radio libre de Zaragoza.

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