El casco obligatorio en bicicleta o el Día de la Marmota

A raíz de los dramáticos atropellos de los últimos días, dos de ellos de motoristas con casco, la concejala Natalia Chueca se ha sacado de la chistera una propuesta vieja y casposa: la obligatoriedad del casco para bicicletas. El casco es un elemento de protección homologado para los golpes pero no en un atropello.

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Imagen de archivo del alcalde Jorge Azcón en bicicleta. Foto: Miguel G. García (AZ)

Lo volveremos a explicar una vez más, como si volviéramos al siglo XX, en un intento por hacer pedagogía de un debate ya superado (en Zaragoza y en el resto del mundo).

A raíz de los dramáticos atropellos de los últimos días, dos de ellos de motoristas con casco, la concejala Natalia Chueca se ha sacado de la chistera una propuesta vieja y casposa: la obligatoriedad del casco para bicicletas (y le suma un toque de modernidad añadiendo la obligatoriedad para los patinetes eléctricos).

Lo realmente preocupante es que demuestra un desconocimiento de la realidad de la seguridad vial y utiliza un argumento perverso, invirtiendo la carga de la prueba y apostando por imponer obligaciones a las víctimas, “a las conductoras más vulnerables” en palabras de la concejala (bicis y patinetes -peatones no, claro, que con casco se despeinan-), en lugar de a los causantes de los atropellos (coches). Es como si para evitar agresiones sexuales se impusieran medidas a las víctimas potenciales para minimizar el daño, en lugar de a los delincuentes potenciales para evitar la agresión.

Lo que se constata con esas declaraciones es que no ha debido circular mucho en bicicleta por la ciudad. El casco obligatorio no sólo desincentiva el uso de la bici, también genera una sensación de seguridad que no es real. Y eso sí que es muy peligroso.

Se vende la idea de que ir en bici es arriesgado porque sí (sin concretar que el verdadero potencial de peligro es el contexto motorizado invasivo), y se intenta paliar animando u obligando a las personas que van en bici a que se pongan casco. El/la ciclista sigue desenvolviéndose en un entorno hostil, y quienes conducen los coches reciben un mensaje y una imagen de mayor seguridad por ver que llevamos casco, reduciendo su atención y su cuidado.

Tal y como recuerda la plataforma Conbici, nos oponemos a la obligatoriedad del casco (no a su uso voluntario). Hay que subrayar que el casco es un elemento de protección homologado para los golpes que se puedan recibir tras una caída con la bicicleta, pero no en un atropello, que es donde se producen las lesiones cráneo encefálicas más graves o mortales y donde el casco no ha demostrado su eficacia.

Además, habría que resolver otras cuestiones prácticas, ¿qué pasaría con los sistemas de bicicleta compartida, tanto municipal como de empresas privadas? Las bicis municipales estarían obligadas a proveerlos, y no es sencillo hacerlo cumpliendo con normativas de seguridad y sanidad.

La responsable de movilidad apela a la coordinación con la DGT, que no establece obligatoriedad en las vías urbanas, así como con otras ciudades. ¿Con cuáles? Porque las ciudades y países referente recomiendan el uso del casco pero no obligan ya que se ha constatado que eso desincentiva su uso. Y una reducción de los desplazamientos en bici repercute en el empeoramiento de la seguridad vial.

Las ciclistas del siglo XXI queremos normativas del siglo XXI. Somos ecologistas, reciclamos de casi todo, pero no reciclamos leyes y medidas viejas. Que no se equivoquen.

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