El centro de gravedad nazi ha variado de continente

10 marzo, 2025. 09:30

Parte 1. Pasado y presente

El centro de gravedad nazi ha variado de continente

“Europa solo tiene viabilidad, en un futuro geoestratégico a medio plazo, con la incorporación de Rusia al proyecto común y el abandono de esa casta parásita y corrupta que, hoy, pulula por Bruselas”.

Hasta la fecha, y llevamos 2.500 años, Europa ha sido el epicentro de los movimientos militares, políticos, sociales y económicos. Movimientos cruciales filosóficos −los que han movido al mundo− renacimiento, revolución francesa, marxismo, ascensión del nazismo o, después del matadero de la segunda guerra mundial, la sociedad del bienestar, han nacido y desarrollado en este pequeño continente fragmentado en veinte mil pueblos, estados, países o comarcas.

Desde hace tres décadas, Europa ha estado bailando, en exclusiva y uniformemente, al son del último imperio militar-económico, Estados Unidos de América. Y lo ha venido haciendo, para su propia desgracia, cada vez con menor toque propio. La utopía de Bruselas, de una Europa unida e independiente, fue creciendo coja de ambos pies.

Por una parte, sus clases dirigentes han engordado con vocación de casta, de una casta preocupada sobremanera por sus privilegios personales. Casta que oscila, cada vez más, al viento de los lobbies de presión o grupos económicos a escala planetaria. Casta que ha dejado de tener como objetivo el bienestar público para orientarlo hacia el propio y el de los grupos afines, lógicamente contrarios al bienestar mayoritario. Y eso se ha notado. Cojera del pie derecho.

Por otra parte, la Europa actual vertebrada en Bruselas, es la mitad, exactamente, en kilómetros cuadrados, de la Europa posible y necesaria. En la creación de ese polo necesario a nivel mundial, la ausencia planificada, ordenada, direccionada por EEUU SA, de la Rusia europea, es vital para remediar esa otra cojera del pie izquierdo.

Desde hace treinta años, no se ha querido aprovechar la posibilidad de conformar el completo europeo que mantuviera el tipo en pie de igualdad con los gigantes chino e indio, con el imperio norteamericano −hoy en declive−, la América Latina deseosa de crecer por su cuenta sin la presión del “amigo norteamericano” o el continente africano, futuro demográfico del universo. Y ha cerrado la puerta, continuadamente, a la posibilidad de un continente unido, de una Europa que siguiera siendo faro del progreso social a escala planetaria.

Es verdad que la ha cerrado forzada por la presión de ese “amigo” que, al final, no es tal. Con amigos de este cariz, más vale tener enemigos declarados. Amigo que no tardará mucho en demostrar todo lo contrario. Más que compañero a la par, Europa ha sido, y es, vasalla, sierva en el peor concepto de la palabra, hasta que el amo y señor le dé una patada en el culo. Década a década, Europa “pintaba” menos en el concierto internacional, plegándose a los dictados de los USA mediante la única organización ofensiva existente en el mundo, Organización del Tratado del Atlántico Norte -OTAN-, que ni es Atlántica, pacífica ni independiente. Hasta la fecha, es propiedad de los Estados Unidos.

Otra cosa es que, a partir de ahora, el amigo Trump, con una visión de país como si de una empresa se tratara, basada en beneficios, rentabilidad, pérdidas o gastos, se automargine. Lo que parece barruntar es una mayor preocupación para Estados Unidos del Pacífico: de China, en definitiva. Los lugares a depositar ojos y dineros estarían en esa dirección. Y la OTAN europea, algo que le habría dejado de interesar, al menos en su aspecto pecuniario. Su principal objetivo es el de retrasar, todo lo posible, el adelantamiento de China, mejorar la eficiencia americana, buscar materias primas en cualquier sitio posible, de ahí la apetencia por Groenlandia, por el canal de Panamá, el intento de compra de lo que quede de Ucrania y sus riquezas de por vida. La guerra allí, como en todas, a pesar de su millón de muertos, tiene el mismo combustible: los dólares.

El elefante ha entrado en la cacharrería constatando que, geoestratégicamente, se ha equivocado y quiere dejar de tener a la Federación Rusa como enemigo directo. El aprendiz de nazi, Zelensky, le es molesto. Marioneta necesaria de Biden en la guerra de OTAN contra Rusia, se desembaraza de él con la mayor desfachatez. Con la misma que se desembarazará del gasto e incordio de la OTAN, eso sí, en incómodos plazos para Europa. Algo que, es muy posible que se traduzca en su desaparición y, de paso, esa ficha de dominó caída podría derribar a todas las demás que sujetan Bruselas.

