Casi 10.000 euros, 9000 más IVA, es lo presupuestado para agua embotellada para dos años en la reciente licitación 0013608-24 que cubre los plenos y reuniones del consistorio. Esto aparte de 14.197,48 € en otras bebidas.
El consumo de agua embotellada, es sabido, genera una gran cantidad de residuos plásticos de difícil reciclado, aunque se trate de los plásticos menos contaminantes como los PET, a priori 100% reciclables. Una mentira piadosa, como poco, esto del 100% reciclable, como desmonta cualquier estudio mínimamente serio.
Aún en el hipotético caso de que se tratara de envases de vidrio retornables, de las que existen unas cuantas marcas en el mercado, el residuo generado en ningún caso será prácticamente nulo como en el caso de que se use el método más simple para beber agua: una jarra y vasos. La filosofía más básica de la conciencia ambiental: el único producto que no genera impacto es aquel que no se consume.
Este método se antoja el ideal, salvo que el propio equipo de gobierno no se crea los datos municipales que avalan que el agua de Zaragoza, casi un 70% al menos agua del Pirineo procedente del pantano de Yesa, es de excelente calidad. De hecho, más allá de clichés, el agua del grifo zaragozana pasa por ser una de las mejores del Estado, con una dureza muy inferior a la que padecía la población hace unos años.
Contrasta además esta licitación con campañas del propio Ayuntamiento como “En Zaragoza mejor del grifo” incentivando el consumo del agua potable de la ciudad, para lo que se distribuyeron envases de vidrio, pegatinas y se creó un logotipo institucional.
Es un refrán antiguo aquel de haced lo que yo digo, pero no lo que yo hago. Queda ver que las instituciones comiencen por dar ejemplo de aquello que predican, aunque tampoco parece tan extraño en un consistorio que incluye fuerzas políticas que niegan numerosas evidencias científicas en materia ambiental.


