El Foro de Davos se reune de nuevo

Una maquinaria que genera titulares de prensa y que nos da pistas de hacia dónde quieren llevar el mundo las clases dirigentes. Es por ello que resulta interesante ver cómo ha evolucionado el evento en sus dos últimas ediciones, la de 2016 y la de 2017 que se celebró entre los días 17 y 20 de enero.

John Kerry, Secretario de Estado de los Estados Unidos, expone ante empresarios en el último Foro Económico Mundial de Davos. Foto: U.S. Department of State.

Una breve introducción para despistados y despistadas: ¿Qué es el Foro Económico Mundial celebrado en Davos? Un evento que ninguno de las personas que esté leyendo estas palabras visitará en su vida. También citado frecuentemente como el Foro de Davos, se trata de un asamblea anual en la que los líderes empresariales, las primeras espadas de la política global, ciertos famosos y algunos periodistas renombrados debaten sobre los principales problemas y retos a los que se enfrenta el mundo. El 1% debatiendo los problemas del 99%. En realidad el 0,1%.

Una maquinaria que genera titulares de prensa y que nos da pistas de hacia dónde quieren dirigir el mundo las clases dirigentes. Es por ello que resulta interesante ver cómo ha evolucionado el evento en sus dos últimas ediciones, la de 2016 y la de 2017 que se celebró entre los días 17 y 20 de enero.

2016

El año pasado, durante la celebración del Foro Económico Mundial (WEF) en la estación de ski de Davos, en Suiza, no hubo demostraciones de protesta. Tampoco se celebraron los Public Eye Awards, un evento organizado por varias organizaciones no-gubernamentales que desde 2005 premia a las compañía más irresponsable.

El Foro Económico, según los organizadores de Public Eye Awards, ha perdido tanta importancia que simplemente ya no merece la atención. Además, a diferencia de otros objetivos prioritarios de las manifestaciones anti-globalización, como la Organización Mundial del Comercio o el Fondo Monetario Internacional, el WEF no tiene potestad reglamentaria.

Aún así vale la pena analizar cuáles son los temas que los asistentes a Davos o como el filósofo Slavoj Zizek los llama, comunistas liberales, tratan y cuáles son las acciones a llevar a cabo para hacer del mundo un lugar mejor. 2,500 de las personas más ricas e influyentes del mundo, el 82 por ciento de las cuales hombres, hablando de cómo resolver problemas como la desigualdad económica o de género. Un reino de paradojas.

En 2016 el título que recibió el Foro fue “La cuarta revolución industrial”. Se habló de muchos temas en los que valdría la pena de profundizar. Por ejemplo la importancia de involucrar más a la tecnología y las empresas privadas en la gestión de las emergencias humanitarias como la de los refugiados, y los beneficios económicos que estas y otras actividades sociales representan para las mismas empresas. Sin embargo, uno de los documentos más comentados y analizados durante y después del foro, fue el informe The Future of Jobs (El futuro de los trabajos).

En 167 páginas se analizaban el impacto que tendrá la “cuarta revolución industrial” sobre el trabajo (y los trabajadores). Cómo afectarán la Nube, el Big Data, las nuevas tecnologías energéticas, el Internet de las cosas, la robótica y el transporte automatizado, la Inteligencia Artificial y el aprendizaje por refuerzo, las impresoras 3D y las biotecnologías a la vida laboral de occidente.

El informe se centraba en factores demográficos y socio-económicos como la difusión de formas de trabajo flexible, el crecimiento de la clase media en los países emergentes, el cambio climático y la volatilidad política.

La conclusiones, demoledoras, fueron las siguientes: en los próximos cinco años desaparecerán 7 millones de puestos de trabajo. En contra, se deberían crear 2 millones de puestos gracias a las nuevas tecnologías. Analista de datos y agente de venta especializado serán según el informe los trabajadores más demandados por las empresas. El informe concluye que afirmando que las competencia requeridas para estos empleos son el pensamiento crítico y la creatividad. Curiosamente, según el informe, el estudio humanístico está fuertemente desaconsejado, ya que condena al paro.

