El 24

Si la ciudadanía no se sienta en las mesas de decisión, estará en las calles, como así lo recuerda 'El 47' y como así lo ha manifestado también con éxito, al menos de momento, el 24

04 diciembre, 2024. 09:56
Manifestación del tejido vecinal de Valdefierro el pasado 28 de noviembre | Foto: AV Aldebarán Valdefierro

Hace unos meses se estrenó 'El 47'. La película narra la historia de la lucha vecinal en Torre Baró por la llegada de una línea de autobús que conectase aquel barrio autoconstruido de la periferia barcelonesa con el centro de la ciudad. La trama conecta con la vida de Manolo Vital, uno de los miles de inmigrantes extremeños que llegaron a la capital catalana en los años cincuenta, donde pasaría a militar en el PSUC y CCOO, detalle, por cierto, que el guion olvida siquiera mencionar. También se le puede achacar el desplazamiento del protagonismo colectivo hacia el héroe individual, y masculino habría que añadir, que relega a los márgenes la participación femenina que, en muchos sentidos, fue la que articuló la movilización en aquellos barrios. A pesar de todo, la película, es verdad que realizada sin ningún tipo de pretensión militante, tiene una virtud que permite, por lo menos, disimular sus descuidos y omisiones. Y es que ha sido capaz de transmitir al gran público la recuperación de una historia demasiado poco contada, la de la lucha ciudadana por conquistar sus derechos durante los años setenta y, con ella, la del complejo proceso de construcción democrática desde abajo.

Aquellos barrios formaron parte de la geografía movilizadora del antifranquismo, y, desde luego, no sólo en Barcelona. En la Zaragoza de aquellos años también hubo importantes protestas por la mejora del servicio de autobuses, ya fuese por el pésimo estado de los vehículos o la frecuencia de unos horarios que fácilmente llegaban a alcanzar una hora en barrios como el del Picarral o las Fuentes, tal y como recogía el diario Aragón Express, que dio voz a esta y otras luchas del tardofranquismo y la transición en nuestra comunidad. En otro de esos barrios, el de Valdefierro, el sábado 16 de marzo de 1974 se inició un boicot contra la empresa de transporte urbano, al que le siguieron, durante los días siguientes, numerosas y multitudinarias manifestaciones, en una de las cuales los vecinos trataron de volcar uno de los vehículos de la empresa. Aquellas protestas acabaron, siguiendo la rutina franquista al diálogo unidireccional, con la intervención de las fuerzas del orden público, que en esto sí que no se permitían demoras, y la detención de varios vecinos del barrio.

Así lo recuerda Jesús Picazo, histórico del movimiento vecinal zaragozano y presidente de la Asociación Vecinal Las Estrellas de Valdefierro, barrio que en los últimos días ha vuelto a salir a la calle. De nuevo, y como hace 50 años, lo ha hecho contra la gestión del transporte público por parte del Ayuntamiento de Zaragoza y como respuesta al trazado del nuevo mapa de movilidad urbana, que conlleva la sustitución de la línea del 24 por una circular doble y la prolongación del recorrido del 38. El plan presentado por el gobierno de Natalia Chueca puede alargar el tiempo de trayecto y, por lo tanto, empeorar la movilidad de las personas residentes de Valdefierro, quienes se manifestaron el pasado jueves por la Avenida Madrid y, un día después, se presentaron en el acto del encendido de luces navideñas en la plaza del Pilar. Allí, la alcaldesa, haciendo alarde de una solidaridad monopolizada que, ni de lejos, le corresponde, les reprochó que rompiesen el minuto de silencio dedicado a las víctimas de la DANA en València, lo mismo que algunos medios que, como en otras ocasiones, han dirigido sus titulares a criminalizar a la ciudadanía movilizada. Con todo, la movilización ha dado sus frutos y el mismo viernes el Ayuntamiento se comprometió a sentarse a negociar con el tejido vecinal, confirmando que, pese a todo, la calle sigue funcionando como medio de presión y altavoz para las demandas populares.

De todas formas, el diálogo con la ciudadanía no ha sido lo habitual en esta legislatura. Así lo ha demostrado el Ayuntamiento en el reciente anuncio del proyecto de ampliación del Parque de Atracciones de Zaragoza, que contempla la tala de más de 2.000 árboles en los Pinares de Venecia y la privatización de suelo público. El plan ha levantado críticas por parte de asociaciones vecinales y ecologistas de la ciudad, que se reunieron este domingo para debatir y organizar futuras acciones contra las intenciones del gobierno del PP. Cerca de allí y contra la misma lógica privatizadora, se organizó una campaña de recogida de firmas para protestar contra el espectáculo 'Luzir' en el Parque José Antonio Labordeta que, desde hace un año y para espanto de muchos, ha pasado a estar colonizado por un ocio franquiciado propio de cualquier centro comercial.

Todos esos planes y proyectos, lo mismo que la resistencia al diálogo y la criminalización de la protesta, forman parte de un determinado modelo de ciudad mercantilizada, despolitizada y negligente con un desarrollo sostenible y ecológicamente responsable. Frente a ella, la movilización y la autoorganización vecinal ejercen de dique, pero también hacen de cauce para la construcción de un espacio urbano más habitable, cohesionado y dirigido a la ciudadanía como sujeto activo e interviniente. Las respuestas vecinales de estos últimos días articulan una lucha que entronca el presente con las movilizaciones de los años 70, verdadero depósito colectivo de una memoria democrática, que, precisamente el mismo consistorio y con apoyo de la extrema derecha, trata de revertir con una falsa y envenenada concordia. La ciudad, por tanto, es un espacio de convivencia, pero también, no lo olvidemos, de confrontación y de lucha por nuestros derechos. En definitiva, si la ciudadanía no se sienta en las mesas de decisión, estará en las calles, como así lo recuerda 'El 47' y como así lo ha manifestado, también con éxito al menos de momento, el 24.

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