La expectación era máxima en el Velódromo para comprobar la mejoría experimentada por el Fénix Club de Rugby en la última semana, cristalizada en Barcelona venciendo al BUC siete días atrás.
Ambos equipos saltaron al césped con respeto mutuo, pues el CAU Valencia no olvidaba la derrota sufrida en nuestro estadio en la Temporada pasada; aquel soberbio partido jugado por todos los hombres del Fénix, en el que sobresalió aquella infinita carrera de Pierre Huc logrando el ensayo del triunfo zaragozano, y que a buen seguro los valencianos traían grabada en su memoria.
El equilibrio inicial en el juego hacía presagiar una excelente tarde de rugby y alentaba las esperanzas locales por el triunfo final; una vez más el Fénix le estaba jugando de tú a tú a un grande del rugby estatal. Sin embargo, el fallo en las "fases estáticas" otorgaba el control del partido a los visitantes, quienes ensayaron bajo palos y convirtieron a continuación, creando un nudo en la garganta de los locales.
Una patada de Razvan Bors alentaba las esperanzas de los nuestros, ese 3-7 advertía al CAU de que el Fénix no iba a bajar los brazos. Sin embargo, la ineficacia en la conquista del lateral y la irregularidad en las muy disputadas melés, daban otro ensayo sin conversión al CAU Valencia.
A partir de ahí el Fénix experimentó los mejores momentos de juego de la contienda. Supo sacarse el acoso del CAU jugando con el pie, y ya en campo contrario ganó las fases estáticas suficientes como para encerrar al CAU en su veintidós y conseguir ensayar al borde del descanso, dejando el marcador en un esperanzador 11-12.
El cambio técnico de Guillermo Aina por Rodolphe Mendes al descanso obligó a reordenar el enlace Tercera Línea-Línea de Tres Cuartos.
Con un marcador tan esperanzador al descanso, llegó la desconcentración ofensiva del equipo aragonés, que vio cómo claramente se imponía la experiencia, y por qué no decirlo, la suerte de los valencianos. Resultaría engañoso no considerar el buen número de golpes con el que defendió el CAU en la segunda mitad, si bien también es cierto que el partido transcurrió con peligro en campo aragonés en bastantes minutos.
Una extraña patada de Pedro Cuenca a la espalda de la delantera valenciana, obligó a correr a Jorge Molina, quien alcanzó la línea de Ensayo al tiempo que el oval, pero sin lograr la ansiada secuencia césped-balón-atacante. La entrada de delanteros como el anteriormente mencionado Pedro Cuenca, Javier Sopesens, Jorge Asensio o Eduardo Escudero sirvieron para insuflar el oxígeno que el Fénix precisaba para afrontar el reto físico en el que se convirtió la contienda, y es que durante unos minutos se evitó que el rival anotará puntos jugando los nuestros con trece hombres, pues Juan Pasamar y Gauthier Viriot tuvieron que cumplir con sendas expulsiones temporales de diez minutos.
Finalmente, dos golpes transformados por parte del bando visitante dejaban el 11-18 final; un resultado que admite todo tipo de opiniones, pero que al menos deja esa solitaria unidad de bonus en el casillero de los de Juan Azcona y Mauricio Molodetzky.