Hay mucho más, pero este parece un buen ejemplo para analizar el problema principal de este informe, y de los análisis que se producen en Davos: el pensamiento crítico está bien, pero hasta cierto punto. Cualquier discurso sobre el cambio se desarrolla bajo la premisa de que el “sistema”, en sí, funciona, y de que el mundo está mejorando. Claro, afirman los asistentes a la localidad suiza, hay problemas, pero son puntuales; hay críticas, pero nunca a los fundamentos. El pensamiento hacia el futuro está orientado a entender cómo tendrá que adaptarse al mundo actual, el libre mercado globalizado, único modelo posible. O mejor aún: ¿cómo tendrá que adaptarse el mundo futuro a ese modelo?

Uno de los términos más de moda aquí, y que indica entre otras cosas una de las características más importantes de un trabajador, es resilience, resiliencia: poder de recuperación, capacidad para adaptarse, flexibilidad, elasticidad.

La resistencia es obsoleta.

2017

¿Qué relación podrían tener magnates de Sillicon Valley, Podemos o Barack Obama? Todos ellos han propuesto la renta básica como solución a la crisis del trabajo y desigualdad que se avecina.

El Foro de Davos de este año ha tenido en este concepto uno de sus mayores debates. Se trata obviamente de una consecuencia de las conclusiones extraídas durante el año anterior. La tecnologización del mundo laboral hará desaparecer millones de puestos de trabajo que no serán reemplazados y por ello es necesario buscar un modelo de contención social.

El cambio de modelo productivo, además de generar una increíble acumulación de capital para los propietarios de las nuevas empresas tecnológicas, genera un desequilibrio sin precedentes en la estructura del mundo laboral. En un ejemplo: Mientras Facebook tiene algo más de 12.000 empleados y 17.928 millones de dólares en ingresos, las cifras de General Motors son de 219.000 empleados con unos ingresos de 154.250 millones. Nuevo modelo económico contra viejo modelo productivo.

Es por este motivo que en Davos este año, la presencia de conferenciantes que hablaron sobre la renta básica universal, ha sido numerosa.

No todo el mundo en el Foro está de acuerdo con esta opción que ya se aplica en lugares como Alaska o Finlandia. Para la excomisaria europea Neelie Kroes, por ejemplo, esta fórmula haría que la gente dejara de trabajar para poder obtener este tipo de subsidio.

Con todo también existen críticas desde otras vertientes ideológicas. Tal y como explica Jathan Sadowski en un artículo en The Guardian, si las empresas tecnológicas de Sillicon Valley están tan interesada en la renta básica universal se debe a que ellas se quedan los beneficios sin tener que afrontar el costo de pagar los salarios. Es el estado quien debe entonces hacerse cargo de un problema que los ciudadanos no han generado.

No es el único tema que se ha discutido este año en Davos. También se ha debatido acerca del futuro de la clase media. En occidente este estrato social cada vez más diezmado, podría si continúa el proceso de pauperización, amenazar a la estabilidad de los privilegiados. Es por este motivo que tal y como explicaba El Confidencial en una crónica del encuentro, las recetas de Davos son de lo más peregrinas:  la gente ha de tener más mentalidad emprendedora, más educación tecnológica y hacer más mindfulness (meditación para evitar el estrés).

Por último, el de 2017 pasará a la historia como el primer encuentro de magnates mediatizado por la presidencia de Donald Trump. Si el año pasado la mayoría de los hombres más ricos del mundo no apostaban por la victoria de un individuo de su propia clase social, en la edición presente, parecería que siguen sin confiar en la tendencia política populista  reinante en Estados Unidos desde noviembre.  Parecería también que  los magnates de Davos son la oposición a Trump. Mientras el segundo apela a los sentimientos más bajos y a los miedos de la clase media, los liberales  reunidos en Davos a priori apuestan por una cara amable del capitalismo, un sistema de economía competitiva que promueve los derechos humanos; una contradicción.

En realidad unos y otros se parecen más de lo que  les gustaría reconocer. Actualmente, Trump y los populismo de derecha son para las clases dirigentes una esperanza en toda regla. Además de ser una vía de escapa del malestar de la clase media, son también un mecanismo para preservar las desigualdades mundiales a golpe de muro y valla. Si a esto le sumamos que en la estación de Ski suiza predominan los multimillonarios no europeos y que para ellos una Europa desunida es un competidor menos, resulta obvio que la ultra derecha es para Davos su aliado natural; como ya lo fue hace algo menos de 100 años.

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