Leo con retraso (más de un año, tras su publicación), el libro “¿El final de las estaciones? Razones para el decrecimiento y para la rebelión de la ciencia”, de Juan Bordera, Antonio Turiel y Fernando Valladares (1), y quisiera extractar, casi literalmente, el capítulo de Juan Bordera titulado “El decrecimiento a debate en el corazón de la bestia” que narra el ciclo de conferencias “Más allá del crecimiento” desarrollado en el Parlamento Europeo del 15 al 17 de mayo de 2023.
En él se recoge que “la presidenta del Parlamento, Roberta Metsola, defendió más crecimiento, y la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von der Leyen comentó que el modelo de crecimiento fósil, está obsoleto y que crecer será posible con energías renovables y captura y secuestro de carbono, pero a continuación no hubo más intervenciones que negaran la evidencia de que el debate más crucial del siglo XXI no va a ser otro que cómo reconvertir nuestros sistemas económicos de modo que no necesiten crecer”. Ya en pleno debate se expresó que “sin políticas de redistribución de riqueza no hay nada que hacer”.
M. Buchs apostó “por tasar la riqueza y no tanto los ingresos, para favorecer el funcionamiento transicional del propio sistema”, y S. D´Alessandro habló del gasto militar, “cuyo incremento nos alejaría de una solución coordinada al mayor reto que enfrenta la humanidad. Con esas dos cuestiones ya habría fondos disponibles para iniciar un programa de reducción de jornada laboral, renta básica universal (garantizando lo básico a todo el mundo), rentas de emergencia para trabajadores de sectores que haya que reconvertir, etc”.

Otro importante debate fue el tema del lucro, donde D´Alessandro, indicó “que debe contenerse dentro de unos parámetros de sostenibilidad, pero eliminando el crecimiento. De ese modo, quizás la desigualdad tarde más en estar adecuada a la justicia social, pero el problema más urgente sería atajado con rapidez”, apostando “por cambiar el modelo socioeconómico del capitalismo, por uno que planifique mejor qué hacer con los recursos y priorice el bienestar y satisfacer necesidades”. Se escucharon repetidamento las palabras simplicidad y suficiencia y se apostó por fomentar el cooperativismo y la economía social.
Sobre el tema de la biodiversidad, V. Shiva expuso el dato de que “el 80% de la misma está en manos de los pocos pueblos indígenas que hemos permitido que sobrevivan, esos que consideramos atrasados desde nuestra tecnoatalaya colonial”.
También se mostró en el debate, que “decrecer es una cuestión urgente sólo para los países ricos, pues de ese modo liberarán espacio para otras naciones que puedan desarrollarse, crecer, y así encontrarse en una suerte de economía en estado estacionario o de postcrecimiento”. Igualmente se coincidió en que “Europa, junto con sus descendientes, Estados Unidos y Australia han sido los mayores beneficiados históricamente por la colonización” y “ahora les debería tocar asumir su justa contraparte”.
Sin embargo, “lo que Von der Leyen plantea realmente, es justamente lo contrario: rebajar legislaciones verdes, que han sido hasta ahora, cobardes, insuficientes y tibias, que todo debe sacrificarse en pos del imposible crecimiento” y “siempre sostenido por el dogma de la tecnología (hidrógeno verde, fusión nuclear, captura y secuestro de carbono ...) que nos va a llevar a las emisiones netas cero, y al 100% de la energía renovable...”. Sandrine Dixson-Declève, co-presidenta del Club de Roma expresó, “que la única tecnología que podría salvarnos, sería una máquina del tiempo que nos permitiera volver cincuenta años atrás”.
En relación a los debates sobre el PIB (producto interior bruto), se comentó que “ese indicador deberíamos haberlo abandonado hace décadas”, pero la idea crucial fue señalada por Parrique, indicando que “lo que hay que desacoplar son las necesidades humanas del crecimiento económico. Cuando el PIB va a hacia arriba, la naturaleza y los ecosistemas que sostienen la vida van hacia abajo, y la verdadera pregunta es: ¿A cuál de los dos queremos salvar realmente?”.
