El balón tiene memoria (histórica)

Pedro Ciria Amorés: “Se puede aseverar que el 16 de noviembre de 1903 se fundó el primer club de fútbol zaragozano de la historia”, El sueño de ser grandes: historia social del nacimiento del fútbol en Zaragoza, 1903-1936, p. 54 El fantasma de la Romareda cabalga de nuevo. En el pasado debate del estado de la ciudad, PP y PSOE expusieron la necesidad de reforma del deteriorado coliseo. Algunas más claras que otros. Mientras el alcalde habló de presentar un edificio renovado a la candidatura de los Juegos Olímpicos de Invierno y del Mundial de Fútbol de 2030, la portavoz …

Pedro Ciria Amorés: “Se puede aseverar que el 16 de noviembre de 1903 se fundó el primer club de fútbol zaragozano de la historia”, El sueño de ser grandes: historia social del nacimiento del fútbol en Zaragoza, 1903-1936, p. 54


El fantasma de la Romareda cabalga de nuevo. En el pasado debate del estado de la ciudad, PP y PSOE expusieron la necesidad de reforma del deteriorado coliseo. Algunas más claras que otros. Mientras el alcalde habló de presentar un edificio renovado a la candidatura de los Juegos Olímpicos de Invierno y del Mundial de Fútbol de 2030, la portavoz socialista citaba sin ambages la necesidad de nuevas instalaciones para el Real Zaragoza, como si fueran legalmente suyas.

No obstante, la pelotita corría por estos lares hace ya un siglo. Tras una época de historiados inicios, la temporada 1922-1923 es la primera organizada por la recién nacida Federación Aragonesa de Fútbol. Poco antes se estrenan los terrenos de juego del Arrabal[1] y la Hípica o Delicias[2]. Una vez acabada se inaugurará el Campo de Torrero[3] y en octubre de 1924 la Torre de Bruil (en el parque del mismo nombre, donde quedan huellas del graderío).

En el nuevo deporte participaron destacados prohombres zaragozanos. Jóvenes jugadores en torno a un balón, de sagas burguesas y aristocráticas, se convierten de adultos en banqueros, industriales, políticos, médicos o catedráticos de la universidad a la vez que directivos deportivos y/o financiadores de equipos, tejiendo una red políticamente conservadora, salvo excepciones. Generaron el mayor espectáculo de masas de la ciudad, al cual acudían personas de toda condición, animado por clubes donde se debaten y votan las decisiones, a pesar de la sombra del dictador Primo de Rivera.

¿Nos suena la música? Con algunos matices. Uno, no precisamente menor, es la propiedad. Los estadios se ubican en fincas particulares en arriendo. Los gastos de construcción corren a cuenta de apasionados mecenas, a pesar del riesgo de ruina. De ellas, unicamente Torrero es adquirida por la Sociedad Anónima Campo de Deporte de Torrero, participada por cuantos socios del Iberia dispusieran de capital para invertir. Eso sí, el grueso del dinero fue adelantado por Alejandro Infiesta, banquero, y Modesto Sanz, corredor de comercio. Se fijó un alquiler simbólico al equipo (entonces Iberia y luego Zaragoza) que rara vez se abonaba.

El golpe de estado de 1936 liquida la composición de las directivas y las sustituye por hombres del régimen, “enemigos de asambleas y de votaciones”. Fríos galones a la sombra del terrible poder desplazarán, poco a poco, a quienes comulgan pero no con sus ruedas de molino.

Sobrevive, por interés, la Sociedad Anónima, que vende el suelo al Real Zaragoza en 1950. Cuatro años después, bajo la presidencia de Cesáreo Alierta (las nuevas sagas siguen presentes), lo revende por casi siete veces más para enjugar su deuda. Finalmente, en 1957 el Ayuntamiento “regala” al club el uso de la nueva Romareda, de titularidad municipal.

El máximo regidor zaragozano podría rescatar esta memoria de nuestro pasado. Le será sencillo, dada su probada cercanía, dirigirse a los dueños del Real Zaragoza Sociedad Anónima Deportiva (S.A.D.) y urdir una operación acorde con los tiempos. No debería suponer gran esfuerzo convencerles de imitar a sus antecesores demócratas de los años 20 y 30, y devolver a Zaragoza el favor de los 50.

¿Por qué no imitar a hombres como Alejandro y Modesto, intensamente entregados a la pasión futbolera? La financiación íntegra de la reforma de la Romareda correría, gratis et amore, a cargo de la S.A.D., repleta de nombres con pingüe capital y buena valoración empresarial, suficientes argumentos para conseguir financiación privada propia y ajena.

Sería una imprescindible aportación a la ciudad junto al necesario homenaje a una de las almas máter del mundo del fútbol. José María Muniesa Belenguer, médico, hombre fuerte de la Federación Aragonesa de Fútbol, forjador de difíciles consensos, cofundador de la Liga de Fútbol Profesional...  Asesinado por los sublevados el 7 de octubre de 1936 en los montes de Valdespartera por ser hermano de (y junto a) Mariano Augusto, alcalde de Zaragoza en 1933. Su nombre fue borrado de los anales. Su viuda, Carmen Moraleda, médica, embargada de sus bienes. El cinismo de los vencedores hizo que la resolución del juicio, iniciado en 1937, declarara en 1943 que no había “lugar para responsabilidades políticas probadas.”

Es momento de rescatar su memoria y la de otros represaliados mencionados en la obra citada, editada por Mira en 2012. Si no es mucha incomodidad, señor Azcón y señora Fernández; y señores Alierta Izuel, Sáinz de Varanda Alierta y Yarza López-Madrazo o quienes les sucedan. Fernando, por favor, recuerda la memoria de tu padre, primer alcalde de la democracia del 78.


Postdata: de la tergiversación del relato de la fusión (en realidad absorción del segundo por el primero) en 1932 entre Iberia y Zaragoza FC y de la irregularidad de uso del término Real hablaremos en otra ocasión.
[1] Utilizado por el Real Stadium. Entre las actuales calles Miguel León Gracia, Peña Oroel y Cañón de Añisclo. En pie hasta 1962.
[2] Entorno delimitado por las vías San Pascual Bailón, Demetrio Galán Berbua, Escultor Palao y Nuestra Señora del Salz. El urbanismo de la zona todavía guarda la silueta original.
[3] Sede del Iberia. Finca circundada por las calles Dr. García Condoy, Monzón y Dr. Eusebio Oliver.

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