El elefante −hasta cierto punto da lo mismo azul o rojo− ha llegado a la conclusión de que lo que tiene que impedir es la implosión del imperio americano. Imperio con un “clímax” mantenido a lo largo de un siglo, de 1917 a 2024, y cifra de récord Guinness como participante en guerras coloniales o similares, todas con una particularidad muy difícil de igualar: libradas fuera de su territorio metropolitano.

Que la destrucción del imperio, como todos los que les han precedido, será un hecho, no lo pone en duda nadie. Solo falta saber la fecha y el cómo. Todos los imperios, históricamente, han defendido su efímera gloria con las armas, hasta caer derrotados y dejar paso al siguiente. En nuestro período histórico, es China la civilización que les pasará. Probablemente, si no hay un cataclismo nuclear de por medio, en dos décadas como mucho.

El cómo es otro cantar. Si nos fiamos, a toro pasado, de la Historia, todos los imperios se han resistido a su final con las armas. En el caso de los Estados Unidos, si se sigue tal criterio, no sería otra cosa que derrota, o victoria, pírrica. El cataclismo nuclear no daría ni vencedores ni vencidos, solo muertos y la destrucción del planeta. La observancia de un mínimo raciocinio en el cerebro de los grupos gobernantes parecería sugerir que esa catástrofe nuclear no se debería producir nunca.

Pero observando, hoy, la irracionalidad de esos mismos grupos gobernantes, los que, de verdad, dirigen al mundo, Trump o Macron, Modi o Putin, Xi Jinping o Scholz, titulares de fondos buitre o de patrimonios tan enormes como grandes países, oscuros y tenebrosos dueños de Trilaterales o de Bilderberg, ese raciocinio solo se supone “a priori”, no a “posteriori”.

Parte 2. Futuro próximo

El centro de gravedad nazi ha variado de continente

Al margen de una suposición que pase por el “después de mí, el diluvio”, el mundo futuro que se nos viene encima acontece y se sustenta en varias patas:

La sostenibilidad climática. Nunca como hasta ahora la técnica, los científicos, el sentido común del ciudadano, advierten del suicida caminar por el alambre de la destrucción irreversible del planeta. Y no hay otro. Destrucción cuyo pagano sería toda la humanidad. Cierto que unos pocos privilegiados en sus conchas de marfil alargarían la agonía, pero agonía, al fin y al cabo.

El mundo multipolar. El futuro avanza con la determinación por parte de ese mundo que se ha dado en llamar “en desarrollo”, al margen del pomposo “desarrollado”, de crear polos en pie de igualdad. Bloques o grupos de países que impidan la continuación de un universo con un país dominante y el resto dominados. Esquema que es el actual. Bloques, o países como Rusia, China, India, Brasil, Nigeria, Arabia, Indonesia, Vietnam, Sudáfrica, América Latina, Australia, Japón, Egipto, México, Irán…, sacan pecho a la búsqueda de ese plano de igualdad relativa.

Y, naturalmente, Europa. Si es que logra deshacerse del “amo y señor” americano que se ha convertido, y se convertirá cada vez más, en un enemigo real para su futuro.

Una Europa que es quien está perdiendo la partida de manera colosal, tanto militar como económica, tanto en materia de autoridad moral como en forma de polo multilateral, y la está perdiendo a marchas forzadas. Europa solo tiene viabilidad en un futuro geoestratégico, a medio plazo, con la incorporación de Rusia al proyecto común y el abandono de esa casta parásita y corrupta que, hoy, pulula por Bruselas. Origen, en realidad, del apogeo y esplendor de muchos de los movimientos de extrema derecha europeos.

Abandono de una OTAN angloamericana, independencia económica, también de fondos tipo Black Rock, vuelta a una sociedad más solidaria, justa, igualitaria y de bienestar que hagan inviables e inútiles los avances filonazis con una demagogia fácil y populista. Demagogia que partidos del corte de Vox lo tienen muy sencillo sacando tajada del enorme complejo de Hefesto, cojo de ambos pies, que tiene la Europa de Bruselas.

Urge replantear una nueva Europa al completo, con la otra mitad ausente de esa Rusia que nunca ha dejado de integrar el continente, y el abandono del camino de castas dóciles, tipo von der Leyen, al servicio de un imperio económico que, para colmo, se resquebraja.