La intervención de Ann Pettifor, abogó por “volar el oleoducto del dinero fácil, porque estructuralmente favorece la concentración de riqueza”. Otras cuestiones quedaron pendientes o tratadas insuficientemente, como “la necesidad de encontrar alianzas con luchas obreras y sindicatos”, o cómo conseguir hacer realidad todas estas transformaciones. Otro tema determinante, el de la deuda de las naciones, según Bordera “requeriría un evento específico (más allá de la deuda) para encontrar salidas que asuman que en realidad una buena parte es impagable y odiosa, como todo el mundo reconoce”.
Julia Steinberger y Jason Hickel, hablaron de “democratización, asambleas ciudadanas, de cómo el sistema político actual está obsoleto, corrompido por el poder económico y sujeto al cortoplacismo electoral. Sólo mediante una democratización radical podemos albergar esperanzas de maniobrar a tiempo. La brecha entre ciencia y política, que este evento puso aún más de relieve, que sólo se podrá cerrar con más democracia, o con lo contrario. Las asambleas —una fórmula que precisamente une el mejor conocimiento científico disponibles con la mejor forma de hacer políticas de urgencia que conocemos- están funcionando”.
Sin embargo, como ha sucedido con esta conferencia, los medios no lo están contando y este tipo de omisión, denunció Steinberger, “tiene un claro motivo”. Allí donde se celebran estas asambleas “se proponen medidas más adecuadas y radicales que las que ningún partido político podrá llevar a cabo, asambleas temáticas y regionales que vuelvan a enraizar la política en el suelo que pisa, y que eviten que las decisiones se tomen con trazo grueso, con influencias de los lobbies y del propio territorio. Para temas como la transición energética, estas asambleas no pueden ser más cruciales”.
Phillippe Lamberts, copresidente de los Verdes europeos y uno de los responsables de que el evento tuviera lugar “pidió que este tipo de acciones se den en los parlamentos de los distintos países, indicando que si fallamos a la hora de reducir el metabolismo de nuestras economías, lo que vendrán serán más autoritarismos y dictaduras”.
En nuestro Estado, el pasado mes de septiembre (2) tuvo lugar en la Sala Ernest Lluch del Congreso de los Diputados, un evento similar al del Parlamento Europeo, interviniendo diversos especialistas y cuatro representantes políticos. Se recordó, que “en esa semana nuestro planeta ha estado a 1,65ºC por encima de la época preindustrial, y algo similar ocurrió en el mismo mes de 2023 y 2024, que ya hemos sobrepasado siete de los nueve de los límites que permiten una vida segura sobre la tierra. Que Donald Trump ha decidido intensificar el uso de los combustibles fósiles y que los planes de China para reducir emisiones de gases de efecto invernadero, son muy débiles”.
La conferencia se cerró con las experiencias de unos pocos municipios que en el Estado español están llevando a cabo políticas ecosociales y con un diálogo entre academia y sindicalismo. Los organizadores han pedido poner en marcha una “agenda común postcrecimiento, proponiendo un total de 38 medidas, distribuídas en 12 ejes: servicios básicos universales, renta básica universal, fin de subsidios a actividades destructivas, decrecimiento del sector turístico, transición agroecológica, impulso a la economía social y solidaria, reforma fiscal justa y verde, democracia deliberativa permanente y vinculante, protección de derechos de las generaciones futuras y de la naturaleza, cancelación de los tratados de comercio e inversión, cancelación de la deuda y reparación histórica, y decrecimiento digital, para poder crear condiciones favorables para consolidar este inédito diálogo político”.
En fin, un libro y artículo, de gran interés para cualquier persona interesada por la problemática del cambio climático y la necesaria transición ecosocial.
(1) 3ª Edición, marzo de 2024. Editorial Escritos Contextatarios. 186 págs.
(2) Activar el freno de emergencia o colapsar: el decrecimiento toma la palabra en el Congreso. Andrés Actis. (26-09-2025) , Revista El Salto.




