#Luchasenpersona  Altavoz  Portada

El complicado diagnóstico de la sanidad aragonesa

En la sanidad aragonesa remamos en un mar de incertidumbre. Las profesionales sanitarias sabemos movernos en la incertidumbre y ésta es parte de nuestra labor asistencial, sin embargo, no nos manejamos tan bien con la desinformación, la ambigüedad, la falta de transparencia, los cambios fortuitos en las reglas del juego o la imposición sobre el...
| 16 agosto, 2013 08.08
Foto: Patricia Escartín (AraInfo)

Foto: Patricia Escartín (AraInfo)

En la sanidad aragonesa remamos en un mar de incertidumbre. Las profesionales sanitarias sabemos movernos en la incertidumbre y ésta es parte de nuestra labor asistencial, sin embargo, no nos manejamos tan bien con la desinformación, la ambigüedad, la falta de transparencia, los cambios fortuitos en las reglas del juego o la imposición sobre el consenso a que nos tiene (mal) acostumbrados algún que otro dirigente sanitario.

El diagnóstico de nuestra sanidad es por ello complejo. Como en los pacientes pluripatológicos (con múltiples enfermedades y/o factores de riesgo) requiere de cierta paciencia y atención para valorar diferentes factores (sus signos y síntomas).

Atendemos a personas, no a asegurados

El RD Ley 16/2012, de 20 de abril, de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud excluye del Sistema Nacional de Salud a todas las personas inmigrantes en situación administrativa irregular, excepto a embarazadas, menores de 18 años y atención urgente.

Su puesta en marcha ha sido irregular, con instrucciones ambiguas y complejas que han ido variando con el tiempo. Desde el primer momento, muchas profesionales se declararon objetoras a dicha ley por, entre otras cosas, incumplir un derecho humano fundamental de las personas como es el derecho a la salud; Aragón fue entonces uno de los territorios en que mayor porcentaje se unieron a esta iniciativa.

Desde abril de 2013 hay una nueva normativa, el llamado Programa Aragonés de Protección Social de la Salud Pública, que permite a través de una densa burocracia el acceso a los centros sanitarios a personas que habían perdido su derecho, a expensas de los conciertos existentes con sus lugares de origen.

La amenaza de la privatización y la desorganizada reorganización de servicios

La disminución de presupuesto de la Sanidad Pública está preparando y acomodando la privatización de los servicios.

El ejemplo más claro se encuentra en el nuevo hospital de Alcañiz, cuya construcción se prevé de financiación público-privada, dado que “las administraciones públicas en general no disponen de recursos económicos suficientes para abordar la construcción de un hospital”, según palabras del Consejero de Sanidad Ricardo Oliván. Sin embargo, a largo plazo, un hospital construido con fondos privados le sale más caro a la administración pública, como así lo demuestran los modelos de Alzira o Madrid, territorios no tan alejados del nuestro y que con tan buenos ojos parece mirar Oliván. Se han realizado evaluaciones de estos modelos demostrándose unos sobrecostos que alcanzan el 400%.

Se han centralizado laboratorios de análisis clínicos y parece que se quiere hacer lo mismo con servicios de radiodiagnóstico. Más allá de supuestas medidas para ganar en eficiencia, todo hace pensar que lo que se quiere es facilitar su posterior privatización. La solución a las listas de espera, sobre todo quirúrgicas, se viene desarrollando desde hace años con una colaboración cuestionable de clínicas privadas y con muy poca evaluación de calidad por parte del Gobierno de Aragón.

Quienes apoyan las medidas de privatización defienden la idea de que “los recortes no van a afectar a la calidad de la asistencia” y que “el sistema sanitario actual no es sostenible”. Sin embargo, la sostenibilidad del sistema no pasa por eliminar puestos de trabajo ni servicios, sino en resolver las necesidades de la población con actividades que funcionen, sean seguras y estén basadas en la evidencia. Habría que dedicar tiempo en valorar aquellas actividades de prevención, tratamiento, uso de pruebas…etc. que resultan caras y prescindibles y atender a aquellas que realmente se hayan mostrado efectivas y bajo criterios de equidad (dar a cada persona lo que necesita, evitando la Ley de Cuidados Inversos, por la que quien más lo necesita recibe menor atención, sobre todo en los sistemas que más se acercan a la privatización y a los modelos de libre mercado)

Las trabajadoras de los servicios sanitarios también somos pacientes

A lo largo del tiempo se ha hablado largo y tendido de los privilegios de los médicos y enfermeras, del corporativismo, del estatus… No voy a negar las estructuras piramidales, las cotas de poder que se observan en muchos servicios y centros entre trabajadoras y con los propios pacientes; los privilegios y el nivel socioeconómico adquirido por algunos profesionales. Es algo que no comparto y que me disgusta mucho. Sin embargo, no es lo común.

