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El año del aturdimiento y el aprendizaje

Si algo ha caracterizado este curso ha sido el aturdimiento de la clase trabajadora tras los golpes recibidos por el sistema capitalista, y el aprendizaje colectivo a través de las múltiples luchas en diferentes ámbitos. Desgraciadamente, el aturdimiento ha conllevado una falta de respuesta clara, unitaria y contundente, pero poco a poco ha ido desapareciendo...
| 26 agosto, 2013 08.08

aprendizajeSi algo ha caracterizado este curso ha sido el aturdimiento de la clase trabajadora tras los golpes recibidos por el sistema capitalista, y el aprendizaje colectivo a través de las múltiples luchas en diferentes ámbitos. Desgraciadamente, el aturdimiento ha conllevado una falta de respuesta clara, unitaria y contundente, pero poco a poco ha ido desapareciendo para dejar paso al descubrimiento de la realidad, la búsqueda de soluciones alternativas y el reconocimiento de la necesidad de empoderamiento de la clase trabajadora.

Comenzamos el curso con la ya de sobras conocida reforma laboral, que eliminó tantos derechos laborales individuales y colectivos que aún hoy en día estamos descubriendo su magnitud. A esta reforma habría que sumar un listado más de recortes en diferentes materias sociales. Un ataque sin vergüenza al Estado del Bienestar.

Entre la clase trabajadora enseguida cundió el pánico y se instauró el falso “ahora pueden hacer lo que quieran”, lo cual hizo estragos en multitud de pequeñas y medianas empresas, las más beneficiadas por el ataque a los convenios colectivos y las modificaciones de las normas en materia laboral.

Sin duda este “shock” no ha venido sólo y estaba bien pensado, ya que pese al escandaloso aumento de la conflictividad laboral, las medidas de solución a las que la clase trabajadora se ha aferrado son las mismas. Todavía hoy no se ha abandonado del todo la idea de que el diálogo social, Inspección de Trabajo, el SAMA y los Juzgados de lo Social son la solución a nuestros problemas. Por supuesto, el papel de las fuerzas de seguridad han jugado un papel esencial, ya que no hubieran podido imponer sus reformas sin represión y miedo. El descrédito de los sindicatos y partidos políticos ha crecido entre la clase trabajadora. No atrevernos a poner nombres y apellidos a los culpables ha generalizado, aún más si cabe, el “son todos iguales”.

En positivo, diferentes luchas del curso han conseguido efectos positivos entre la clase trabajadora y están señalando el camino a seguir, además de contribuir al aprendizaje colectivo.

La sociedad ha visto esfumarse delante de sus ojos a la “clase media”, mentira tras la que consiguieron enterrar temporalmente la conciencia de clase trabajadora. Por fin empezamos a tomar conciencia. Estamos nosotros y están ellos, no hay punto intermedio. Como siempre ha sido. Pese a que la precariedad laboral es un hecho mayoritario en las relaciones laborales, ya vamos aprendiendo a defender nuestros derechos de forma organizada, sin institucionalismos y sin intermediarios, de forma directa y empresa a empresa. Como tiene que ser.

Cada vez tenemos menos que perder, pero no hay que caer en la histeria y el pánico. Debemos tener las cosas claras. La sociedad puede caer en el error de apoyar ideologías populistas y/o de carácter fascista. En nuestra ciudad, sin ir más lejos, han aumentado preocupantemente los actos fascistas y partidos como el MSR, Falange o similares podrían obtener un crecimiento electoral importante basado sobre todo en los nuevos votantes, aquellos de edades comprendidas entre los 18 y 22 años, que además son uno de los colectivos que más está sufriendo la falta de empleo. Se hace necesaria por tanto una respuesta antifascista unitaria y sin tapujos, ya que de lo contrario cometeríamos el error de siempre, primar nuestros intereses particulares sobre el objetivo principal.

El año del aturdimiento llega a su fin, el aprendizaje está dando sus frutos y la clase trabajadora empieza a descubrir las verdaderas soluciones y empieza a tomar conciencia. Se cumple el dicho de “para aprender, perder”. Debemos interiorizar que todo es política, recuperar su verdadero y justo sentido, y diferenciarla de “su” política distinguiendo entre políticos y cargos, que no son la misma cosa. La clase trabajadora debe creer en nuestra política y no en la suya, confiar en nuestros políticos y no en los suyos. Y no estoy hablando de votos, hablo de interiorizar que todos somos políticos, en menor o mayor escala. Ahora todo dependerá de la implicación, compromiso, unión y valentía de nuestra clase. Solo ganaremos si somos plenamente conscientes de lo que somos y del poder que tenemos.

Roberto Seral (asesor jurídico laboral y sindical, militante en organizaciones sindicales, políticas y sociales) | Para AraInfo

26 agosto, 2013

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