Así lo ha explicado el delegado de la AEMET en Aragón, Rafael Requena, que ha ofrecido este lunes una rueda de prensa en la que ha repasado el comportamiento meteorológico de la estación y ha adelantado las previsiones para los próximos días.
Al igual que ocurriera con el pasado otoño, el invierno que finaliza ha sido en Aragón el segundo más cálido desde el comienzo de la serie en 1961, estando dos grados centígrados por encima de la normal de la serie 1991-2020, con precipitaciones ligeramente por debajo a las que se registran habitualmente.
Además, el primer semestre del año agrícola, que comenzó en septiembre, ha marcado también una anomalía de +2,3º, siendo la primera vez que se superan los dos grados en una serie de seis meses. En el Estado español, ocho de los diez inviernos más cálidos se han registrado en el siglo XXI.
Las precipitaciones han estado al 92% de su valor normal, siendo más abundantes en el último mes y especialmente significativas en el Pirineo, aunque en general no lo han hecho en forma de nieve. “Las lluvias se han distribuido de forma muy heterogénea estos meses, como suele ser habitual, mientras que los mayores espesores de nieve se han concentrado en las últimas semanas”, ha expresado Requena.
Para los próximos días se espera que prosigan las "temperaturas benignas, con pocas precipitaciones", ha añadido Requena. Para finales del mes de marzo y primeros días de abril, el delegado territorial ha señalado que bajarán las temperaturas en el norte de Aragón, con posibilidad de algunas lluvias y el regreso de las nevadas en la zona pirenaica.
"La previsión estacional avanza que habrá una primavera con una alta probabilidad de que la temperatura sea superior a la normal en el trimestre de abril, mayo y junio. Se espera que la primavera sea más cálida de lo normal, aunque no vemos clara la tendencia que van a tener las precipitaciones", ha concluido Requena. Cabe recordar que la primavera de 2023 ya fue la más cálida de toda la serie histórica.