La Sanidad Pública está conformada por todas y cada una de las personas que trabajamos en ella (desde mantenimiento a jefes de servicio, de personal de limpieza a administrativos) para/con las personas usuarias de la misma.

Los trabajadores de los servicios sanitarios estamos sufriendo una pérdida paulatina de derechos que afectan a nuestra labor. Se han disminuido progresivamente los salarios, han aumentado las horas de trabajo, se cierran consultas, disminuyen las contrataciones… Se han amortizado plazas de medicina y enfermería en Atención Continuada y Atención Primaria. Los MIR (Médicxs Internxs Residentes) han visto como dejaban de cobrar parte de sus guardias hospitalarias. Existe un gran revuelo por las jubilaciones a mayores de 65 años que todavía estaban en activo, entre otras cuestiones porque no existe una cobertura de dichas plazas a día de hoy, cuando deberían haber sido cubiertas inmediatamente por medio de interinidades.

La merma de derechos de los trabajadores no se diferencia mucho de lo que está ocurriendo en otros sectores. Sin embargo, el desánimo de las trabajadoras, el “burn-out” tiene en la sanidad un componente especial; no hay que olvidar que en los centros sanitarios se atiende a personas en situación de vulnerabilidad, que la pérdida de salud y la necesidad de ser tratada por un/a “profesional de la salud” es una cuestión a la que la mayoría de las personas otorgamos mucha importancia en nuestras vidas (“mientras tenga salud…”). Es por ello que las condiciones laborales de los trabajadores influirán directamente en el trato a estos pacientes que confían una parte muy importante de sus vidas a su atención.

La salud y la crisis

El estado de salud/enfermedad depende en buena medida del contexto socioeconómico en el que nacemos, nos desarrollamos y vivimos y sabemos que las desigualdades sociales generan desigualdades en salud que son evitables, injustas e innecesarias. El sistema sanitario es un componente más que influye en la salud. A día de hoy no es posible saber la repercusión exacta de los recortes en los servicios públicos de salud, de los repagos-copagos y de la disminución del estatus socioeconómico de los pacientes en el uso de los servicios sanitarios, aunque sí es posible hacer la comparativa con otros sistemas y territorios a los que se está equiparando el aragonés para saber las terribles consecuencias para la salud derivadas de ellos.

La sanidad no se vende, se defiende

Y en este contexto, en el que unos se inventan foros, se hacen fotos bien trajeados y sonrientes, hay quienes se juntan, debaten, salen a las calles a reclamar una sanidad pública, accesible, universal y de calidad, libre de amenazas privatizadoras. Iniciativas populares como la Marea Blanca en Aragón o la Plataforma contra la Privatización de la Sanidad (por poner dos ejemplos) aglutinan a muchas personas movilizadas directamente en la defensa de la sanidad pública. El cartel de las fiestas de Alcañiz, ganador por votación popular y eliminado por razones que se pueden considerar caciquiles es un buen ejemplo de la brecha existente entre gran parte de la población y algunos dirigentes. Trabajadoras de centros médicos de especialidades como el Grande Covián, del Hospital de Barbastro, vecinas del medio rural, Consejos de Salud y Asociaciones de Vecinos han salido a las calles. Los trabajadores en huelga de hambre del Hospital Clínico o las trabajadoras de la limpieza en huelga han sido ejemplo de lucha, unión y resistencia. Sin embargo, los colectivos organizados no son los únicos implicados en el buen funcionamiento de nuestra sanidad, en su buena salud. Profesionales y usuarias debemos hacernos corresponsables de la misma facilitando su buen funcionamiento y señalar a aquellos que quieren destruirla.

El diagnóstico inicial ya está hecho. Podríamos considerar que presenta una mala salud de hierro. Pese a todos los factores negativos que le afectan, mantiene su fortaleza. Ahora nos queda dar los pasos adecuados y consensuar un tratamiento.

Patricia Escartín (Médica de Familia y Comunitaria de Zaragoza) | Para AraInfo

16 agosto, 2013

Autor/Autora


Vimeo
Ocurrió un error. Comprueba que el id 1756922 corresponde a un 0 y que existe.
Twitter
Facebook

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

CERRAR