Hoy, los partidos filonazis −cuando no nazis sin máscara− europeos se miran en la especie de barullo trumpiano americano, con voceras incluido y lo que simboliza. Se miran en él y lo comienzan a poner en los altares de la misma manera que tenían al Adolf del bigotito y la mano alzada. Ha cambiado el centro de gravedad del nazismo hasta cambiar de continente. Pero, este proto-nazismo norteamericano, heredero directo de su brutal neoliberalismo salvaje, no debe de preocupar menos que el europeo de hace un siglo cuando Hitler, con el apoyo “democrático” muy del uso a las normas liberales, se hizo con el poder en un Reichstag que ordenó quemar, hasta convertirlo en dictadura.

Panamá, México, Groenlandia, la Riviera ensangrentada de Gaza para Estados Unidos SA; las tierras raras y riquezas ucranianas para empresas norteamericanas a perpetuidad; involucrar el gasto de la OTAN ofensiva, si es que sobrevive, para los satélites europeos hasta extremos que sean imposibles de argumentario en Bruselas o Madrid; volver a la doctrina estricta “Monroe” en su patio centro y sudamericano; renegar de cualquier beneficio climático hacia el planeta si esto comporta pérdida de beneficios en el entramado empresarial yanqui, en el que desea basar su desarrollo: los complejos automovilísticos, armamentístico, aeroespacial y militar, petrolífero, gasístico, canales informativos, Inteligencia Artificial y redes, banca, fondos de inversión y, sobre todo ello, el lobby sionista.

“Esas son las llaves de una política marcada por las directrices de quienes mandan y pagan, encasilladas para gestionar un país de trescientos millones de personas como si fuera un grupo empresarial en donde unos pocos han de alcanzar sumas astronómicas de beneficios a cambio de zanahorias para la mayoría”.

Siempre, al margen de cualquier ley universal o tratado que los señale e incrimine. Y, todo ello, aderezado con el gran chivo expiatorio que, en esta ocasión, no son judíos sino los inmigrantes, y si es posible “coloured”.

“Esas son las bases del proto-nazismo norteamericano”

Resumiendo: expansionismo territorial y militar; devolución de beneficios a quienes lo apoyan aunque ello signifique “matar” un poco más al planeta; señalamiento de millones de sacrificados chivos expiatorios, expulsarlos y expropiarlos; satelizar, todavía más, a sus colonias (Europa, Pacífico y Oriente Medio) por medio de sus particulares “dominicus” (perros del señor, modelo Israel o Reino Unido); eliminar gastos en una OTAN europea gravosa y hasta molesta para pasarla a la OTAN del Pacífico; establecer guerras económicas (y de las otras) para extenuar las revueltas de “levantiscos”, con China, India, Rusia y los BRICS a la cabeza… Y poco más −que ya es bastante− bulle en una cabezota coronada por una gorra que oculta la paja. Esas son las “razones” de Donald versus Adolf, siempre con el poder militar detrás.

Será divertido observar las contradicciones de la Europa satelital cuando vaya en serio con lo de Groenlandia −forzando una falsa independencia, no tendrá que comprar más que a una parte de las quince mil familias para que muevan las banderitas de las barras y estrellas− o la monstruosidad de la Riviera y la limpieza étnica de todo un pueblo palestino.

¿Qué hará la casta de Bruselas, la de una OTAN que no era otra cosa que el poder militar de Estados Unidos a precio de saldo? ¿OTAN con Estados Unidos de convidado de piedra a partir de ahora? ¿Mesarse los cabellos y tragar? ¿Decir que, si son los groenlandeses los que quieren, a golpe de talonario, estar en la banderola, todo es conforme? ¿Poner una vela al diablo y otra al dios de turno para que no se le ocurran apetencias de otros Sudetes o Anschluss? ¿Preparar la mantequilla o sacar el brillo a los cañones?

Lo dicho, será curioso comprobar −de nuevo y con las licencias por el tiempo y situación salvadas− las expectativas de una Europa plegada a los deseos del proto-nazi de turno, señor Trump, de la misma manera que se plegó desde 1931 y siguientes a los del originario, de nombre Adolf. Si no fuera trágico, lo dicho, sería divertido.

Lo que ocurre es que, además de Europa, existe China, la Federación Rusa, los BRICS, América Latina, África… que serán quienes le paren los pies a falta de Europa.

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